Roberto Fernández, presidente de CRUE: “Tenemos una inmigración de la inteligencia, un drama nacional que se arregla con inversión en la enseñanza superior”

 

 

El nuevo presidente de CRUE (Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas) siente “mucho orgullo” al pensar que “somos la décima potencia mundial en investigación” y asegura que “tenemos el mejor sistema universitario de nuestra historia”. Pero no es ciego a la necesidad de reformas. Por eso discutirá en breve con el ministro y los grupos parlamentarios una Agenda de Política Universitaria que reclama, de saque, una plantilla docente permanente y estable para que la figura del profesor asociado no se convierta “en una especie de mano de obra barata para mantener el sistema universitario español”. El también rector de Lleida va a pelear por una Universidad que contribuya a una equidad social basada en “un buen sistema de becas y una matrícula justa”, donde “pague más quien más tiene”. Premio Nacional de Historia 2015 por su obra “Cataluña y el absolutismo borbónico”, Roberto Fernández apela a la interpretación de la realidad mediante la ciencia y el razonamiento atemperado alejado de las pasiones. Defensor de la libertad de cátedra y del encaje de redes que potencien la investigación, el nuevo presidente de CRUE también se quiere sentar con sindicatos y empresarios para redondear el consenso de algunas iniciativas. Al hablar de la crisis de Cataluña, este historiador ilustrado advierte que “las calles no tienen que hacer la política”, que los nacionalismos, como dijo Bertolt Brecht, siempre benefician a los de arriba y que “el mal más profundo” de nuestra época es “la crisis de la objetividad”.

De la Universidad española
“Nunca hemos tenido un sistema universitario como el que tenemos ahora, es el más fuerte, el más potente, el más estructurado, el más vinculado a la sociedad, el más social, el menos elitista”
“Tenemos una de las matrículas más caras de Europa y un sistema de becas deficitario”
 “No quiero una universidad que forme élites, quiero que forme a buenos profesionales y buenos ciudadanos comprometidos con la mejora de su sociedad y de su país”
“Muchos de los grupos de investigación están al borde del colapso”
“Desde 2011 hemos perdido más de 10.000 puestos de trabajo en la universidad, entre profesorado y PAS, lo que ha llevado al envejecimiento y depauperación de las plantillas universitarias
“No podemos tener miles de profesores pobres representados por asociados jóvenes impartiendo bastantes créditos y que aspiran a la vida universitaria”
“Es obligatorio que las diversas fuerzas parlamentarias puedan pactar un sistema educativo con el consenso mínimo para ser duradero y ofrecer previsibilidad a las familias, a los estudiantes y para el futuro del país”
De la contemporaneidad
“Las calles no tienen que hacer la política. La política la tiene que hacer la democracia representativa
“La democracia es un método que hemos inventado después de millones de muertos, por el cual regimos nuestras sociedades a través de una metodología que pactamos”
 “El conocimiento del pasado y del presente se hace en el silencio de las pasiones”

 

Por Agustina Sangüesa

He tratado de esquivar la crisis de Cataluña, pero también sobrevuela el acuerdo sobre el  Pacto de Educación, alejando un posible escenario de consenso, en medio de tanta tensión política. ¿Usted cree que será posible un pacto por la Educación que nos permita hacer un proyecto de educación estable, no cortoplacista? ¿Cuáles serían sus líneas maestras?

La primera palabra que me sale es ostpolitik,  “no injerencia en asuntos extranjeros”. El presidente de la CRUE no es un experto en Primaria y Secundaria y, por tanto, no tiene una idea cabal del contenido de lo que se está discutiendo en esa Comisión del Congreso, ni de los acuerdos o disensiones que puede haber entre los grupos parlamentarios. Yo trabajo en la Universidad y no conozco el sistema educativo español con el rigor debido para hablar de él. No tengo suficiente información sobre el contenido del Pacto de Educación.

