María González Romero: “La mediación es una herramienta eficaz para gestionar los conflictos”

 

 

“La mediación es una herramienta eficaz para gestionar los conflictos. Da paso a la escucha y a la empatía necesaria para entender  al otro”. Esa es la tarea que desempeña en la actualidad la abogada María González, haciendo acompañamiento en procesos de justicia restaurativa desde la Asociación para la Mediación, la Escucha y el Encuentro (AMEE). Antes ejerció como letrada de asuntos de propiedad intelectual, gestionó el gabinete de un líder político y coordinó la puesta en marcha de la Fundación Felipe González, que acaba de hacer pública buena parte de sus fondos para consulta de cualquier ciudadano, un hecho insólito en España. Convencida del poder de la igualdad entre mujeres y hombres, cree que es necesario dejar de alimentar la emoción de la rabia, que da fuerza a los extremistas en buena parte del mundo. Esta mediadora especialista en Comunicación NoViolenta está convencida de que hay salida para la situación en Cataluña, si se hace un trabajo intenso, multiparte y con muchas intervenciones. “Hacen falta personas que crean que es posible ayudar a las partes a expresarse y escuchar”, asegura.

 

Por Agustina Sangüesa

 

¿Lo de patentes y marcas no era lo suyo?

Me salí del mundo de patentes y marcas con una sensación de hastío por las esperas de los tiempos procesales y los ritmos de las cosas, por una necesidad clara de evolución y con la certeza de que mi trabajo no iba a tener resultados en función de mi esfuerzo sino de otros factores ajenos que me frustraban mucho. En ese momento, mi padre también necesitaba a alguien que le ayudara a coordinar el gabinete. Entonces tenía 26 años. Y empecé a trabajar con él.

¿Qué aprendió en el Gabinete de Felipe González?

Lo primero que aprendí fue a no pisar callos, porque había personas con mucho recorrido trabajando ahí. Y yo era la hija del  jefe, muy jovencita y sin ninguna experiencia. Fue una labor delicada estar allí sin incomodar, ni importunar el papel y la trayectoria de nadie.

¿Qué es para usted el legado más importante del presidente González? 

Lo más importante de su legado es la transformación, la modernización y la apertura de España al mundo. Durante muchos años nadie nos tuvo en cuenta. Y el trabajo sostenido de una generación completa, su visión sobre  la necesidad de conectarse con otros países y el deseo de construir una Europa como la que imaginaban,  nos hizo crecer mucho y ser un personaje relevante para otros grandes países  que, hasta entonces, no nos miraban como alguien a quien escuchar.

¿En qué sustentaba su liderazgo?

Lo más destacable de la figura de mi padre, desde mi punto de vista, es su capacidad de diálogo, su fortaleza  emocional, la capacidad de sostener durante muchos años una responsabilidad como aquella sin perder la compostura y la cordura. Creo que es importante destacarlo porque fueron muchos años y muy complejos. Y no empezaron en 1982, sino mucho antes, con un trabajo y unos retos  intensos. Por eso creo que la capacidad de diálogo y la fortaleza emocional fueron dos elementos esenciales.

¿Qué se pudo hacer y no se hizo?

Organizar el relevo.

¿Dentro del Partido Socialista?

Sí, preparar más cómo se iban a hacer las cosas, quién se haría cargo de aquello. Creo que estuvieron tan atentos a su propia responsabilidad que no pensaron que en algún momento dejarían de estar en la primera fila y que iban a dejar a los próximos sin preparar.

¿Quiere decir que, en buena medida, el  relevo se improvisó?

Me da la sensación de que no se preparó lo suficiente. No me atrevo a calificarlo como improvisación.  Yo no estaba allí. Pero creo que podrían haber estructurado mejor el legado, de manera que quien viniera después pudiera tomar el relevo con más solidez.

 

En los archivos del presidente González, abiertos al público, “me ha impresionado ver el esquema que tenía para la investidura de 1982 porque era un plan de transformación de un país a 20 años vista” 

 

Es el primer presidente que abre sus archivos ¿Qué va a aportar y qué deja de ofrecer?

