Manuel Lejarreta: «Hay una rebelión ciudadana contra las élites»

En el XXI Foro España-Estados Unidos, que se celebró en Santiago de Compostela el pasado mes de junio, se abordaron asuntos clave como la lucha contra el ciberdelito; las oportunidades de crecimiento económico tras el compromiso mundial de la descarbonización o el papel de las instituciones culturales en el progreso y la integración global. Ese encuentro, junto a otros que explican, por ejemplo, las perspectivas del Acuerdo Trasatlántico par el Comercio y la Inversión (TTIP), son organizados por la Fundación Consejo España-EE UU, presidida por José Manuel Entrecanales y, hasta las pasadas Elecciones presidenciales, por el senador demócrata Tim Kaine, en United States-Spain Council, entidad hermana dque actúa desde Washington.
El ex embajador Manuel Lejarreta, actual secretario general de esta asociación sin ánimo de lucro con participación público-privada, asegura que España proyecta una imagen de calidad gracias a la solvencia de nuestras empresas de infraestructuras, renovables y servicios. En su opinión, Estados Unidos nos aprecia como miembro de la OTAN y socio estratégico en el Mediterráneo, como demostró el presidente Obama en su última visita, pero también valora la presencia de científicos españoles ( www.ecusa.es) que hoy día ocupan grandes puestos.

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¿Qué misión ha cumplido la Fundación Consejo España-EE UU desde sus inicios en 1997 y cuáles son los retos pendientes?
Esta fundación funciona de forma coordinada con la institución homóloga norteamericana US-Spain Council (Washington), que preside el senador Tim Kaine y respaldan empresarios y entidades de primer nivel, para organizar un foro anual donde se debaten sobre infraestructuras, comercio, migración, cultura o sobre el Tratado de Libre Comercio (TTIP). El último foro (Santiago de Compostela, 2015) analizó los retos de la ciberseguridad, las ventanas de oportunidad que abre la nueva etapa de la economía descarbonizada y el papel de las grandes instituciones culturales en el cambio y el progreso social.
¿En qué consiste su Programa de Jóvenes Líderes Americanos?
Es un programa nos permite poner España en la cabeza de jóvenes con excelente currículo empresarial o académico, para que nos tengan en cuenta como posibles socios en el futuro. Este año, a partir del 12 de noviembre, visitarán Indra, Acciona, Casa de América, el diario El País; y las bodegas Freixenet, en Barcelona. Nunca se sabe si entre estos jóvenes se encuentra el próximo presidente de Estados Unidos, porque vendrá la asistente legislativa de un congresista, un senador regional, el cofundador de la empresa Ecomic Innovatio Group, el jefe de gabinete del gobernador de California, una especialista en diversidad e inclusión de la agencia financiera federal de Arlington, un miembro de la Reserva Federal de Nueva York (Banco Nacional), un empresario de Onmia Economic Solutions y una alta funcionaria del ministerio de Exteriores de Estados Unidos. Además, colaboramos con la Fundación Carolina para el programa de Jóvenes Líderes Iberoamericanos, para crear una red interdisciplinar que contribuya a un mayor acercamiento entre España y sus países de origen.
¿Tienen un valor estratégico algunos de los seminarios que organiza la Fundación España-EE UU?
Por ejemplo, el año pasado organizamos uno sobre “vínculos transatlánticos del gas natural”, porque Estados Unidos es una potencia exportadora y queremos promocionar España como puerta de entrada de ese gas a Europa, porque nosotros tenemos instalaciones de plantas de licuado que están infrautilizadas. Y en el ámbito cultural hacemos encuentros como el titulado “Don Quijote del Oeste, la huella de Cervantes en Estados Unidos”, en la Casa de América, para explicar cómo se ha leído Don Quijote en la cultura popular norteamericana.
Ustedes han debatido sobre el Acuerdo Trasatlántico de Comercio e Inversión (TTIP) ¿Cómo nos puede afectar?
Nadie conoce los entresijos de los acuerdos comerciales, solo los empresarios y algunos analistas. El TTIP, básicamente, baja aranceles y elimina los obstáculos no arancelarios, de manera que los sistemas se puedan homologar mejor. Nuestra Fundación ve con interés el TTIP porque permitiría a España seguir anclada en el siglo XXI con un socio estratégico como EE UU, vender y tener un comercio más ágil. Hay más de 700 empresas españolas trabajando allí y tenemos un amplio comercio bilateral, que representa unos 25.000 millones de dólares, con lo cual USA es una potencia clave para España en términos de comercio e inversión. El TTIP va a beneficiar, sobre todo, a las pequeñas y medianas empresas y, en definitiva, me parece que es bueno aunque lógicamente se tiene que negociar punto por punto y parece que en este momento no va a salir.

