Manuel Campo Vidal en Aprendemos Juntos: “Es una paradoja que la comunicación sea la asignatura que menos se enseñe en la escuela”

 

 

Manuel Campo Vidal cree que Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura, tenía toda la razón cuando dijo que “el mundo se divide entre los que saben contar historias y los que no”. “En todos los ámbitos es absolutamente fundamental comunicar bien”, con “pasión” para lograr que el mensaje impacte y generando “confianza”, ha señalado el periodista en el programa #AprendemosJuntos, para lamentar la “paradoja” de que esta sea la “asignatura que menos se enseñe” en los centros educativos. La comunicación es una pieza clave en nuestra vida, en el entorno social o laboral, destaca Campo Vidal, tras subrayar el poder que tiene la palabra, el silencio, la escucha y el impacto de la emoción para comunicar correctamente: “En la educación solo nos han formado como receptores, si nos hubieran formado como emisores, los niños y jóvenes vencerían el miedo escénico. Es muy positivo que se preparen también en debates para defender sus ideas”.

Tras recordar el valor de la expresión “Yes we can”, acuñada por Barack Obama durante su campaña electoral, Campo Vidal pidió más atención para la comunicación y la palabra, porque “una sola palabra te puede cambiar la vida”, generar rechazo o permitir acercamiento. “Es muy bueno que ayudemos a los alumnos a preparar un debate para defender una idea, porque vencen el miedo escénico y son capaces de argumentar”. “Siempre que tengas una oportunidad de hablar en público, prepara bien tu intervención y aprovéchala”, recomendó.

 


“Si somos capaces de cuidar la palabra, de envolverla en silencios, seremos capaces de hacer un mundo mejor”

¿Qué les parece si hablamos de educación y de comunicación? Así empezó a hablar Manuel Campo Vidal ante un grupo de invitados al espacio Aprendemos Juntos, que realizan El País y Santillana para BBVA.

“Todos hemos leído que el mundo se divide así o de la otra manera. Se divide en norte-sur, se divide en ricos y pobres, se divide en cualquier clasificación. Fue Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura, el que dijo: “No, miren, el mundo se divide entre los que saben contar historias y los que no saben”. Y yo creo que tenía toda la razón, porque cuántas veces nos encontramos que un profesor sabe mucho, pero no lo cuenta con emoción. Y si no genera emoción, no ayuda a que aquella historia quede en la memoria de esos alumnos. Lo mismo sucede con otras personas en la política o en la empresa. Hay quien vende ascensores sin pasión y hay quien los vende con pasión. Y, desde luego, el que comunica mejor y genera más confianza es el de la pasión, ese vende más.

Por lo tanto es cierto, el mundo se divide entre los que saben contar historias y los que no saben. ¿Dónde se aprende eso? Pues el propio García Márquez dice que lo aprendió de su madre: “Mi madre, a la hora de comer, nos contaba siempre una historia que le había sucedido a ella en el mercado, con una vecina… cualquier cosa. Y cómo contaba las historias mi madre que cuando parecía que aquello ya se acababa, se sacaba como un conejito de la manga y aquello volvía a tener muchísimo interés”. Probablemente, en su casa, Gabriel García Márquez, aprendió un código narrativo que luego llevó a sus novelas y que luego, porque él era periodista de El Espectador en Colombia, era capaz de introducir literatura en aquellas historias que como reportero había conocido en la calle y que, al fin y al cabo, es a lo que hemos llamado “nuevo periodismo”, donde se mezcla el mejor periodismo y la mejor literatura.

Así que aprendamos a contar historias. Si cuentas bien las historias, te dediques a lo que te dediques, vas a ir mucho mejor. Vas a tener más resultados, vas a vender más, vas a generar más confianza. Así que le tenemos que dar importancia a la comunicación y le tenemos que dar importancia a la palabra.

Muchas veces se habla pero no se sabe exactamente qué se dice. Hay un dicho florentino, un poco cruel, que dice: “Algunos hablan por airear los dientes”. Es verdad que esas cosas pueden pasar. Pero una sola palabra te puede cambiar la vida. Una sola palabra te aleja de una persona, a lo mejor una persona que pretendes sentimentalmente, y te genera un rechazo; o te permite un acercamiento.

Todos hemos manejado el eslogan Yes, we can. Son tres palabras que nos han llenado de esperanza, nos han llenado de fuerza, ha sido movilizador.

Y déjenme poner algún ejemplo más, con diez palabras se pude derribar el muro entre dos países. Nos lo demostró en 1989, en una rueda de prensa un oscuro funcionario alemán, todavía de la República Democrática de Alemania, la república socialista cuando ya había mucha tensión, cuando se decía: “Van a autorizar en algún momento que podamos pasar de Berlín este a Berlín oeste”. Pero no se sabía en qué momento sería. Y en una rueda de prensa un periodista dijo: “Oiga, ¿pero esto cuándo va a ser posible?”. Y el funcionario respondió: “Yo creo que, efectivamente, en cualquier momento, sin demora, ya se puede hacer”. Aquella misma noche los berlineses entendieron aquellas palabras y saltaron el muro y vimos todos la imagen de cómo se reunificaba un país después de décadas de haber estado dividido.

Por lo tanto, démosle importancia a la palabra porque una sola palabra, o muy pocas, nos pueden situar mucho mejor, o no, en el escenario profesional, personal, social, en el que vivamos. Y déjenme decir que es importante acompañar esa palabra con el silencio. El silencio previo es lo que permite que estalle la palabra, que la percibamos. Y el silencio después de pronunciarla, después de esa frase, es el que nos permite que todo el mundo lo haga suyo, lo incorpore. Es como si estuviéramos ante un ordenador y dijéramos: “Guardar”, pues justo ese momento.

Así que, si somos capaces de cuidar la palabra, de prepararla, si somos capaces de envolverla y presentarla así, envuelta en silencios, lograremos que con esas ideas seamos capaces de convencer a otras personas, seamos capaces de defender mejor nuestras posiciones y seremos, en definitiva, capaces de hacer un mundo mejor. Porque muchas de las personas, millones de personas afortunadamente, que están en todo el mundo tratando de hacer el bien: tratando de ayudar a los refugiados, tratando de ayudar a las personas que llegan a nuestras costas, tratando de ayudar a los que tienen menos oportunidades, tratando de enseñar en las escuelas y en las universidades. Si manejaran mejor la palabra, si la combinaran bien con los silencios, serían capaces de multiplicar la eficacia de su acción. A eso yo les invito y estaré encantado, si les parece, de responder a sus preguntas y a sus comentarios.

El periodista que impulsó los debates electorales en España

Manuel Campo Vidal es periodista, doctor en Sociología e ingeniero técnico industrial, presidente de la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión de España y de la escuela de negocios Next International Business School, además de dirigir el Instituto de Comunicación Empresarial. Presentó y dirigió informativos en TVE y Antena 3 TV, cadena de la que fue director y posteriormente vicepresidente. También fue el máximo responsable durante cuatro años del programa de radio Hora 25 en la Cadena Ser. El periodista es el principal impulsor de los debates electorales en España, ha organizado y moderado buena parte de los cara a cara entre los candidatos a la Presidencia del Gobierno. Entre otros galardones, ha recibido el Premio Ondas, el Premio Castelar a la Eficacia Comunicativa y el Premio Camilo José Cela al Periodismo Independiente.

 

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