Temor a un «agujero negro» en los sondeos

 

La apertura de urnas el 28 de abril puede ser de infarto. Con el 40 por ciento de indecisos, el vuelco de las previsiones no se descarta. Aun más con una campaña electoral tan extraña como esta. Y con dos debates seguidos en los últimos días. Las encuestas dibujan un esquema claro: tres partidos “donantes de voto”, los que encabezan Pablo Casado, Pablo Iglesias y Carles Puigdemont y cuatro en ascenso, a saber, PSOE, Ciudadanos, Esquerra Republicana y Vox, que pasaría “de cero al cielo”. Quién sabe. Cuesta creer que el 40 por ciento del electorado no sepa lo que va a votar. Más bien parece que un alto número no lo quiere manifestar por si no está bien visto, pero saberlo, seguramente ya lo saben.

Por Manuel Campo Vidal

Así que, en vez de hablar del voto indeciso, que existe sin duda porque una parte de la ciudadanía decide en el último momento, hay que darle más importancia al voto oculto. Ese voto puede existir para todos los partidos, aunque parece detectarse más en favor del PSOE, del PP y, muy especialmente, de Vox. Del PP porque duele la corrupción; del PSOE porque la campaña de acoso ha sido tan cruda contra Sánchez, con más insultos que argumentos, que hay personas que optan por esa opción pero sin ganas de discutir con su entorno, La crispación mata las conversaciones. Pero la sorpresa puede ser Vox: el gran incendio en la derecha que el bombero Aznar trata de sofocar pidiendo voto útil y advirtiendo que, si gana la izquierda, puede haber una “reformulación constitucional”.

Muy celebradas en el PP, o eso afirman, las intervenciones de Cayetana Álvarez de Toledo en el interesante Debate de TVE, en polémica con María Jesús Montero y sobre todo con Irene Montero, a propósito del feminismo y los casos de violación. Son posiciones que invaden el espacio de Vox, como también sus declaraciones preguntándose “¿por qué Junqueras puede dar una rueda de prensa desde la cárcel y no hacerlo los presos por corrupción o los violadores?” La provocación dialéctica tiene su público. Quizás Pablo Casado eligió bien a su candidata por Barcelona para tapar el flanco de Vox. Pero podría suceder que la provocación favorezca al más radical.

 

«La sorpresa puede ser Vox: el gran incendio en la derecha que el bombero Aznar trata de sofocar pidiendo voto útil y advirtiendo que, si gana la izquierda, puede haber una “reformulación constitucional”

 

Las encuestas hay que respetarlas. Pero junto a la consulta extensiva, hay un sondeo intensivo en pequeños grupos que revela que hay mucho más Vox del que se reconoce. En los whatsapps de egresados en Masters de una afamada escuela de negocios; en los comités de dirección de algunas empresas; en grupos profesionales que en su día apoyaban al PP, más tarde a Ciudadanos y ahora viran hacia Vox, como detecta el partido de Albert Rivera. Y entre agentes policiales, sin disimulo. El presidente de una empresa del IBEX 35 exhibe ante sus empleados su apoyo a Vox. Territorialmente esta presencia del partido de Abascal, aunque sea generalizada, destaca en Madrid, las dos Castillas, Valencia y Andalucía. Por algo será que Vox ha decidido enviar a la alcaldía de Madrid a su número dos, Ortega Smith, abogado de la acusación particular contra independentistas, aunque poco efectivo. Creen posible que la suma de PP, Ciudadanos y Vox permita desbancar a Manuela Carmena. Y que entre esas tres opciones, aunque Begoña Villacís lleve ventaja por su gran trabajo de oposición, confían en que el empuje de Vox les dé el primer puesto en la capital y por tanto la alcaldía.

 

«Muy celebradas en el PP, o eso afirman, las intervenciones de Cayetana Álvarez de Toledo en el interesante Debate de TVE, en polémica con María Jesús Montero y sobre todo con Irene Montero, a propósito del feminismo y los casos de violación»

 

Todos los indicios detectados hacen pensar que puede existir un “agujero negro” en las encuestas. Puede ser que técnicamente la previsión sea correcta pero solo analizado el 60 por ciento de los que responden. El voto oculto puede desfigurar las previsiones. Lo que se medirá en definitiva es la capacidad del electorado para aceptar el populismo y la demagogia. Lo resume muy bien el Manual para Candidatos de Vox: “Si se quiere protestar por la falta de asfaltado, hay que relacionarlo con falta de recursos porque van a asociaciones independentistas o feministas”. Una pena que en algún debate no se haya podido poner a Abascal frente a otros líderes. La demagogia resiste mal las opiniones documentadas.