Los incendios forestales se apagan desde las ciudades, advierten cuatro expertos que apelan a la simbiosis entre mundo rural y urbano

 

 

 

«La lucha contra el cambio climático es una de las oportunidades de negocio más importantes de las próximas décadas». Los autores del artículo «Los incendios forestales se apagan desde las ciudades» apuntan las ventajas de descarbonizar la economía, una transformación que obligará a reinventarse a sectores industriales, como textil, transporte, plásticos y petroquímico experimentarán transformaciones como nunca antes en los últimos doscientos años. «El futuro de nuestras ciudades pasa por establecer una relación simbiótica con el mundo rural y los sistemas naturales que configuran los paisajes que las envuelven»,  subrayan los cuatro expertos.

Por M. Palahí, X. Marcet, V. Guallart, A. Trasobares 

 

Cada verano vivimos momentos angustiosos cuando oímos y vemos como nuestros bosques se queman. Es cierto que los incendios forestales existieron siempre en el Mediterráneo, pero el riesgo se ha incrementado exponencialmente y en los últimos años hemos cruzado un punto de inflexión en diferentes zonas del planeta: California, Portugal, Grecia, Chile, y este año también Catalunya.

Este punto de inflexión se explica por la aceleración mutua de dos problemas estructurales generados durante el siglo XX y que han quedado al desnudo en este comienzo del siglo XXI: por un lado la crisis climática, especialmente palpable en las regiones mediterráneas del planeta, y que no olvidemos es debida al uso masivo de energías y materiales fósiles; y por otro lado, una urbanización sin precedentes en la historia de la humanidad que ha comportado el abandono del mundo rural y entre otras cosas ha conllevado un incremento no planificado de la superficie forestal sin gestionar.

 

Recordemos que hace cien años Catalunya tenía alrededor de un 10% de superficie forestal, mientras que hoy en día supone más del 50%. Pero el problema no son nuestros bosques, los cuales son un tesoro lleno de vida y capital natural. El problema es nuestro modelo económico, centrado exclusivamente en el concepto del producto interior bruto. Un modelo económico basado en energías fósiles como el carbón o el petróleo y materiales no renovables como el hormigón o los plásticos, que no incluye la situación ambiental del país o región a considerar. Una economía eminentemente urbana, deslumbrada por todo lo digital y que ha dado la espalda al mundo rural y a la naturaleza como principal fuente de riqueza renovable. Una economía que se define implícitamente por oposición a la ecología, cuando la ecología debería ser la nueva economía.

 

«Una urbanización sin precedentes en la historia de la humanidad que ha comportado el abandono del mundo rural y entre otras cosas ha conllevado un incremento no planificado de la superficie forestal sin gestionar»

 

El gran reto de nuestro siglo es la creación de un paradigma económico donde la prosperidad económica tenga lugar dentro de los límites renovables del planeta. Ya que sólo tenemos uno. Un paradigma económico que debe ser liderado desde nuestras ciudades, y que, por lo tanto, pasa por repensar a las mismas, las cuales son ya reliquias de la era fósil donde hormigón, acero y asfalto envuelven nuestros centros económicos y de innovación. Ya lo decía Winston Churchill: Primero creamos nuestros edificios, luego ellos nos crean a nosotros.

 

«El futuro de nuestras ciudades pasa por establecer una relación simbiótica con el mundo rural, y los sistemas naturales que configuran los paisajes que las envuelven»

 

Nuestras ciudades son responsables de más de dos terceras partes de las emisiones de CO2 y de la energía que consumimos a nivel mundial. La construcción y uso de nuestros edificios urbanos, en Europa, representa alrededor de un 50% de la energía y materiales que consumimos. Teniendo en cuenta que de cara al 2050 aún debemos construir a nivel mundial el 50% de las infraestructuras urbanas necesarias para entonces, está claro que necesitamos un nuevo modelo de ciudad que abandere un nuevo modelo económico. Un modelo basado en energías y materiales renovables, ya que nuestra economía debe funcionar dentro de las fronteras renovables del planeta. Un modelo donde nuestros recursos biológicos (agricultura, ganadería, pesca), sistemas naturales, y nuestros bosques sean reconocidos como principal infraestructura biológica y también económica. Una infraestructura que proporciona el principal y más versátil material renovable del planeta: la madera, el material del siglo XXI.