Ofrece lo que tenemos y podemos mostrar. Nuestro límite es la ley y dentro de ese traje todo lo que tenemos está disponible. El ritmo de colgarlo online para que cualquiera pueda consultarlo nos lo va marcando la capacidad financiera para hacer la digitalización y el tratamiento de la documentación. La voluntad siempre ha sido preservar, en primer lugar. Al despertarse esta conciencia en 2011 sobre qué es el archivo y qué podemos ofrecer, el diagnóstico fue alarmante, porque no sabíamos qué había, dónde estaba y en qué condiciones. Empezamos a buscar y encontramos documentación en lugares muy dispersos y en condiciones muy lamentables. La labor fundamental fue garantizar que no se perdiera ese material, porque hay faxes de los 90 que se han borrado o documentos con grapa oxidadas que han manchado el contenido, es decir, hay que actuar con cierta premura.

¿Cómo se financia este proyecto?

Ahora mismo con donaciones privadas y a través de convenios de colaboración con empresas privadas.

De todo lo que ha visto ¿qué le ha impresionado más?

Me ha impresionado el esquema que tenía (Felipe González) para la investidura del 82.

¿Por qué?

Porque era un plan de transformación de un país a 20 años vista. Y no sabían cuanto iban a durar,  cuánto tiempo iban a estar allí. ¡No tenían ni idea de lo que iba a pasar! Pero en 1982 imaginaban un proyecto en grande y tenían una perspectiva tan ambiciosa como la de transformar un país. Es que si no tienes ese impulso y esa ambición…

 

“Lo que se ve desde fuera (en política) son iniciativas de corto plazo y en cuanto surge un atisbo de algo más grande parece que es imposible ponerse de acuerdo.Pero ¿cómo va a ser imposible ponerse de acuerdo? Por supuesto que cada uno milita donde quiere pero es preciso crear un proyecto para todos”

 

Quizás es lo que falta ahora, un proyecto político a medio y largo plazo ¿no?

Yo no estoy en la política de ahora, y no quiero juzgar.  Hay que verse ahí para poder opinar con fundamento.  Comprendo que los equilibrios son complejos y, al mismo tiempo, si algo he aprendido poniendo en marcha el proyecto de la Fundación Felipe González es que es posible construir acuerdos en situaciones muy complejas. Lo que se ve desde fuera son iniciativas de corto plazo y en cuanto surge un atisbo de algo más grande parece que es imposible ponerse de acuerdo. Pero ¿cómo va a ser imposible? No puedo aceptar eso: tiene que ser posible ponerse de acuerdo. Tenemos que llegar a un lugar en el que todo el mundo pueda ver que hay un espacio de evolución para todos independientemente de tu ideología, tendencia y prioridades. Tenemos que construir un lugar común para todos porque como país no somos de izquierdas o de derechas. Por supuesto que cada uno milita donde quiere pero es preciso crear un proyecto para todos.

¿No tiene la sensación de que la política ha perdido su capacidad de explicar qué hace, cómo y con qué objetivos? Nadie precisa qué va a pasar con las pensiones, no se aclara si estamos en peligro de una nueva recesión…

Sí, tengo esa sensación. Y es frustrante.

¿Nos faltan políticos bien preparados para construir  un proyecto común, para hacer las transformaciones necesarias, para contar a la ciudadanía los riesgos y las ventajas de lo que sucede?

Quizá es un problema de comunicación, tal vez no sepamos en lo que están realmente. Lo que nos llega parece  ajeno a nuestros problemas como ciudadanos. Creo que es necesario resistirse a las trampas. ¿Cuántos días hemos hablado de los másteres? No me gusta que la gente mienta en su currículum pero no podemos estirar este tipo de asuntos hasta que pareciera que todo el que está en política es sospechoso de algo.

 

¿Es útil la mediación en el caso de Cataluña?: “Viniendo de donde vienen y como el corazón del conflicto es emocional,  hay que pasar por hablar de eso, legitimarlo, darle su espacio y trascender después a la negociación en el plano de la política”

 

Quiere decir que hay que arreglar las cosas y seguir trabajando ¿no?

Se hace guerra con eso, que también contribuye al clima de crispación. Y en esa guerra no solo participan los políticos, sino algunos medios de comunicación que hacen negocio echando  gasolina al fuego… Es lo que se dijo en el tercer encuentro por el diálogo “Hablemos/Parlem”, de Sociedad Civil por el Debate, que tendría que haber una iniciativa en pro de mostrar la información de otra manera, con independencia de la línea editorial de cada medio. Estamos dándole mucho de comer a la rabia y esto tiene consecuencias.

