“Me preocupa mucho la debilidad de las instituciones, la falta de neutralidad, de imparcialidad y de credibilidad”

Elisa de la Nuez, abogada del Estado y cofundadora de la Fundación ¿Hay Derecho?

La abogada Elisa de la Nuez cree que “jueces y fiscales tienen que ser muy beligerantes ydecir que no quieren un sistema de reparto por cuotas políticas”, para acabar con el reparto de la instituciones entre los partidos políticos. Así de claro habla la secretaria general de laFundación ¿Hay Derecho?, que ha ganado muchos apoyos pordenunciar los problemas endémicos de la Justicia, los casos flagrantes de corrupción y la politización de las instituciones. Elisa de la Nuez, coeditora del blog hayderecho.es, denuncia que “los cargos electos de los partidos están más pendientes de las cúpulas que les nombran, y a quienes deben el puesto, que de los electores”. Esta abogada del Estado, entiende que a los ciudadanos se les caiga el alma a los pies cuando pisan un juzgado y ven a los funcionarios enterrados entre expedientes ymanejando ordenadores de otro siglo. “Me temo que no tenemos una administración de justicia homologable a la de una democracia europea avanzada”, porque“no hay medios, ni la organización, ni la credibilidad necesarias y funciona a base dela voluntad de unas cuantas personas”.

¿Qué hay que hacer para que la sociedad civil recupere protagonismo?

A la gente le gusta mucho protestar, manifestarse, debatir, y bastante menos comprometerse. Estamos en una especie de efervescencia, en la que están surgiendo muchos movimientos de sociedad civil, pero todavía está por ver si vamos a conseguir un movimiento fuerte a medio plazo. Queda mucho esfuerzo y ese cambio cultural no se consigue de la noche a la mañana.

Pero en la Transición la fuerza social fue decisiva

Ese movimiento de sociedad civil era más bien un movimiento político que, una vez conseguida la Transición y la democracia, se volvió a su casa y a sus ocupaciones, dejando a cargo a los partidos políticos. Y yo creo que ese es un planteamiento de democracia joven, inexperta, porque en los países que tienen democracias muy consolidadas y muy avanzadas, la sociedad civil está siempre ahí, no en un momento dado. Está siempre encima de los partidos políticos, exigiendo y vigilando. Eso es consustancial con una democracia y creo que en España no se ha visto así.

¿De qué modelos podemos aprender?

El modelo que nos gusta a nosotros es el de las sociedades nórdicas y anglosajonas que tienen los mejores índices de calidad de gobierno, de transparencia. Es una cultura donde la gente cuando tiene un problema se asocia espontáneamente, se pone de acuerdo y reivindica o plantea sus reclamaciones a los políticos. Eso es lo que me gustaría copiar, no tanto un modelo formal como un modelo de cultura.

¿Se han debilitado los derechos civiles en estos últimos años? ¿Sería bueno reformar la Constitución para reforzarlos?

Más que debilitarse es que se han ejercitado poco, aunque sí estoy de acuerdo en el refuerzo de algunos de esos derechos civiles. Y, además, estoy a favor de una reforma constitucional, que debe ser una cosa normal.

¿En qué aspectos?

Inevitablemente, con todo lo que está pasando en Cataluña, hay que abordar la reforma de la estructura territorial. Un tema muy importante para nuestro colectivo es la separación de poderes, la independencia del Poder Judicial, el Estado de Derecho, la despolitización del Tribunal Constitucional, el Defensor del Pueblo, Tribunal de Cuentas, etc. Y ahora que lo sugieres no me parece mal reforzar derechos de participación política en los que nuestra Constitución es muy cerrada. La iniciativa legislativa popular pide medio millón de personas, cuando para toda la Unión Europea se exigesolo dos millones. Hay que reforzar el derecho a la transparencia de la información pública también y es preocupante la reforma de la Ley de Seguridad Ciudadana, que limita derechoscomo el de manifestación.

¿Hay que buscar fórmulas para estrechar la relación entre Parlamento y ciudadanía?

Estoy completamente de acuerdo, sí que habría que hacer cambios en el sistema electoral y seguramente también en los reglamentos de las Cámaras. Creo que esas fórmulas pasan por la reforma del sistema electoral y de los reglamentos de las Cámaras, porque el diagnóstico está claro. Los cargos electos de los partidos están más pendientes de las cúpulas de los partidos que les nombran y a los que le deben el puesto, que de los electores y de los ciudadanos, mientras que un parlamentario de Reino Unido se debe a un distrito y tiene que verse las caras con los vecinos. Además los reglamentos de las Cámaras son tremendamente rígidos y hacen que la vida parlamentaria de los grupos sea muy encorsetada, los diputados están muy limitados en cuanto a las cosas que pueden hacer más allá de las órdenes que les dan las cúpulas de los partidos. Todo eso crea una sensación muy clara de alejamiento de la ciudadanía.

