Pilar Garrido, jefe de Oncología del Ramón y Cajal: “Echo de menos un Plan Estratégico del Cáncer”

Foto de Santi Burgos

La doctora Pilar Garrido es presidente de la Comisión Nacional de Oncología Médica y también del Consejo Nacional de Especialidades en Ciencias de la salud, máximo órgano asesor en formación sanitaria especializada de los ministerios de Sanidad y Educación. Además de hacer asistencia, docencia e investigación, desde su puesto como jefe de Sección de Oncología del Hospital Universitario Ramón y Cajal (Madrid), forma parte de la junta directiva de distintas asociaciones y comités nacionales e internacionales, como Women for Oncology, un mirador profesional que le permite afirmar, sin temor a equivocarse, que las mujeres siguen en situación de desigualdad e invisibilidad respecto a los hombres. Un desnivel que combate y para el que reclama mucha más pedagogía que abra los ojos a jóvenes y adolescentes.

 

«Las mujeres jóvenes es el problema que tenemos ahora en España. Tenemos una epidemia de cáncer de pulmón»

«En España se diagnostican 250.000 nuevos pacientes cada año y este número van a seguir aumentando»

«El objetivo que tenemos en estos momentos es que los pacientes diagnosticados se curen o puedan vivir con la enfermedad mucho tiempo y con buena calidad, porque muchas de las causas del cáncer no las vamos a controlar a corto plazo»

Por Agustina Sangüesa

Pilar Garrido dirige el área de tumores torácicos de uno de los principales hospitales del país. Hace investigación clínica y traslacional sobre cáncer de pulmón, de forma que puede ver cómo los conocimientos del laboratorio mejoran la asistencia médica. Sin embargo, esta doctora, que sigue tratando a diario a sus pacientes, lamenta que la labor del investigador goce de “poco reconocimiento” en España.

Su trabajo en distintos escenarios le permite tener una visión muy global de nuestra realidad científica. ¿La investigación española está en situación de emergencia? ¿Hay que interconectar muchos más nodos y redes?
Podemos hablar de investigación básica, traslacional y clínica. En oncología la mayor parte de la investigación clínica se canaliza a través de ensayos clínicos, un área bien regulada en la que España tiene fama, bien merecida, de hacer las cosas con calidad. Cuando se trata de ensayos promovidos por la industria farmacéutica, para testar un nuevo fármaco o una nueva indicación, somos un país atractivo para desarrollar ensayos clínicos. Sin embargo, tenemos muy poco apoyo institucional para realizar ensayos liderados desde la Academia, que son los que intentan responder preguntas de interés para los profesionales, aunque que no lo sean para la industria farmacéutica. Ahí se puede mejorar, ya que hay muchas trabas burocráticas y muy poca financiación. En la investigación traslacional también hay mucho que arreglar porque los recursos son muy limitados y la competencia entre investigadores básicos y clínicos es muy complicada, porque los segundos solo podemos investigar al terminar las tareas asistenciales.

¿La falta reconocimiento de la carrera científica es otro palo en las ruedas?
El poco peso y reconocimiento que tiene la carrera investigadora en España socava el interés de mucha gente, sobre todo de los jóvenes, porque saben que no tiene reconocimiento ni recorrido profesional. Es complicado consolidar una posición investigadora en las áreas básica y traslacional. A esto se suma la escasez de recursos destinados a la formación de la carrera investigadora. Por último, en términos globales, contamos con menos recursos y financiación que otros países; aquí se dedica menos cantidad del PIB a investigación y es difícil acceder a los recursos porque están muy fragmentados. Nos falta, sin duda, una Ley de Mecenazgo para atraer recursos privados que seguro participarían en investigación si no fuera tan difícil.

¿Por qué no se reconoce la carrera científica? ¿Cómo se podría cambiar esta política?
Recientemente hemos tenido reunión del CIBER de cáncer-estructura de cooperación en red amparada por el Instituto de Salud Carlos III, que impulsa la investigación de excelencia en biomedicina y ciencias de la salud en el Sistema Nacional de Salud y en el Sistema de Ciencia y Tecnología- y su coordinador, Joaquín Arribas, reconoció que es necesario fomentar la carrera investigadora, poniendo el ejemplo de que actualmente no se computa como mérito en las oposiciones o en la carrera médica el hecho de ser investigador. En el ámbito cultural, es preciso dar más peso a la investigación desde la universidad, para que les resulte atractiva a los jóvenes y no la visualicen como una carrera especialmente llena de obstáculos. Hay que dar recursos para consolidar esta carrera y más peso cultural antes y durante la universidad.