Más bien le pregunto por su visión global

Sí, pero las visiones globales sin contenidos, se vuelven poco rigurosas. Solo puedo manifestar algo que es obvio: ¿Es bueno para el futuro del país que haya una ley educativa que permita la previsión, estabilidad y durabilidad de las políticas que tengan que hacer los diferentes gobiernos a lo largo de muchos años? La respuesta es sí. Eso lo sabe todo el que se dedica al mundo de la política y de la educación.  Y también que debería plasmarse en un pacto de Estado. Es obligatorio que las fuerzas parlamentarias puedan pactar un sistema educativo, con un consenso mínimo para ser duradero y que ofrezca previsibilidad para las familias, los estudiantes, las organizaciones empresariales y , en suma, para el futuro del país. El momento político no es el mejor. Pero eso decían muchos políticos en la Transición española y se hizo un gran Pacto de Estado. Posiblemente, en los momentos políticos más difíciles es cuando se necesita que surjan los estadistas que posibiliten el pacto de Estado. Yo deseo que fructifique ese acuerdo porque los estudiantes de Primaria y Secundaria van a ser nuestros alumnos de mañana y su formación va a condicionar mucho su capacidad de aprovechar la vida universitaria.

¿Por qué este país ha perdido memoria sobre el valor de la cultura del pacto tan presente en la Transición? ¿Por qué nos cuesta tanto hablar, dialogar, establecer el acuerdo como una línea básica de la política?

Yo no sería capaz de decir que este país ha perdido la memoria de pactar. No quiero contradecir a la periodista, simplemente no sería capaz.

“Hay una cierta nostalgia de la Transición”

Digamos que hay una cierta desmemoria…

Es una apreciación que puede tener su base, pero yo soy más partidario de escribir la realidad con minúsculas, de atemperar los juicios, sin caer en el sincretismo de no tener criterio sobre las cosas. Lo normal en democracia es contrastar ideas. La democracia es un método que hemos inventado después de millones de muertos, por el cual regimos nuestras sociedades a través de una metodología que pactamos. ¿Ahora hay una añoranza del pacto constitucional, del pacto de la Transición y nos parece que deberíamos estar pactando todo el día? ¡Yo espero que la Transición sea un momento histórico absolutamente irrepetible! Seamos realistas, lo normal en la democracia -sea danesa, sueca o inglesa- es la confrontación de los proyectos políticos y buscar el respaldo de la sociedad, lo cual no quita que se puedan pactar con naturalidad elementos de la vida de los ciudadanos.  Hay una cierta nostalgia de la Transición. Eso pasa cuando al salir de una crisis muy fuerte, en medio de la globalización, se mira atrás y se ve un pasado magnífico.

“El método científico para conseguir conocimiento objetivo  de la realidad es la mayor revolución del ser humano”

Usted ha dicho que “las sociedades y los países deben levantar su futuro sobre un conocimiento objetivo, desapasionado y ecuánime del pasado”. Se puede decir entonces que no vamos bien, porque lo que ocurre últimamente en nuestro país no tiene nada que ver con el respeto a la historia, ni con la racionalidad, la ecuanimidad. Y, muchas veces, tampoco con la verdad

El mal más profundo de la contemporaneidad es la crisis de la objetividad. Yo vengo del pensamiento ilustrado, que cree que es posible conocer objetivamente el funcionamiento y cambio de las sociedades humanas y la ley de la gravedad, es decir, que los humanos, ante la  insuficiencia de nuestra subjetividad natural, hemos sido capaces de inventar la ciencia, a través de los siglos. Y ese método científico para conseguir conocimiento objetivo  de la realidad es la mayor revolución del ser humano. Todos tenemos un problema cuando -a través de la postmodernidad-  entra en crisis esa creencia. (Y precisa) Mi corazón rezuma por la razón, porque creo que la razón es civilidad y sigue siendo lo mejor que hemos inventado los seres humanos. La crisis de la objetividad es una crisis de civilización muy profunda porque dejamos de creer que sea suficiente la contrastación con los hechos. Volvemos a Goya: usted se entierra hasta las rodillas, yo también; usted coge un palo, yo cojo otro; y el más fuerte que gane. No gana el que sea capaz de describir y explicar objetivamente la realidad, gana el que tenga más fuerza.

¿Le parece peligroso que se esté haciendo demasiada política en la calle, desde la calle, fuera de las instituciones?