¿Nos faltan sistemas de control efectivos de la vida política?

Está claro que tenemos muy poca rendición de cuentas. Es la pescadilla que se muerde la cola, tenemos unos partidos muy rígidos con cúpulas muy fuertes, donde la disidencia es prácticamente imposible y el debate se lleva a la prensa. Al final la rigidez del sistemafavorece la gobernabilidad y la estabilidad, pero beneficia poco la rendición de cuentas.

¿Qué pasa con los políticos vitalicios? ¿Por qué no crear una comisión que garantice la adecuada formación de nuestros políticos?

Es siempre el mismo problema, la forma de selección de los políticos por parte de las cúpulas, que prima la lealtad y la fidelidad al líder, antes que otros valores que a los ciudadanos nos pueden parecer más importantes. No es un problema de personas, sino de un sistema que permite llegar al Parlamentoa personas que van en unas listas, no por su valía o por su capacidad de trabajo sino por su fidelidad a las cúpulas. Es difícil cambiar esto, sin cambiar la democracia interna de los partidos, sin cambiar el sistema electoral, el funcionamiento de las Cámaras.

¿Es posible terminar con el trasvase de funcionarios de la Administración a la política y de la política a la Administración, incluyendo a fiscales y jueces?

El caso de fiscales y jueces es el más preocupante. Pero si se mira el perfil de nuestros políticos, una abrumadora mayoría son funcionarios. Para un funcionario, pasar a la política tiene un coste muy pequeño porque le guardan la plaza aunque sea por treinta años. Eso en el sector privado es ciencia ficción. El caso de los jueces y fiscales es muy llamativo, porque tu estás en política un montón de años y de repente pasas a juzgar a empresas y ciudadanos con quienes has tenido relación en tu vida política. ¿Qué garantía de neutralidad e imparcialidad puedes ofrecer? Hay un caso muy claro, el ex alcalde de Zaragoza, el señor Belloch. Si yo hubiera estado en la oposición política, no me habría gustadodespués encontrármelo en un juicio. Esa contaminación o falta de neutralidad, que en otros países cuidan mucho, aquí se ve muy normal y es algo que deberíamos cambiar.

Como ciudadana y profesional de la abogacía ¿Cuáles son los problemas más urgentes que debemos resolver?

A mi me preocupa mucho la debilidad de las instituciones, la falta de neutralidad, de imparcialidad y de credibilidad. En todas las encuestas del CIS, si preguntas, por ejemplo,  por el Tribunal Constitucional o el Poder Judicial, las contestaciones de los ciudadanos son demoledoras, porque piensan que no son imparciales, que el Poder Judicial está politizado, que el Constitucional está controlado por los partidos y que en la Comisión Nacional de Mercados de la Competencia han metido a los amigos. Todo eso refleja un escenario muy preocupante, donde las instituciones democráticas están bajo sospecha y la gente no se las cree. Al final, esa falta de confianza tiene consecuencias muy graves. Yo creo que Cataluña es el ejemplo extremo, pero hay otro ejemplo que es la sala que juzga lo de la Gurtel, condos de los tres magistrados recusados porque eran próximos al PP. Todas estas cosas arrojan un escenario muy grave de debilidad institucional. Curiosamente las instituciones que generan más confianza son las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, es decir, nos creemos a la Policía, nos creemos a la Guardia Civil, pero no nos creemos al Poder Judicial.

¿Qué reformas tenemos pendientes?

Todas aquellas que fortalecen el funcionamiento institucional y eso pasa necesariamente por garantizar la imparcialidad y neutralidad de las instituciones, es decir, que no se perciba que son sectarias o que se las reparten entre los partidos, sino que toman decisiones independientes, técnicas sin estar en manos de un partido. Y hacerlo no es tan complicado, de hecho, nuestra Constitución prevé instituciones neutrales e independientes, lo que pasa es que con el sistema de elección por cuotas los partidos políticos se reparten las instituciones. LaConstitución y las leyes dicen que debe haber personas con capacidad y con independencia.

¿Por qué no podemos conseguirlo?

Los principales responsables son los partidos políticos y después la ciudadanía. Cuando toca renovar el Consejo de Seguridad Nuclear, por poner un caso reciente, nombran a otra persona próxima al PP, que va en las listas, y la gente no pone el grito en el cielo, empezando por los medios. ¡Tiene que haber algún tipo de reacción contra eso!Pero la gente tampoco exige otra cosa. Quizás el ejemplo perfecto es el reparto del Consejo General del Poder Judicial entre los partidos, a través de las asociaciones judiciales, que, como todo el mundo sabe, son réplicas de los partidos y juegan a lo mismo, a repartirse los puestos, en lugar de buscar a personas independientes y capaces. Los jueces en este caso han jugado con esas reglas y no han protestado. Los que se prestan a ese juego no son solo los políticos, hay gente a la que esas reglas de juego les parece bien, especialmente, cuando les beneficia. Entonces creo que hay que hacer una reflexión, porque muchas veces decimos qué malos son los partidos, qué malos son los políticos, y cuánta gente se presta a esas reglas de juego y están encantadísimas de que le nombren como cuota de un partido o de otro.