En esa reunión usted rectificó una información falsa

Yo me sentí en la necesidad de matizar una frase que algunos medios atribuyeron a Felipe González, tras el acto con José María Aznar, cuando se preguntó si “conduce a algo” el diálogo con los independentistas que intenta Pedro Sánchez. Esta frase te lleva a pensar que este señor no quiere dialogar con los independentistas. Pero si hay algo que define la figura de mi padre es la predisposición al diálogo siempre y con todo el mundo. Esa frase está sacada de contexto para hacer un titular. Pero si se lee el resto de la declaración, se entiende que su opción sería, incluso, hablar por hablar antes que no hablar. ¿Quién saca ese titular y con qué fin? ¿Qué quiere conseguir al descontextualiza ese titular? Contribuir a un clima que no va a favorecer  el diálogo, utilizar a una persona para sacar un titular que te va a vender más periódicos o te va a dar más visitas. Pero ¿de qué estamos hablando?

Dicen que ahora la comunicación entre políticos es especialmente agresiva

Es que en este país se hace política de esa manera, parece que no hay forma de evitar esa crispación.

En el primer ‘cara a cara’ parlamentario de Pablo Casado con el presidente Sánchez fue inevitable acordarse  del ‘Váyase, Señor González’ que acuñó Aznar como jefe de la oposición en tiempos difíciles para el Gobierno socialista. ¿Fue duro aquel acoso político?

Sí, los 90 fueron duros, años de mucha crispación. Lo que pasa es que se nos olvida. Muchas personas creen que lo de ahora es gravísimo y no recuerdan lo que pasó a finales de los 70 y también en los años 80, cuando el clima era muy tenso para un Gobierno sólido que contaba con una mayoría como nunca. Y además teníamos a ETA matando todos los meses, un elemento muy desestabilizador.

¿La mediación es una salida contra la violencia?

En cierto modo sí. Desde la perspectiva de la Comunicación NoViolenta, la mediación puede contribuir a que aprendamos a ver el mensaje que hay debajo de lo que escuchamos. Rosenberg -impulsor de la CNV- decía que él nunca escuchaba lo que las personas pensaban y decían, sino lo que sentían y necesitaban. El papel del mediador consiste en traducir los mensajes de las partes, en clave de sentimientos y necesidades, pidiendo que verbalicen lo que el otro siente y necesita. De este modo, la empatía deja de ser intelectual y pasa al plano de la experiencia. Decir lo que siente y necesita aquella persona con la que tengo el conflicto, y hacerlo muchas veces a lo largo de una mediación, hace que el ejercicio de la empatía se integre en mí. Y a la inversa, el otro refleja lo que yo siento y necesito. Es un círculo virtuoso de expresión y escucha empática.

¿Qué papel puede jugar la mediación en la recuperación del diálogo, de la capacidad de hablar, de empatizar, de llegar a acuerdos, de pactar?

La mediación puede jugar un papel muy importante porque contribuye a la comunicación entre personas en posiciones muy distintas. El problema viene cuando dos personas hablan pero no se comunican ni modifican sus argumentos.  Esto se ve muchas veces en las intervenciones del Congreso, con parlamentarios que han preparado un argumento y les da igual la contestación que reciban porque han previsto la respuesta. No se admite que lo que tu digas pueda transformar lo que yo pienso, como si eso fuera una renuncia. Y nos agarramos mucho a lo que creemos que somos, a la idea que defendemos.

¿Cuál es la función del mediador?

En el caso  de la mediación en clave de Comunicación NoViolenta, a la que yo me he acercado, el mediador lo único que hace es traducir; en ningún caso actúa como árbitro, ni se mete en el análisis del problema. Su labor no es menor, porque a base de traducir mensajes promueve el acercamiento de las partes. En el caso de un conflicto, cuando yo traduzco el mensaje de una parte en un lenguaje que el otro pueda escuchar y hago que las dos partes verbalicen lo que vive el otro, viven la empatía en su propio cuerpo, como algo físico: sentir de verdad en mi cuerpo cómo te estás sintiendo tú y que estás necesitando. Y de algún modo este tipo de conciencia, más amplia y más allá de lo racional, me acerca al otro como ser humano. Y eso hace que de algún modo sea capaz de cuestionar mi propio ‘traje’ y separarme un poco de mi argumento, para ver el conflicto con algo de perspectiva. De esta forma se pueden ver un abanico más amplio de soluciones.