Como yo pertenezco a la razón ilustrada, siempre prefiero el gobierno de las leyes al gobierno de los hombres. Y creo que las calles no tienen que hacer la política. La política la tiene que hacer la democracia representativa. Desde finales del siglo pasado, junto a la crisis de la objetividad, uno de los motivos de preocupación es la puesta en cuestión de la democracia representativa, que a mi modo de ver es la mejor democracia que hemos inventado los humanos. Yo creo muy poco –por no decir nada- en la democracia llamada directa, que puede ser un complemento para la democracia representativa, pero con mucho tiento, muy de tarde en tarde y con mucha prudencia.

El nacionalismo tiene dentro de sí un peligroso germen o una peligrosa  deriva hacia la xenofobia, hacia movimientos extremos, no democráticos

Decía Bertolt Brecht: “El nacionalismo de los de arriba solo beneficia a los de arriba; y el nacionalismo de los de abajo solo beneficia a los de arriba”

“Nunca hemos tenido un sistema universitario como el de ahora, es el más fuerte, el más potente, el más estructurado, el más vinculado a la sociedad,  el más social, el menos elitista”

 

Pasemos de la crisis independentista que ocupa a este país a conocer algo más de la Universidad española que, en buena medida, usted va a representar desde CRUE. ¿La Universidad española necesita una profunda reforma?

Defíname ‘profunda’

En su estructura profunda. Removiendo cimientos, si hace falta

¿Cambiándola de arriba abajo?

Hay quien dice que sí

Ya lo entiendo… Hay quien no vive la vida universitaria. Fíjese que hay instituciones universales que han durado desde el siglo X: la Iglesia, los municipios (ayuntamientos) y la universidad. Si las universidades no hubieran sabido adaptarse a la realidad -normalmente con una lentitud que, a veces, es desesperante- , a los cambios de los que muchas veces son motores, no existirían. Tendríamos otro tipo de enseñanza superior. ¿A dónde quiero ir? Tenemos el mejor sistema universitario que hemos tenido jamás en la historia de España. Lo digo como historiador y estoy dispuesto al debate con quien quiera. Nunca hemos tenido un sistema universitario como el de ahora, es el más fuerte, potente, estructurado, el más vinculado a la sociedad,  el más social, el menos elitista. La sociedad española ha avanzado mucho en los últimos 40 años ¿estamos de acuerdo? Ha progresado social, cultural, mental y económicamente. Mis amigos hispanistas John Elliot (Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 1996) o Joseph Pérez (Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2014) se enfadan porque “no nos damos cuenta de lo que nos ha pasado” y ellos sí han conocido la España de los años 30 y 40.

Ha sido un cambio espectacular. Y es verdad que no somos muy conscientes

Totalmente. Ellos me hacen conscientes a mí, como también lo hacía Pierre Vilar. Pero ese cambio sustancial de la sociedad española ¿se ha hecho sin la Universidad? La Universidad ha puesto en circulación a millones de licenciados: arquitectos, ingenieros, médicos, de tantos otros profesionales que, junto al obrero o al conserje, han ayudado a levantar el país. Si hubieran estado mal preparados en una Universidad deplorable ¿hubiera sido posible el llamado milagro español?

Seguramente, no

Entonces digamos primero que no estamos tan mal. Y reconozcamos que en los años 60, 70, 80 y 90  algunas generaciones  levantaron una Universidad de la nada, con lo poquito que había de la II República. Pero ¿necesita reformas? ¡Por supuestísimo! Cómo no va a necesitar reformas una institución del calado, la amplitud y la importancia de la Universidad española! Necesita reformas, no revoluciones.

¿Cuáles serían esas reformas?

Algunas de esas reformas tienen que ser consensuadas con los poderes políticos, las instituciones sociales, los empresarios y los sindicatos. En unos dos meses, CRUE Universidades presentará al Ministerio de Educación y a los grupos parlamentarios una Agenda de Política Universitaria que contiene una serie de medidas. Diremos cuáles son  los problemas más acuciantes de la Universidad española, para los que se necesitan cambios que deben hacerse entre el Gobierno, los grupos parlamentarios y la CRUE.

¿Qué problemas aparecen en esa Agenda de Política Universitaria y qué cambios propone?