Eso puede ser una coartada perfectapara las corruptelas

Sobre todo, es un procedimiento totalmente opaco, donde para ser nombrado lo importante no son los méritos profesionales sino las relaciones de confianza. Yo no me atrevo a decir que el nepotismo y el enchufe lleven a la corrupción, pero sin duda la facilitan.

¿De qué forma se puede combatir esa perversión?

Lo primero es ganar la batalla de la opinión pública, decir ‘esto no puede ser’, ir creando una opinión contraria a estas prácticas. Y en eso sí hemos avanzado. Cuando doy charlas, siempre digo que en una democracia los partidos políticos, si quieren ganar elecciones, tienen que estar en sintonía con la opinión pública. Si a la ciudadanía le parece un escándalo injustificable repartirse por cuotas las instituciones de este país, los partidos políticos que quieran tener un cierto éxito electoral reaccionarán y asumirán de forma natural esa reivindicación. Vuelvo al ejemplo de los jueces porque lo conozco muy bien, lo primero es que los ciudadanos entiendan que el Poder Judicial tiene que ser independiente, que elConsejo General del Poder Judicial, que hace los nombramientos más importantes de jueces y magistrados por libre designación, no puede estar politizado, porque entonces tenemos un poder judicial que no es creíble. En segundo lugar, los colectivos implicados, jueces, fiscales y magistrados,  tienen que ser muy beligerantes y decir que no quieren un sistema de reparto por cuotas políticas, y ahí no estamos todavía, porque hay colectivos en contra, pero otros no se pronuncian o están relativamente cómodos. Por dar una nota de optimismo, siempre digo que la presión de la opinión pública produce cambios bastante interesantes. La gente de Civio, una Fundación ciudadana que trabaja, sobre todo, temas de transparencia, puso en marcha El indultómetro, para contar los indultos que se publicaban en el BOE. Empezaron a soltar información y salieron cosas muy escandalosas, como que se indultaba a gente condenada por corrupción, en sentido contrario al criterio del tribunal que había juzgado. El resultado fue muy interesante: el número de indultos cayó en picado en 2014, el último año del que hay datos. De repente el Gobierno se dio cuenta de que la gente estaba mirando, que había sensibilidad. Cuando se convirtió en noticia y empezó a dar titulares, ¿qué ocurrió? pues que se cortaron a la hora de dar ese tipo de indultos.

la impresión de que la sensibilidad es directamente proporcional a los votos

Sencillamente, la gente está mirando y no le gusta que indultes a condenados por corrupción política. En mi opinión, probablemente, a Fabra –un caso paradigmático- no se le indultó porque alguien pensó que podría venir mal. Hay otro ejemplo muy bonito, al último presidente del Consejo del Poder Judicial le costó el puesto el tema de los viajes. El nuevo Consejo cuelga en la web todos los gastos de sus viajes. Otra conclusión que hemos sacado es que, en el año 2014, los gastos de viajes eran la mitad que en los años donde no se tenía información de esos gastos. Conclusión: estoy viajando con tu dinero, con dinero público, desde que me miras me gasto la mitad que cuando no mirabas.

¿Cuánta responsabilidad tenemos los periodistas en estas cuestiones?

¡Uy, grandísima!En este país, los periodistas tenéis un papel y una responsabilidad esenciales, en el sentido de darle voz a estas cosas para que no queden en un ámbito muy reducido. Los actos de la sociedad civil tienen un alcance limitado, si no cuentancon el apoyo de los medios. En una democracia representativa se necesita que los partidos se muevan; y lo van a hacer, más que por convencimiento, porque hay un montón de gente dispuesta a llevarse su voto de un lado a otro.

¿La forma de hacer política debería cambiar?

Hay que cambiar las reglas de juego, si queremos unos partidos políticos con más democracia interna y rendición de cuentas, con más contrapesos y con más responsables que respondan al electorado. Mi esperanza es que los nuevos partidos no tienenla hipoteca de repartir cargos -colocar a no sé cuentos en diputaciones provinciales o a no sé quien en listas electorales, algunos problemas de los viejos partidos-, y pueden estar en condiciones de cambiar esas reglas de juego. Me temo que sin cambio, en poco tiempo,se tienen comportamientos parecidos a los de los viejos partidos, porque es muy difícil decir ‘a partir de ahora, los puestos se deciden por primarias o los cargos no son a dedo’.