 

La herida de ETA:  ” Creo que todos necesitamos un poco más de tiempo. El trabajo a través de la mediación y la justicia restaurativa pueden contribuir a superar el dolor producido después de tantos años de conflicto

 

¿La mediación sirve para cerrar adecuadamente conflictos como el terrorismo de ETA?

Hace falta mucho tiempo para digerir todo eso y superar como sociedad lo que supuso el fenómeno del terrorismo de ETA en Euskadi y en el resto de España. Esto se ve muy bien en el libro Patria, donde parece que respiras el ambiente que se generó allí. Creo que todos necesitamos un poco más de tiempo y, a la vez, el trabajo a través de la mediación y la justicia restaurativa pueden contribuir a superar el dolor producido después de tantos años de conflicto.

Pero se hizo un ensayo de mediación muy importante al que no se le ha dado apenas relieve

Sí, en Nanclares. No se le ha dado mucha publicidad. A veces es difícil hablar de esto porque  a una parte de la sociedad le resulta difícil de escuchar. ¿Por qué vas a querer sentar al terrorista con el familiar de una de sus víctimas? No todo el mundo cree en esta herramienta, pero ¿qué otra cosa podríamos hacer si queremos convivir en paz?

¿Qué ha representado esa mediación?

La posibilidad de reinserción; la posibilidad de reconstruir un tejido social en el que todos los integrantes de este sociedad se sientan dignos y parte de la sociedad, no permanentemente en dos bandos. La oportunidad de vivir en paz.

¿Cómo se vivían los ‘años de plomo’ en casa?

Se masticaban. Horrible. Con mucha tensión, mucho peso y mucha responsabilidad. No sé, yo era una niña, seguramente no lo veía igual que ahora, pero había mucha tristeza, mucha preocupación.

¿Con cuántos años llegaste a Moncloa?

Yo llegué a Moncloa con 4 años y salí con 17. Recuerdo esa sensación de miedo hacia lo que le podía pasar a mis padres.

Mataron a  muchos compañeros y amigos

Mataron a gente muy próxima, muy querida, a Tomás y Valiente, a Ernest Lluch… A muchas personas… amigos, conocidos. También a personas que no conocíamos pero dolían igual.

Qué dolor, ¿verdad?

Mucho. Muy grande… Y ¡qué impotencia!

¿Ha vivido de cerca algún proceso de mediación entre víctima y terrorista?

Con etarras aún no. Colaboro con la Asociación para la Mediación, la Escucha y el Encuentro (AMEE) y hacemos acompañamiento en procesos de justicia restaurativa. Son presos por distintas causas: robo, homicidio, tráfico por estupefacientes; no hay violencia de género, no hay violadores ni pedófilos, porque la asociación considera que necesitan un tratamiento de tipo terapéutico. Pero en los otros casos, el proceso es el mismo siempre. Se hace trabajo en grupo, de acompañamiento hacia un lugar de responsabilización sobre lo que hicieron y una mirada más allá de la culpa, mucho más cargada de aprendizaje: esto sucedió en mi vida,  puedo ver que elegí  hacer aquello y puedo asumir la responsabilidad de que lo hice –aunque algunos están lejos porque caen la trampa de pensar que no tuvieron ‘oportunidades, solo la opción de delinquir’, o simplemente necesitan más tiempo para verlo. La ley tipificó su acción como un delito y les ha llevado a la cárcel. Les acompañamos a que distingan la necesidad que trataban de alimentar cuando cometieron el delito, y la estrategia que eligieron, que en ese caso fue cometer un acto tipificado como delito. En el fondo, en la historia de vida de cualquiera de nosotros, siempre hay eventos hacia los que nos sentimos culpables o que juzgamos como equivocados que han generado dolor en nuestra vida o en la de los que nos rodean, aunque  las estrategias que elegimos, y causaron dolor, no implicaban cometer un delito.  Además de la responsabilización les proponemos un trabajo de restauración del daño a través de la colaboración con entidades que actúen sobre el área en la que delinquieron. Y, por último, el encuentro con la víctima directa, si es posible, o bien alguien que haya sido víctima en un delito similar y quiera asistir a un encuentro restaurativo.