Primer problema: eliminación total de las tasas de reposición y mantenimiento de la plantilla de profesores permanentes que son los que dan la productividad científica y calidad docente. Desde 2011 hasta ahora, hemos perdido más de 10.000 puestos de trabajo, entre profesorado y PAS, que han llevado al envejecimiento y depauperación de las plantillas universitarias. Debemos discutir sobre el profesorado con el Ministerio  y los grupos parlamentarios. A mí me preocupa muchísimo la incorrecta utilización de la figura del profesor asociado, que es  magnífica y que se debe conservar, pero que no puede convertirse en una especie de mano de obra barata para mantener el sistema universitario españolNo podemos tener miles de profesores pobres que son los asociados jóvenes que imparten bastantes créditos y aspiran, al mismo tiempo, a la vida universitaria. Eso hay que revisarlo.

¿Qué pasa con la financiación?

Hemos perdido muchísima financiación para la Universidad y la investigación.  ¿Debía tener recortes la Universidad dada la situación económica del país? No, porque se ha demostrado que es el motor económico y un elemento fundamental para salir de la crisis ¿Por qué vamos a recortar dinero del eje central de la solución? Creo que no fue una buena política recortar dinero de financiación a la universidad, vía personal y presupuestos. No lo fue. Fue una política equivocada. Pero en la medida que el ciclo económico se recompone, le decimos al Gobierno y a los grupos parlamentarios: ‘Por favor, volvamos a una financiación anterior a la crisis, en el camino de los países importantes de la OCDE. Volvamos a una financiación no del  1,48 sino del 3,5 del PIB, que son miles de millones’. Y eso debe ser visto como una política de Estado que compartan Gobierno,  grupos parlamentarios, sindicatos y empresarios.

España todavía no ha hecho una apuesta decidida de futuro, como Alemania. El investigador  Ignacio Cirac asegura que buena parte de la economía germana es tecnológica y valora muchísimo tres pilares básicos: la ciencia, la tecnología y la educación

Bueno, no sé dónde tengo que firmar…

Lo preocupante es que en este país seguimos muy lejos de esa mentalidad

Yo reto a que alguien  lance teorías nuevas sobre qué es la Universidad para el crecimiento de una sociedad, para la cohesión social.

¿Es débil  la conexión Universidad- Investigación- Innovación?

El 70% de la investigación que se hace en España está en la Universidad. Pero ¿por qué digo que es preciso un nuevo discurso sobre el valor de la Universidad? Los políticos saben, como todo el mundo, el papel que cumple en la Sociedad del Conocimiento. Ahora es el tiempo de creérselo,  llevarlo a la práctica y pasarlo a los presupuestos y a las políticas. ¿Cuántas horas duró el último Debate presidencial y cuánto tiempo se dedicó a las universidades y a la investigación?

Escasas referencias

¿No le parece significativo? Por supuesto que los candidatos reconocen que la Universidad es importante para su proyecto de país. Pero a la hora de explicar a los españoles lo que van a hacer, la Universidad no aparece. El conocimiento no aparece. La ciencia no aparece. Y entonces tenemos un problema.

Los políticos no lo meten en su agenda porque no da votos. En buena medida, porque los ciudadanía española no se lo exige con la misma intensidad que los ciudadanos de otros países desarrollados. Nuestra sociedad civil no les presiona y no pide que se investigue más y mejor, porque todos nos la jugamos si no se hace ciencia. ¿No cree que, además de meter la ciencia en agenda política, los ciudadanos debemos asumir un papel más activo en su defensa?

Nos hemos acostumbrado a decir que los políticos tienen  la responsabilidad sobre el destino de cada sociedad. Nos hemos acostumbrado a no asumir la autorresponsabilidad de lo que nos pasa como sociedad y la hemos trasladado a la política y a los políticos, que paradójicamente elegimos nosotros. Es un tema que viene al hilo de lo que usted ha dicho, los políticos saben la importancia estratégica de la Universidad, pero no acaban de ocuparse de ella porque piensan que no tienen una presión social y ciudadana. ¿Cuándo se ocupan los políticos de la universidad? Con las becas, con las matrículas, porque ahí las familias sí que presionan, y con razón, porque tenemos una de las matrículas más caras de Europa y un sistema de becas deficitario. Naturalmente que es un problema de la Universidad, porque la equidad social requiere un buen sistema de becas y una matrícula justa y adecuada y que pague quien más tiene. Son asuntos muy importantes  que tienen que ver con una universidad socializadora que no sea elitista, que no aumente las desigualdades. Necesitamos, por tanto, que la sociedad española asuma más responsabilidad para decirle a los grupos parlamentarios, a los partidos políticos y a los gobiernos: ¡Ocúpense de la Universidad!.

