Pensar este país por encima de miradas cortas

 

“Tenemos una mala política porque faltan los caladeros de la sociedad civil donde nutrirse de ideas y cuadros” ha dicho el portavoz de Sociedad Civil por el Debate, Francisco Moreno, en el II Congreso de Comunicación Política organizado por la Escuela de Negocios NextIBS. El periodista denunció también la expulsión de la gente más preparada de “un ecosistema en el que prima la sumisión y la conveniencia política, el cortoplacismo y el dedo divino del líder”. En su opinión, toda la sociedad española tiene que pensar “en generaciones”, en alusión a los planteamientos políticos limitados a legislaturas, para “elevar la mirada y buscar soluciones a nuestros problemas”.

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Por Francisco Moreno

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Hemos vivido y estamos viviendo una crisis que no solo nos ha empobrecido materialmente. También se han resentido buena parte de las estructuras que articulaban esta sociedad más allá de la propia política. Los recortes también han afectado a esas instituciones que nos ayudaban a pensar o crear colectivamente.

La crisis ha debilitado aún más la ya de por sí anémica capacidad de la sociedad española para generar debates sociales que vayan más allá de la conveniencia política del momento. Tuvimos un momento en que toda esa voluntad de participación, más allá de fuerzas políticas, eclosionó y dio lo mejor de lo que somos como país: la transición y el espíritu de consenso transversal que la alumbró.

En cualquier análisis, siempre hay que tener cuidado en no confundir causas con consecuencias. El momento político actual es la consecuencia del profundo movimiento sísmico que produjo la crisis financiera de 2008. Desde aquel momento hasta hoy han colapsado muchas cosas en la sociedad española.

El mayor de esos colapsos se produjo en la Clase Media española. Desde finales de los años 50 del siglo pasado, hasta esa fecha fatídica en que como primera señal se produjo la caída de Lemann Brothers, el ensanche y progresión de nuestra clase media no había dejado de crecer en cantidad y progresar en calidad. Ninguna de las crisis cíclicas anteriores le había afectado de manera significativa. Fue eso lo que generó un optimismo cuasi biológico que cristalizó en la convicción general de que cada generación viviría mejor que la anterior.

Es evidente que nuestros crecimientos económicos siempre han estado vinculados a sectores muy intensivos en empleo pero muy cíclicos también. Cuando colapsó el sistema financiero, el motor de la construcción se detuvo en seco y la inercia del parón sacó a millones de españoles de la zona de confort en la que casi todos nos habíamos instalado.

Apunto que esa, el desplazamiento de clases que se ha producido en la sociedad española, y la enorme sima que se ha abierto en materia de desigualdad, es una de las principales causas del actual estado de cosas.

No se si somos completamente conscientes, pero más allá del ruido político, buena parte de la incomunicación política actual está motivada por unos sentimientos de los que también parece alimentarse la sociedad española en general: la frustración, el rencor y la intolerancia.

Estamos todo el día hablando de sueldos que hay que limitar o que son de escándalo, de puestos políticos inmerecidos, de derroches y de corrupción. Nos entretienen mucho estas cosas al tiempo que nos indignan.

En estos tiempos de dificultad y cierta zozobra identitaria, apelar a ese espíritu con el que supimos salir de la dictadura y crear un marco de convivencia que progresara en la creación del estado de bienestar es apelar también a esa tolerancia que permitió que viajáramos orgullosos del pasaporte que llevábamos. Fuimos un ejemplo y podemos volverlo a ser: sólo necesitamos ponernos nosotros de acuerdo para que a continuación la política se ponga de acuerdo en todo lo que sustancialmente nos ayuda a progresar y conquistar futuro.

Los españoles se quejan de los políticos y de la política. La mayoría entiende que tenemos un problema de cantidad; que si son muchos, que si cobran mucho, que si hay demasiadas administraciones superpuestas. Sin embargo, yo creo que más que un problema de cantidad, lo que realmente tenemos es un problema de calidad: cuando más acuciantes y graves son nuestros problemas, es cuando nos encontramos mayor mediocridad en las estructuras políticas. La gente preparada, cualificada, con brillantes currículums y méritos sobrados huye de ella espantada e incapaz de poder hacer algo en un ecosistema en el que prima la sumisión y la conveniencia política, el cortoplacismo, y el dedo divino del líder.

Es lógico que los políticos piensen en legislaturas, pero sería más conveniente para todos que la sociedad civil estuviera mejor articulada para pensar en generaciones. Creo que tenemos una mala política porque, entre otras cosas, faltan los caladeros de la sociedad civil donde nutrirse de ideas y cuadros.

Y eso es, a mi juicio, lo que a todos nos toca hacer; pensar este país por encima de miradas cortas. Elevar la mirada y buscar soluciones a nuestros problemas antes que seguir culpándonos del desastre producido. Porque nuestro desastre es perseverar en esa actitud de pensar individualmente. Esta es una tarea nuestra para que no sea de ellos.

Nos toca dejar el ‘y tu más’ para elegir el ‘y tú qué’. Nos toca diseñar propuestas para encontrar modelos productivos que aúnen riqueza con nuestra excepcional climatología, posición geográfica y talento disperso. Nos toca enriquecer el debate poniendo el foco en lo importante y no en la anécdota. Nos toca decir lo mismo gobierne quien gobierne. Nos toca fortalecer nuestra Sociedad Civil y darle voz para que la voz de la política no distorsione el deseo colectivo de desarrollarnos en un entorno de convivencia y talento. Una sociedad en la que prime el mérito a la militancia.

Francisco Moreno es periodista y portavoz de Sociedad Civil por el Debate

 

Ver vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=-9F8bglRtZA