¿La cárcel rehabilita?

La cárcel da tiempo para parar y pensar. Si lo aprovechas, puede tener sentido en tu proceso de maduración y de responsabilización. Pero hace falta intervención y acompañamiento. Desde mi punto de vista, hay muchísimas iniciativas en la cárcel pero faltan recursos.

¿Qué piensas  de la prisión permanente?

No sirve para mucho. Si estamos en esa deriva como sociedad, ¿por qué no aprobar la pena de muerte? ¿De qué nos sirve tener a alguien en la cárcel indefinidamente? ¿No sería más útil destinar esos recursos a trabajar en la reinserción y/o el tratamiento de aquellos que hayan delinquido? Como sociedad deberíamos ser capaces de hacer otra cosa. Cada delito es distinto y cada ser humano necesita un tratamiento concreto y una atención personalizada. Si aquello que no nos gusta  lo metemos debajo de la alfombra no estamos resolviendo nada.

¿Es útil la mediación en el caso de Cataluña?

… En los procesos de conflicto que he analizado hay dos personas, o dos grupos pequeños que participan en el proceso, y uno o dos mediadores. En  un conflicto como el de Cataluña en el que, además, hay dos grandes bloques que incluyen  muchas más partes, cada persona que se siente parte de uno de los bloques vive de una manera el conflicto y cada  forma de vivirlo  es legítima en la medida en que no hay nadie que pueda juzgar si los sentimientos del otro son o no son oportunos, los sentimientos simplemente SON. No podemos definir de una sola manera el bloque constitucionalista y el independentista. En ese sentido, el trabajo, aparte de intenso, es multiparte y necesita muchas intervenciones, hacen falta personas que crean que esto es posible para empezar el entendimiento y el diálogo. A partir de ahí, la intervención de uno o varios mediadores ayudaría a facilitar ese diálogo, por lo menos  en el inicio, porque después, una vez superado el tema emocional que, desde mi punto de vista, dificulta en gran medida el avance, deberían ser capaces de hacerlo por sí mismos y pasar a tratar intereses y posiciones. Pero en los primeros momentos quizá sea preciso alguien que ayude a las dos partes a traducir y a legitimar el dolor que han vivido. Viniendo de donde vienen y como el corazón del conflicto es emocional,  hay que pasar por hablar de eso, legitimarlo, darle su espacio y trascender después a la negociación en el plano de la política.

¿Crees que la situación en Cataluña tiene salida?

Yo creo que sí. De una manera u otra, trascenderemos a otro sitio. Es responsabilidad de todos ver adonde llegamos. Pero no concibo que se congele la situación y nos quedemos así para siempre. No es posible.

¿Lo que sucede en Cataluña refleja, de alguna manera, lo que sucede en el mundo con el triunfo de opciones de ultraderecha, populistas y ultranacionalistas?

… Sí. Pero todo se basa en el miedo a lo distinto, a lo desconocido. Todas esas fuerzas  llegan al poder utilizando  ese miedo, azuzándolo.

¿La rabia es la emoción que más está movilizando a la ultraderecha en el mundo?

Por supuesto. La rabia  y el miedo es la emoción que alimenta a cualquier extremismo

¿De la rabia al odio hay un camino corto?

Claro, porque además van dirigidos a deshumanizar al otro, dejar de verlo como un igual y verlo como un objeto, o como alguien peligroso, dañino para mí. Una amenaza a la que hay que combatir.

¿Qué hace la ciudadanía para contribuir de una manera mucho más responsable, activa y consciente a la transformación de la sociedad? ¿Qué actitud y qué comportamientos nuevos tiene que adoptar?¿Cree que estamos recuperando el convencimiento de que tenemos que colaborar activamente en la gestión de la cosa pública?

Sí,  lo que nos hace avanzar es la suma de los impulsos individuales, con responsabilidad y la capacidad de transformación de cada uno en su entorno y en su medida. Si cada uno se compromete con eso, construimos mucho entre todos. 