Cito  el  informe de CRUE 2013-2015: “España tiene uno de los niveles de precios públicos universitarios más elevados de la UE y uno de los niveles más bajos de becas y ayudas al estudio”. Eso dicen ustedes

Si  lo dice la CRUE es palabra de Dios. ¿No querrá usted que desmienta a la CRUE?

Me encantaría que dijera que esta situación ha cambiado para bien

Desgraciadamente estamos en la misma realidad que en 2013-14. España tiene hoy un sistema de becas mejorable. Y unos precios de matrícula rebajables.  El Ministerio es consciente y, si la vida política transcurre con normalidad, vamos a poder dialogar sobre becas y matrículas. Debemos mejorar.

Hay que moverse. Hay que movilizar

La CRUE tiene la responsabilidad de ocuparse de ello. Dicen algunos de los últimos estudios que una parte de la opinión pública británica y norteamericana empieza a quejarse del creciente elitismo de universidades como Harvard, Cambridge y Oxford. Cada vez son más caras y es más difícil entrar en ellas. Yo soy un defensor acérrimo de que la Universidad es parte del sistema de equidad que da cohesión social a una sociedad. Y no quiero una universidad que forme élites. Quiero una universidad que forme, con la misma calidad en todos los campus, a buenos profesionales y ciudadanos comprometidos con la mejora de su sociedad y de su país. Y lucharé contra todo aquello que vaya en contra de la igualdad social, que no del igualitarismo,  porque sin cohesión social no hay país ni sociedad. Se dice que la universidad española no es tan buena porque no está en los ránkings de las 100 primeras…

En realidad, no pasa del puesto 200

Los ránkings han venido para quedarse pero tienen sus intereses detrás. En algunas ocasiones ayudan a mejorar, pero no deben esclavizar. Yo, como rector de de Lleida, no pondré mi universidad al servicio de los ránkings. A mí me interesa que mi universidad imparta una docencia frondosa, de calidad, de profundidad; que la estructura del investigador sea potente, consistente durante años y años, aunque no suba en el ránking. Bienvenido sea que estemos entre las 100 primeras de los ránkings anglosajones, como consecuencia de un sistema universitario fuerte, potente, que da una buena formación universitaria integral al ciudadano viva donde viva. Ya le he dicho que tenemos el mejor sistema universitario de la historia. Y añado que todo el mundo dice que somos la décima potencia del mundo en investigación –no así en transferencia, donde tenemos un problema de país- . Pero me da mucho orgullo pensar que somos la décima potencia mundial e investigación.

Los científicos dicen que la universidad española prepara muy buenos investigadores, a los que fichan algunos centros de excelencia del mundo. Eso es así. Y, sin embargo, los estamos expulsando y lo peor es que no somos capaces de recuperar ese talento

Tenemos una inmigración de la inteligencia que además no estamos seguros que podamos recuperar. Y es un drama nacional, sin duda. No se arregla con los rankings, se arregla con inversión concreta en el sistema de enseñanza superior en España. La formación científica que da la universidad española en casi todas las ramas del conocimiento es muy buena, al menos suficiente para ser competitiva con el resto de los países de nuestro entorno cultural. Yo soy historiador, discípulo de Carlos Martínez Shaw en España, de  Pierre Vilar, de John Elliot, los historiadores españoles no tienen nada que envidiar a los franceses, ni a los ingleses, ni a los americanos, nada que envidiar en su proceso de formación, en su calidad productiva. Así en sociología, en psicología, en medicina, biología, física, química…

 

 

Tenemos el mismo nivel pero mucho menos dinero para investigar

Muchos de los grupos de investigación están al borde del colapso. A veces se dice que la universidad debería tener más capacidad de crear emprendedores. Y yo digo, es verdad y es bueno que la universidad se meta en emprendimiento. Pero ¿sabe dónde hay miles de empresarios? En la Universidad. ¿Cómo se forma un grupo de investigación? buscando dinerito del Estado, en el mundo competitivo de Europa, en las empresas, contratando becarios, pagando sueldos…. Eso se llama empresa de investigación. Miles de compañeros son emprendedores, por eso somos la décima potencia mundial en investigación. Confiemos en el futuro del país en ellos. También en el albañil y en el que hace la carretera.