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¿Cuál es la importancia de lo español y del español en Estados Unidos?
El español es un fenómeno muy importante, es la segunda lengua del mundo después del inglés. Hay 50 millones de americanos que tienen el español como lengua principal, el 17% de la población americana. Es un idioma que se defiende solo. En este sentido, fue muy interesante escuchar al senador Tim Kaine, cuando el pasado mes de septiembre dijo en nuestro Foro que el español es una lengua de Estados Unidos, no es un idioma extranjero. Hillary Clinton y Kaine tienen cuenta de twitter en inglés y español. No creo que el español corra peligro en los próximos años.
¿Qué papel juega el mundo hispano?
Es un elemento cada vez más tenido en cuenta por políticos, empresas, medios de comunicación y cadenas de televisión, porque es una fuente económica importante y también de caudal político.
¿Cómo ve la sociedad civil española en este momento?
Desde la Transición hasta hoy se ha desarrollado una sociedad civil bastante viva, pujante y dinámica. Hemos hecho una sociedad civil descreída de la política y esto tiene un poco que ver con ese cansancio hacia las élites que hemos comentado. Pero gozamos de buena salud, nuestra sociedad civil es dinámica, tiene ganas de hacer cosas y es muy solidaria, además de ser respetada en el ámbito político, donde se le hace bastante caso. La sociedad civil norteamericana se distingue de la española en cosas como su relación con el dinero. Los americanos son mucho más claros, les da menos vergüenza pedir y recaudar dinero, nosotros somos más pacatos.
¿El bloqueo político ha perjudicado nuestra imagen exterior?
En mi opinión hemos dado una imagen menos mala de lo que creemos. En el exterior se ha percibido que había un nuevo panorama político en el que ha costado trabajo ponerse de acuerdo. Además, aunque España despierta cierto interés, seamos sinceros, se nos presta poca atención.
¿Qué representa Donald Trump en la política global?
Trump es un fenómeno político indiscutible porque sin apenas estructura partidaria ha derrotado a 16 oponentes en el Partido Republicano y puede ganar la Presidencia de Estados Unidos, siendo un outsider de la política.
¿A qué atribuye este fenómeno ‘paranormal’?
Creo que algunas respuestas están en el artículo La era anti-élites que ha publicado Manuel Muñiz en la revista Política Exterior. Pienso que estamos asistiendo a muchas rebeliones similares en el mundo, porque buena parte de la ciudadanía está harta de que las élites lo dirijan todo en una democracia más formal que real. Hay elecciones y partidos políticos, pero luego todo el establishment colabora entre sí para conseguir sus objetivos y seguir manteniendo el poder. Y eso tiene que ver con las grandes corporaciones económicas, los gobiernos, los grupos de poder, los lobbies, etc. Y creo que hay una cierta rebelión ciudadana contra esas élites. Y el multimillonario Trump, que desde luego no es un revolucionario, ni un Pablo Iglesias, representa para muchos la llegada de aire fresco e ideas nuevas. Yo atribuyo un poco el fenómeno Trump a las redes sociales y a cierta banalización política, donde el conocimiento y la realidad están muy fragmentados, donde un tuit con una idea falsa y sin contrastar se puede vender igual que la información de un periódico. Estamos en una sociedad mediática de lo fugaz, lo rápido, como diría el filósofo polaco Zygmunt Bauman, en una sociedad líquida donde todo fluye muy rápido y nada se concreta. En ese sentido, Trump es un genio, con una personalidad extrovertida y carismática ha saltado de un reality show televisivo a la política. A Trump le pasa como a Chávez, que proyecta cierta autoritas aunque no la tenga y suma adeptos entre mucha gente que está cansada y aburrida de la política nacional.
Ese cansancio abre una ventana muy peligrosa al populismo ¿Tiene remedio?
Eso dicen los analistas políticos, aunque la palabra populismo es muy amplia y habría que ver. Lo que ocurre también es que en Estados Unidos hay mucha gente que vive peor que hace unos años y cree que sus hijos van a vivir peor que ellos, que tiene poca seguridad, que los salarios han bajado… Por ejemplo, se habla mucho de los hombres de raza blanca sin estudios superiores que han visto sus perspectivas económicas y sociales mermadas. Y este es un votante primario que quiere romper con todo esto para ver si le va mejor. Entonces Trump representa una ruptura del establishment y ha sabido agitar muy bien el fenómeno migratorio, de la identidad.
la receta del miedo al otro
Efectivamente, el miedo a lo desconocido y la pérdida de identidad en la globalización.
Pero su mensaje no se corresponde, en buena medida, con lo que ocurre realmente
Cuando Obama dice que estamos mejor que hace ocho años es verdad. Sacó al país de la crisis económica y EE UU sigue siendo la primera potencia del mundo. El eslogan de Trump «Make America Great Again» (“Haz de EE UU un gran país de nuevo”) no tiene sentido, porque ya lo es.
¿Tienen muchos norteamericanos la sensación de que su sistema económico se agota?
En Estados Unidos sigue habiendo vitalidad económica, pero hay mucha gente que ha perdido posiciones en este fenómeno de la globalización. Y, de alguna manera, esos sectores tienden a encerrarse y a defender lo suyo. Hay quien no quiere producir en México aunque sea más barato y que cree que la globalización les sigue perjudicando.
¿Existe cierta preocupación por la posible amenaza de una nueva recesión?
Hay preocupación por el futuro, por la estabilidad económica y política, pero yo no he detectado preocupación por una nueva recesión.