¿Los recortes han herido de muerte la financiación pública, insustituible y fundamental para la supervivencia de la ciencia?
Eso es así. Otros países invierten más que nosotros en I+D+i. Antes estábamos en crisis, pero ya parece que podría retomarse este asunto. A mí me preocupa especialmente la fuerte fragmentación que lastra los proyectos que podrían hacernos muy competitivos en el contexto internacional. La financiación no debería contemplarse desde una perspectiva local sino global.

Usted defiende la colaboración en oncología entre clínicos e investigadores básicos, porque disminuye el tiempo entre la aparición de un tratamiento y el momento en que llega al paciente. Un asunto importante porque hace que nos demos cuenta del valor de la investigación
Sin duda. Desde luego en oncología la investigación está muy cerca del paciente. Por suerte, nuestros tratamientos cambian cada poco tiempo, lo que quiere decir que tenemos acceso a innovación. En España hay una buena formación pero los estudios con pacientes están muy lastrados por problemas burocráticos. Resultan carísimos y no hay recursos para financiar esta investigación académica. Pero los oncólogos hacemos mucha investigación traslacional, puente entre la básica pura y el paciente, que permite acortar los tiempos. El verdadero interés de los médicos es que los resultados positivos lleguen cuanto antes a los pacientes.

¿Se ha avanzado mucho en la modernización y mejora de los tratamientos?
El cambio cultural es muy importante, es lo que más he notado. Hace unos años le explicabas a un paciente que tenía la oportunidad de hacer en un ensayo clínico y le parecía raro. Ahora es al revés, son ellos los que reclaman un ensayo clínico, porque son conscientes de que superadas las etapas de los tratamientos convencionales estándares, lo que les abre una oportunidad es hacer un ensayo clínico con un fármaco novedoso. Luego en España tenemos otros problemas, por ejemplo, pasa más de un año desde que un fármaco es activo y obtiene la aprobación de las agencias reguladoras europeas (EMA) hasta que llega a un paciente del sistema público español. Hemos peleado mucho contra esto, porque muchos pacientes no disponen de ese tiempo. Se trata de que el fruto de la investigación llegue cuanto antes a los pacientes y, a veces, nos lastran los problemas regulatorios, de negociación de precios. Este es otro problema que afecta a los investigadores clínicos.

¿Se echa en falta una estrategia nacional del cáncer?
Yo echo de menos un plan del cáncer porque está dotado de financiación finalista, mientras la estrategia, no. Muchas veces echo de menos una visión general. En este sentido, el plan de la hepatitis me parece un modelo muy bueno que habría que aplicar para el cáncer. Cuenta con el compromiso de todas las comunidades autónomas de registrar los datos de los fármacos más innovadores y cómo funcionan los fármacos en los pacientes asistenciales y no en las condiciones ideales de un ensayo clínico.

¿Ese plan nacional del cáncer que echa en falta tiene mucho que ver con la equidad que se consigue al final? Algunos ciudadanos creen que no es lo mismo ser paciente de cáncer en Madrid o País Vasco que en Extremadura o Aragón
Yo no quiero generar alarma. Creo que en España tenemos muy buen sistema sanitario, con profesionales muy bien formados porque el sistema MIR es extraordinario. Los medicamentos están aprobados en todas las comunidades. Dicho esto, oncología es una especialidad muy transversal, que requiere ir de la mano con otros muchos profesionales. Y la innovación hace que las cosas cambien muy rápidamente y que no haya expertos de todo en todos los sitios. Sí que creo que hay cosas que deberían estar más centralizadas, por la complejidad o por el gasto, y que se deberían reducir los tiempos. Pero, en general, los mínimos de asistencia son buenos. Evidentemente, los ensayos clínicos fase I de terapias muy novedosas no pueden estar disponibles en todos los sitios, porque la complejidad para acceder es muy alta. En esos casos lo que habrá que hacer es tener un buen sistema que derive a pacientes de otros entornos para que se beneficien de los centros sanitarios más complejos.

