Trump ha encendido la ira en los corazones rotos

 
“La solidaridad entre generaciones está rota”. Ese es el efecto que ha provocado, en opinión del analista Antonio Losada, el voto de los “viejos” para salvar sus pensiones, en contra de los “jóvenes” que “quieren dejar de ser precarios y pobres”. Para el profesor de Ciencia Política de la Universidad de Santiago de Compostela la otra gran razón que explica la victoria del líder republicano es que los norteamericanos no han votado contra la crisis, sino a favor de la recuperación. “Lo que han votado los americanos”, dice Losada, “es cómo se reparte la recuperación y que no quieren que venga nadie de fuera a participar en el reparto; incluso han votado por echar a una parte de los que ya estaban dentro”.
Para explicar la victoria del republicano Trump, se ha hablado de la influencia de una América blanca y enfadada, de una América obrera quemada con la globalización, de una América inculta e, incluso, de una América que reza. Algo de todo ello parece haber influido en ese 40% de la población que permitirá al supermillonario Trump relevar al presidente Obama en la Casa Blanca.
“No hay nada más eficaz para movilizar a alguien que se sienta humillado que inventarle un enemigo”, escribe el sociólogo José Andrés Rojo en El País. Y añade: “A los blancos empobrecidos de Estados Unidos (y a otros muchos de pelaje bien variado) les ha bastado con que Donald Trump les dijera que la culpa es del establishment para levantarlos de su postración y que corrieran a santificarlo como el auténtico salvador de todos sus males”. El escritor boliviano recuerda que Trump ha aplicado con éxito la recomendación de Hitler cuando afirmó que “el talento de todos los grandes líderes populares ha consistido en todas las épocas en concentrar la atención de las masas en un único enemigo”. El candidato republicano, precisa Rojo, “convirtió rápidamente a Hillary Clinton en el peor de todos los males y en parte fundamental de la cuadrilla de responsables de tu humillación”. Y escribe: “Para hacer esa llamada directa a las emociones no hace falta complicarse mucho la vida. Solo es necesario encender la ira en los corazones rotos y quemar el bosque”.
Barack Obama ha salido al paso del incendio para ofrecer una transición pacífica, mientras Hillary Clinton ha pedido a la ciudadanía en su primera comparecencia pública que tenga “la mente abierta” para darle “la oportunidad de gobernar el país”.
Pero la agitación promovida en campaña estaba lista para servir el primer día de la ‘Era Trump’. Y ha corrido como la pólvora por todo el país. En Portland (Oregón) la gente gritaba en las calles «no al KKK (Ku Klux Klan), no a EEUU fascista, no a Trump». Y en Nueva York miles de personas clamaban: “Trump no es mi presidente”. Las protestas se han extendido por Filadelfia (Pensilvania), Chicago (Illinois), Washington, Atlanta (Georgia), Boston (Massachusetts), Denver (Colorado), Austin (Texas) o Seattle (Washington). También se han sentido movimientos anti-Trump en Los Ángeles, San Francisco y San Diego (California). En la localidad de Richmond (Virginia), residencia del senador demócrata Tim Kaine, candidato a la vicepresidencia de Hillary Clinton, se han roto los cristales de la sede del Partido Republicano, mientras que se atacaban algunos edificios y se quemaba un muñeco Trump en Nueva Orleans (Luisiana).
Desde Berlín, el presidente del Ejecutivo Comunitario, Jean-Claude Juncker, ya ha pedido respuestas y aclaraciones a Donald Trump. Pasada la dramaturgia de la campaña, ha llegado la hora de hacer política real. Por eso, Juncker reclama que el nuevo presidente norteamericano responda qué piensa hacer con los aliados de la OTAN, con el comercio mundial o con el cambio climático.
Víctor Lapuente, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Gotemburgo, acude a la historia para explicar que “los retos de la globalización exigen hoy una estrategia épica como la empleada por Temístocles”, en su lucha contra las tropas turcas. Y explica que este político y general ateniense “no se dejó arrastrar por el pasado e ideó una respuesta nueva, basada en el coraje para pelear contra el más fuerte; la templanza para dejar que Atenas ardiera; la prudencia para buscar el combate en circunstancias favorables, y la justicia de hacer frente al opresor”. Las cuatro virtudes que tal vez deban atesorar los ciudadanos del siglo XXI en estos tiempos convulsos, que reclaman el poder de las ideas para proyectar cambios, proyectos y reformas.
“Los retos de la globalización exigen también una estrategia épica que ofrezca, y que pida, a los ciudadanos prudencia, coraje, templanza y justicia”, dice Lapuente, “que combine la evidencia del pasado con la visión de un futuro no escrito, que empodere a quienes ahora se sienten víctimas de unas fuerzas que no pueden controlar para que tomen las riendas, o los remos, de su destino”.
No hay duda, “la era anti-élites ya ha comenzado”, apunta el profesor de la Universidad de Harvard, Manuel Muñiz, completando el mapa de los casos que se extienden por el mundo: Brexit, inesperado triunfo de Trump; extrema derecha a las puertas de la presidencia en Austria o el Movimiento 5 estrellas, fundado por un humorista para protestar contra la clase política, sentado en la alcaldía de Roma. Por no mencionar el avance de la extrema derecha en Francia y en otros puntos de Europa.
“Si no se abordan las causas estructurales de la actual agitación política”, augura Muñiz, “estamos abocados a un incremento de las tensiones y los conflictos políticos”. En su opinión, “el gran desafío de las próximas décadas será abordar esas causas y alcanzar un nuevo contrato social”.
Ver Más…
Por qué ha ganado Donald Trump, de Antonio Losada:
http://www.eldiario.es/zonacritica/VIDEO-Anton-Losada-Donald-Trump_6_578902124.html
La era anti-élites, de Manuel Muñiz:
http://www.politicaexterior.com/articulos/politica-exterior/la-era-anti-elites/
Poetas de Salamina, de Víctor Lapuente Giné: http://elpais.com/elpais/2016/08/12/opinion/1470993767_409153.html

Cuando la humillación sirve de combustible, de José Andrés Rojo: http://elpais.com/elpais/2016/11/08/opinion/1478635588_785121.html