En ese sentido, la reunión “Hablemos/Parlem” impulsada por  Sociedad Civil por el Debate, en el Rectorado de Lleida, es  muy representativa, porque ha juntado la fuerza de procuradoras, abogadas, analistas políticos, economistas, empresarias, farmacéuticas, mediadoras, ingenieros, arquitectos, escritores y periodistas…

Sí, en el encuentro al que asistí había una representación muy amplia de la sociedad tratando un tema que no necesariamente le toca en su día a día. No son agentes del cambio a la manera tradicional, pero pueden serlo participando a través de estas iniciativas de diálogo, imaginando propuestas de la sociedad civil hacia la clase política, o sea, visibilizando que nos importa lo que sucede, que nos sentimos implicados y que tenemos opiniones que podrían aportar.

¿Cuál es el fenómeno de la sociedad contemporánea qué le preocupa más en este momento: la respuesta europea a la migración, la xenofobia, la violencia de género…?

No puedo elegir uno. Entre los que has mencionado el nexo común es la violencia. Lo que más me preocupa es que la sociedad se mueva en términos de violencia y miedo, expresándolo en tantas maneras de comunicarse,  y en entornos tan distintos, en las instituciones, en las empresas, en las familias, en los colegios… Hay muchas formas de violencia, y la que no es expresa, la violencia en el lenguaje, la falta de empatía… es muy común y en la medida en que es menos visible, es más difícil de identificar y transformar.

¿En el Parlamento?

¡Claro! También se ve en esa representación de la sociedad. Todo está teñido de lo mismo.

Dice que llegó  a La Moncloa con cuatro años y salió  con 17. Parece un período de vida decisivo en la vida de cualquiera.  ¿Le ha costado mucho a María González Romero construir su propia identidad?

Sí (pausa larga). Sí. Encontrar mi valor, lo que aporto, la seguridad de quien soy. Pero eso no creo que sea exclusivo de alguien que ha vivido de los 4 a los 17 años en Moncloa.

¿Y de alguien que ha crecido a la sombra de Felipe González?

Claro… Pero a la vez tiene cosas maravillosas. Vivir en Moncloa ha sido lo que me ha tocado y lo de la sombra suena grave, pero no va más que de encontrar mi lugar, sacudirme aquello que me condiciona y tomar por bueno lo que me ha aportado tener tan cerca de alguien como mi padre.

¿Y quién es usted ahora?

Uhmm… Es una pregunta muy interesante. Alguien que quiere contribuir desde mi propio lugar a la vida de otros. Contribuir a facilitar la comunicación, contribuir a vivir los conflictos desde otro lugar, compartir cosas que a mí me han servido. ¿Quién soy? Pues alguien que le ha perdido el miedo al conflicto y que quiere compartir este aprendizaje.

¿Por qué le ha impactado tanto el conflicto? ¿Por qué se ha convertido el conflicto en un núcleo de su pensamiento, de su acción?

Pues porque en el histórico de mi vida, por cómo se conformó mi personalidad, yo siempre había rehuido del conflicto y lo había vivido con tensión, quizá con miedo.

¿Tenía miedo a los conflictos?

No me gustaba el conflicto y trataba de evitarlo. Y llegó el día en el que entendí que eso solo acumulaba cosas, no producía nada positivo en mi vida. Es verdad que encontrar esta forma de expresión que llamamos Comunicación NoViolenta, que sirve para acercar tanto las posturas, ayuda porque a mí me garantiza que voy a ser capaz de encontrar las palabras para que el otro sea capaz de escuchar lo que quiero decirle. Y que si no lo logro en el primer round, tengo todas las oportunidades, de las que yo quiera disponer y el otro me de, para conseguirlo. Esto libera mucho y te hace sentir autónoma y emocionalmente libre para expresar lo que sea.

Supongo que esa tensión que le generaba el conflicto se produciría por estar cerca del poder. ¿Cree que se puede negociar más fuera del poder que dentro?

No sé, yo nunca he estado en el poder, ni he tenido responsabilidad de poder. La verdad es que no sé si tiene algo que ver. No me refería a los conflictos grandes como el terrorismo,  iba más a mi vivencia con el conflicto personal pequeño y mediano que tienes en el día a día y con las personas más cercanas,  y la necesidad de conexión con el otro que  para mí es muy importante, y temía perderla a través de un conflicto. Mantener esa conexión, independientemente de la discrepancia  de opiniones, es lo que he aprendido a través de la Comunicación NoViolenta. Eso es la empatía.