¿Se va a sentar con los empresarios más a menudo?

Me voy a sentar con los sindicatos. Y también con los empresarios. ¿Por qué nunca nadie dice vamos a sentarnos con los sindicatos? No lo digo por un obrerismo fácil, lo digo porque creo que es tan importante para el desarrollo del país que la universidad trabaje con las empresas y los empresarios, como que nos entendamos con los sindicatos porque, al fin y al cabo, miles de trabajadores de las empresas públicas universitarias o de las privadas también tienen que ver con el ámbito laboral, con los derechos, con el mundo de los trabajadores. Es más, el comportamiento de los sindicatos tiene que ver mucho con el crecimiento económico de un país, unos sindicatos  responsables (responsable en todos los sentidos, también en reivindicar las mejoras laborales que hace que la gente pueda consumir más) ayudan muchísimo al crecimiento de un país.

Es fundamental articular esas  redes

Sí. Yo no tengo ningún prejuicio respecto a las empresas y su colaboración con la universidad, al contrario, creo que es muy importante que el tejido productivo español trabaje con la universidad. Eso sí, respetando las reglas de la ciencia y de la libertad de cátedra. Respetando que hay una ciencia básica que debe hacerse, de la cual puede salir colateralmente una ciencia aplicada, en las que hay que trabajar con las empresas. Hay universidades que ya están trabajando mucho sobre la formación dual con los empresarios, me parece un proyecto extraordinario. También lo es que haya empresas que piden investigación aplicada y tecnología.

¿Los investigadores deben hacer un esfuerzo por contar bien para qué sirve lo que están haciendo, de forma que el empresario abra los ojos y se interese?

Absolutamente. Creo que los universitarios tenemos que tener unos ojos más puestos en la vida del desarrollo económico y social del país a través de la investigación. Creo que los empresarios deben seguir porfiando por confiar en la Universidad española. Hemos progresado en eso pero estamos muy lejos de otros países europeos. Y al mismo tiempo hay que recordar la necesidad imperiosa de que la universidad haga ciencia básica. Hay investigaciones que no miran al mercado, ni al progreso económico, que solo miran a lo que es la esencia de la investigación: conocimiento nuevo de la realidad. Tarde o temprano ese conocimiento será útil para la sociedad.

¿Hay un desajuste importante entre el conocimiento que se imparte en las universidades y lo que precisa el mercado laboral? Sin contar con el reto que supone la economía digital, parece evidente que la universidad se tiene que poner al día

Cada vez es más adecuada la oferta de grado, másters y doctorados que tiene la Universidad española respecto a las necesidades del llamado ‘mágicamente’ mercado, que yo llamo la sociedad. Qué hacemos, qué títulos damos, cómo no perder estudiantes, es una discusión permanente en los cuarteles universitarios, de tal forma que las peleas que hay por lo que ofrece cada universidad son muy fuertes. Hay un esfuerzo permanente por acertar en una oferta de títulos en línea con la demanda de la sociedad. Pero cuidado con diseñar la vida académica solo para el mercado, porque debemos responder a las necesidades sociales. Y en eso se hace mucho esfuerzo. A veces tendríamos que diseñar más a largo plazo, pero se necesitan muchos recursos porque te arriesgas a sacar títulos  que a lo mejor no funcionan. Y además hay que tener dinero para contratar nuevo profesorado,  porque si a los mismos docentes les damos más créditos no investigarán. Y la Universidad les pide que investiguen, que gestionen  y que hagan transferencia. Nuevos títulos con el mismo profesorado es un oximorón.

Hay cosas que arreglar. La burocracia, por ejemplo. Los investigadores se quejan de que pierden mucho tiempo rellenando papeles, en lugar de hacer ciencia

En términos generales tienen toda la razón. Es verdad que hay exceso de burocracia. Es verdad que la secretaria de Estado es una investigadora muy sensible a este problema. Y es un capítulo que vamos a abordar. Pero una parte de la burocracia no es de la Secretaría de Estado, ni del Ministerio; es de la Unión Europea, porque una parte no desdeñable de burocracia viene de las exigencias de control europeo, a veces, retroactivas. Habría que cambiar las normas europeas y eso son palabras mayores. Pero además, cada Universidad tiene su organización de la investigación y la transferencia. Y algunas son más ágiles que otras.

