Toda España juega en la lotería catalana

 

“En la lotería política catalana se la juegan todos”, dice el periodista Manuel Campo Vidal a menos de veinte días para las elecciones catalanas. La incertidumbre y la tensión afecta a todos los partidos. Aunque, como indica el analista, Rajoy parece ser el único tranquilo. Su partido, y él mismo, atraviesan “las peores semanas en relación a investigaciones judiciales sobre corrupción, y aquí todos hablando de la última ocurrencia de Puigdemont, de viaje de estudios en Bruselas, como dice Iceta”. En menos de veinte días da tiempo “a excarcelaciones, campaña, debates, numeritos de Puigdemont y quizás para ver lo nunca visto: los muñecos con carteles del PSC, Ciudadanos y PP colgados de un puente en una autopista catalana son un mensaje macabro que informa de la descomposición del frente independentista que se hacía llamar la ‘revolución de las sonrisas’”.

 

Por Manuel Campo Vidal

Un día antes de la rifa del Gordo de Navidad se juega la Lotería Catalana. La lotería política, no la rifa autonómica. Todos han comprado números para presidir la Generalitat pero especialmente Inés Arrimadas, Oriol Junqueras y Miquel Iceta, aunque Carles Puigdemont, con menos papeletas, crea que el trono le corresponde. Como la anterior presidencia se la regaló la CUP al rechazar a Artur Mas, quizás entienda que siempre le va a llegar sobrevenida.

Lo trascendental de esta rifa electoral es que no solo afecta a los ciudadanos de Cataluña, que pueden dar un vuelco a su vida cotidiana tan alterada en los últimos meses, sino que afecta de lleno a la política española. Si se confirma que la participación puede superar excepcionalmente el 84 por ciento, podríamos encontrar a Inés Arrimadas o a Miquel Iceta en la Generalitat. O un gobierno de coalición entre ambos con la posibilidad de repartir los puestos de president y conseller en cap, o sea, primer ministro. Sería un vuelco histórico. Si el bloque independentista termina ganando en escaños, aunque no en votos, difícil será que el president no pertenezca, por primera vez desde la Republica, a Esquerra Republicana.

El papelón lo tiene sobre todo la candidatura de Xavier Domènech (Ada Colau y Pablo Iglesias) porque con muy alta probabilidad, según anuncian las encuestas, deberá decidir si entrega la presidencia, bien votando o absteniéndose, a independentistas o a constitucionalistas. Ante los movimientos de los últimos meses -e incluso de los últimos días con el recurso contra la aplicación del artículo 155 ante el Constitucional- es probable que el bloque independentista sea el agraciado. Si así fuera, que se ajuste el cinturón de seguridad Podemos en el resto de España donde ya la crisis catalana viene erosionando el liderazgo de Pablo Iglesias.

El otro desafío crítico que puede plantearse, según cómo vayan los resultados, impactaría de lleno en la estabilidad del PSOE: aunque es cierto que en las encuestas la candidatura de Iceta sube, es muy difícil que supere a los diputados previstos para Inés Arrimadas. Pedro Sánchez ya deslizó que el PSC no apoyaría a Ciudadanos. ¿Facilitarían los socialistas un gobierno de mayoría independentista con tal de no votar a Inés Arrimadas? En ese supuesto no habría que esperar a las elecciones generales, como en Podemos, para conocer la reacción de los votantes: antes algunas organizaciones del PSOE, con Susana Díaz a la cabeza, plantearían una grave crisis a la nueva dirección. Si los diputados de Ciudadanos valen para que los socialistas gobiernen en Andalucía o en Asturias, difícil explicar que los diputados socialistas no permitan que la candidata de Ciudadanos presida la Generalitat.

Por tanto, cómo se ve, en la lotería política catalana se la juegan todos: no solo los candidatos del 21 de diciembre sino también sus correligionarios en España. El único que está tranquilo es Rajoy. Atraviesa su partido, y él mismo, las peores semanas en relación a investigaciones judiciales sobre corrupción, y aquí todos hablando de la última ocurrencia de Puigdemont, de “viaje de estudios” en Bruselas, como dice Iceta. La última, sin desperdicio: proponer un referéndum en Cataluña sobre la permanencia en la Unión Europea. Algunos allegados se inquietaron sobre su estabilidad para lanzar semejante propuesta, cuando catalanismo significaba europeísmo.
Menos de veinte días para la rifa catalana. Tiempo suficiente para excarcelaciones, campaña, debates, numeritos de Puigdemont y quizás para ver lo nunca visto: los muñecos con carteles del PSC, Ciudadanos y PP colgados de un puente en una autopista catalana son un mensaje macabro que informa de la descomposición del frente independentista que se hacía llamar la “revolución de las sonrisas”. El artículo de un colaborador de TV-3 que quiere rebanar la papada del ministro Zoido para comérsela, expresa el fracaso penosamente. Atentos a lo que viene antes del día de la lotería.

 

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