 

8M, la sacudida de prejuicios para una expresión libre

 

¿Qué representó para Usted el movimiento global del 8M?

Mucha esperanza, mucha ilusión.

No lo esperábamos con tanta fuerza…

No, no lo esperábamos y, menos, con tanta fuerza. Este país fue uno de los que más se movilizaron del mundo. Para mí fue muy esperanzador asistir a la manifestación  con tantas mujeres y hombres  que creemos en la igualdad.

Esa igualdad es el objetivo del feminismo. Resulta increíble que todavía haya que explicarlo, ¿no le parece?

Sí, porque todavía lo utilizan como arma arrojadiza, como algo excluyente. La definición de machismo es la supremacía del hombre sobre la mujer. Y la del feminismo es la igualdad entre el hombre y la mujer. No son opuestos. Ni muchísimo menos. Es que no son comparables. Entonces, por supuesto que soy feminista ¿Cómo no serlo? Todos deberíamos serlo. En ese sentido, el movimiento del 8M fue maravilloso y, al mismo tiempo, caminaba entre esas personas y había gritos que no iban conmigo, que no hablaban por mí. No creo que nos vaya a llevar a un lugar de evolución culpar a los hombres de lo que nos pasa a las mujeres o exigirles una responsabilidad sobre un desequilibrio construido a lo largo de cientos de años. No podemos hacerles pagar a los hombres de hoy por los agravios de la historia. Si no nos colocamos en un lugar de construcción y estamos más en la lucha, alimentamos el miedo del otro, perdemos fuerza y  nos ven como agresivas, violentas, alguien al que temer de algún modo; también lo pueden utilizar llamándonos panda de histéricas o de feminazis… Para mí, es muy importante poder defender con toda la solvencia posible que el feminismo promueve la igualdad entre hombres y mujeres y que eso no suponga arrojárselo a la cara a nadie.

Es algo que ha calado tan profundo que incluso ha calado entre clases sociales. Por ejemplo, es muy llamativo que la banquera Ana Botín declarase ‘yo soy feminista’, situándose en la misma onda que millones de mujeres de toda condición social y económica. ¿Cómo lo ve?

La realidad es que no todas estamos. Aún hay mujeres y hombres que no son feministas y que creen en el hecho, según su experiencia, de que los hombres valen para unas cosas y las mujeres para otras. Vencer eso nos va a costar un tiempo. Para mí fue muy ilusionante ver todo ese movimiento porque durante muchos años había tenido la sensación de que mujeres de mi generación –acabo de cumplir 40- se habían conformado con lo que había. Mi madre luchó mucho por conseguir cosas, porque venía de muy atrás en el camino. En la República, después de aquel discurso maravilloso de Clara Campoamor, las mujeres consiguieron acceder al derecho al voto, a ser consideradas, con las primeras incursiones en algunas profesiones. Después, la nada en el franquismo y la relegación de la mujer como  mera reproductora y cuidadora. En los años 60, 70 y 80 de nuevo se da una lucha expresa por devolver la igualdad a la mujer. No  hay nada más natural que eso de mirar al otro desde el mismo lugar, ¡Pisamos el mismo suelo, estamos hechos de lo mismo, nos distinguen muy pocas cosas!

¿Quiénes son sus referentes?

Muchas mujeres. Un ejemplo cercano, mi madre.  Su amiga Amelia Valcárcel y tantas mujeres de su generación. En otros países Wassyla Tamzali, Madeleine Albright, Sheryl Sandberg,  Chimamanda Ngozi,  Malala  Yousafzai…  La lista es enorme. Hay muchas mujeres a las que admiro.  Entre las millenials hay muchas que están alzando la voz y sacudiéndose prejuicios para expresarse libremente y no sentirse condicionadas, Lola Vendetta, Debi Hasky… También las hay que viven presas de la imagen…aún nos queda trabajo por hacer.

¿Qué recuerda del mensaje de su madre, de su forma de actuar?

El impulso, el deseo de hacer con su vida lo que quería. La enseñanza de que tu eres la dueña de tu destino que, en realidad, no dependes tanto de lo que nos habían enseñado, por ejemplo, del cuidado de los hijos. Ser madre es una faceta de ti pero no te define exclusivamente.