¿La estructura muy  jerarquizada de la Universidad hace que no sea óptimo el aprovechamiento  de las infraestructuras existentes, como dicen algunos investigadores?

Yo no he oído nunca eso, ¿que la jerarquización de la universidad evita la mejor utilización de los espacios universitarios?

Que el orden jerárquico prima sobre el uso de los medios e impide que se saque más provecho

¿Perdón? ¿Será porque el catedrático comparte normalmente el despacho con otros dos en la mayoría de los centros? La Universidad española no es para nada jerárquica. Pero sí hay que repensar la gobernanza sin ser dogmáticos, ni tener miedo a experiencias nuevas o proyectos piloto. Creo que la elección democrática del rector sigue siendo válida y que después debe tener más capacidad de incidir con su programa en la vida universitaria, porque la Universidad española es excesivamente horizontal y debería ser más vertical. Pero lo de los espacios/ jerarquía no lo había oído nunca.

“La transparencia económica de la Universidad española es altísima y la corrupción es inexistente”

¿Y las fisuras éticas? ¿Por qué se tarda tanto en reaccionar frente al caso del plagio del rector de la Rey Juan Carlos? ¿Hace falta implementar un código ético?

¿Hace falta mejorar el comportamiento ético de los universitarios? Sí. ¡Y también el de los taxistas! ¿Tú conoces a algún rector procesado? ¿inculpado? ¿y a un gerente? ¿algún decano? ¿No te llama la atención en un país en el que parece que la corrupción está ahí en los últimos 30 años?

Alguien mal pensado puede decir que puede ser por falta de mecanismos de control y de transparencia

Vale, te he llevado a mi terreno. Mira, yo soy el presidente de CRUE y pongo en la factura con quien voy a comer. Esa factura la ven, como mínimo, cinco personas y te aseguro que dos son sindicalistas. Aunque yo quisiera hacer corrupción, el sistema de control de mi universidad no me lo permite. No hay corrupción en la Universidad. No hay rectores procesados. Ni vicerrectores. Ni gerentes. Nadie. Porque el sistema de control del gasto universitario es exhaustivo. Y si no, viene el Tribunal de Cuentas. Y la auditoría de cada año. Y el Consejo Social que te mira el presupuesto y los gastos. ¿Más transparencia en la Universidad? Y yo digo: Siempre, seguro, pero dígame en qué. Es un tópico pedir más transparencia como si no fuéramos transparentes. La transparencia económica de la Universidad española es altísima y la corrupción es i-ne-xis-ten-te. En cuanto al plagio la CRUE tiene que ser muy prudente. Siempre pido muchísimo rigor para contrastar y comprobar con todas las garantías. Y si se comprueba, hay que actuar con absoluta y radical rotundidad, porque no hay mayor corrupción en la Universidad que el plagio.

“El conocimiento del pasado y del presente se hace en el silencio de las pasiones”

Termino citándole: “Mi obra trata de decirle a los ciudadanos que para crecer en libertad deben tener el conocimiento más científico posible del pasado. Y eso hace que una sociedad tenga los pies de hierro, no de barro”. Ese pensamiento me parece especialmente importante. Y creo  no estamos dotados para el conocimiento del pasado, en este momento y en este país. ¿Quiere lanzar un mensaje positivo a los ciudadanos?

El conocimiento del pasado –también del presente-  debe hacerse con el silencio de las pasiones. La única pasión para conocer el pasado y el presente de forma objetiva, útil para la humanidad, se llama ciencia. Cuando las pasiones hablan, la ciencia calla. Salvo que tu pasión sea la ciencia. Yo soy un ilustrado -no de los que saben muchas cosas sino de los tiempos de la Ilustración- y tengo una enorme emotividad alrededor de la razón porque creo que es una forma maravillosa de estar enamorado del ser humano y de crear civilización. Las pasiones, si hablan, nublan el entendimiento. Hay que tener mucho cuidado con ellas. El conocimiento del pasado y del presente se hace en el silencio de las pasiones.

 

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Posicionamiento y reconocimiento internacional SUE

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