¿Eso construiría un sistema más solidario?
Eso es. Un sistema bien preparado para compartir la información y los pacientes.

¿En qué medida ha aumentado la supervivencia en la enfermedad del cáncer y qué perspectivas hay en este momento?
En España se diagnostican 250.000 nuevos pacientes cada año y este número van a seguir aumentando. El objetivo que tenemos en estos momentos es que los pacientes diagnosticados se curen o puedan vivir con la enfermedad mucho tiempo y con buena calidad de vida, porque muchas de las causas del cáncer no las vamos a controlar a corto plazo. Y muchas de las enfermedades oncológicas tienen que ver con el envejecimiento. Vivimos más años porque no nos morimos de infecciones o de enfermedades cardiovasculares y damos años al cáncer. Pero hay tumores muy frecuentes como el cáncer de mama con una tasa de supervivencia a cinco años muy alta. Y en cambio hay tumores, como el cáncer de pulmón y de páncreas, en los que queda mucho camino por recorrer para alcanzar una elevada supervivencia a largo plazo.

¿Por qué es más difícil combatir este tipo de cáncer?
El cáncer de páncreas no sabemos por qué se produce y el cáncer de pulmón, que es muy frecuente y se sigue diagnosticando muy tarde, sabemos que está relacionado con el tabaco, en un país con una cuarta parte de la población fumadora. Digamos que aunque hay distintos mensajes que hacer llegar a la población, como por ejemplo incidir en la importancia de tener hábitos saludables, es frecuente que se nos puede diagnosticar un cáncer. Pero teniendo en cuenta todos los tipos de tumores, podemos decir que la tasa global de curación está en torno al 55%, más del 65% de las mujeres se curan y algo más del 40% de los hombres.

¿Hay motivos para ser optimista?
No tanto. Hay mucha gente joven que fuma. Y una cifra clarísima: en Estados Unidos las industrias tabaqueras se gastan veinte veces más en promoción y en anuncios que lo que el Estado invierte en investigación. El tabaco sigue siendo una adicción, hay que conseguir que los jóvenes no empiecen a fumar, sobre todo, las chicas. Las mujeres jóvenes es el problema que tenemos ahora en España. Tenemos una epidemia de cáncer de pulmón, un problema gordo.

¿Hay que exigir un pacto de Estado por la Ciencia?
Sin duda, es fundamental. Es el futuro de todos. Nos va mucho en ello.

“Nuestro hermoso deber es imaginar que hay un laberinto y un hilo”, dice Borges. ¿Va a seguir tirando de ese hilo?
Seguro. De todos los hilos. Creo que es importante comprometerse. Cuando eres médico clínico y tienes a tus pacientes delante todos los días, sientes un especial compromiso con la búsqueda de mejores soluciones para el futuro.

Women for oncology busca la igualdad entre mujeres y hombres

Women for oncology es un grupo de trabajo estable dentro de la Sociedad Europea de Oncología Médica, que nació como iniciativa para visibilizar la diferencia de género en oncólogos situados en los puestos clave. Esa diferencia es abultada en la carrera investigadora, cuando se habla de jefe de grupo; en la académica entre los catedráticos o en la asistencial, con los jefes de servicio. Y no es un problema atribuible al número de mujeres que se incorporan, que son una amplia mayoría en algunas carreras como Medicina.
La doctora Pilar Garrido pide que se enseñe este tipo de datos a los adolescentes y a los estudiantes de los primeros años de carrera para que vean que a lo largo de la vida profesional se va perdiendo la igualdad de género, que no es como ellos piensan. “La gente joven no tiene la sensación de que hay un problema porque los hemos educado en la igualdad”, asegura, “no pelea porque no percibe que hay un sesgo y cuando se da cuenta, pasados los 40 años, ya no hay mucho margen para reconducir la situación”. Las mujeres no se autopromocionan, ni se visibilizan. “En algunos casos subyace una cierta falta de autoestima o un exceso de autocrítica de la propia valía”. Así lo indican las encuestas.