El único material de construcción que es renovable y puede ser producido de manera sostenible. Un material que en lugar de causar elevadas emisiones de carbono como en el caso del acero u hormigón, captura y almacena carbono, ya que en cada metro cúbico de productos de ingeniería de madera, almacenamos una tonelada de CO2, previamente fijada por la acción de la fotosíntesis de los árboles. Tecnología natural resultado de miles de años de la mejor ingeniería: ¡La evolución!

 

«El futuro pasa por invertir en infraestructuras verdes dentro y fuera de las ciudades, que serán el hilo conductor que conecte ecología y economía, recursos naturales e innovación, mundo rural y ciudades»

 

 

En este sentido, el futuro de nuestras ciudades pasa por establecer una relación simbiótica con el mundo rural y los sistemas naturales que configuran los paisajes que las envuelven. Pasa por invertir en infraestructuras verdes dentro y fuera de las mismas, ya que éstas a través de una nueva bioeconomía -bio significa vida- serán el hilo conductor, la correa de transmisión que conecte ecología y economía, recursos naturales e innovación, mundo rural y ciudades.

La construcción en madera está revolucionando el sector de la construcción, uno de los sectores donde la productividad lleva estancada durante décadas. Permite, a través de una nueva generación de productos de ingeniería como la madera laminada cruzada, lo que se denomina prefabricación industrial que permite construir los elementos en fábricas y realizar el ensamblaje final in situ, minimizando ruidos, desechos e incrementando seguridad y eficiencia. Este producto además podemos producirlo de manera muy competitiva con la madera de nuestros bosques. Ensayos recientes demuestran la competitividad de nuestra madera en la implementación de esta tecnología.

 

«Si no empezamos a actuar inmediatamente, muy pronto sufriremos incendios infinitamente más dañinos en vidas y bienes de los conocidos hasta ahora»

 

La madera es clave para modernizar y descarbonizar el sector de la construcción, y dicho sector es clave para financiar la gestión sostenible de nuestros bosques y atraer las inversiones necesarias para reducir los riesgos relacionados con el cambio climático, que en nuestro caso son visibles especialmente a través de los incendios forestales. Si no empezamos a actuar inmediatamente, muy pronto sufriremos incendios infinitamente más dañinos en vidas y bienes de los conocidos hasta ahora.

La lucha contra el cambio climático es una de las oportunidades de negocio más importantes de las próximas décadas, ya que pasa por descarbonizar nuestra economía, incluyendo nuestras ciudades. Para ello importantes sectores industriales deberán reinventarse, deberán pasar de utilizar recursos fósiles y modelos de negocio lineales a soluciones renovables y modelos de negocio circulares. Sectores como el textil, plásticos y petroquímico, transporte deberán experimentar transformaciones como nunca antes en los últimos doscientos años.
Las buenas noticias son que los avances que la ciencia y la tecnología están experimentando a raíz de la revolución digital, biotecnología y la ciencia de los materiales harán posible dicha transformación si se hace pronto y radicalmente. No hay tiempo para cocciones a fuego lento. Ya es factible producir fibras textiles de madera que reemplazan el dañino poliéster y al poco sostenible algodón. Ya es posible producir bioplásticos y pronto la fibra de carbono que utilizaremos para producir coches vendrá de nuestros bosques. Y todo esto puede plantearse con un marcado componente de sostenibilidad, adaptándonos a las características y productividad de cada región, gestionando los sistemas forestales para mejorar su resiliencia y adaptación al cambio climático. El siglo XXI será el siglo de las ciudades y también el de una era digital, pero sobre todo será el siglo de la biología, el siglo de la bioeconomía. Estos días se repite que los incendios se apagan en invierno, cierto, pero recordemos también que se deberán apagar en las ciudades.
Marc Palahí (Director del European Forest Institute), Xavier Marcet (Presidente de Lead to Change), Vicente Guallart (Fundador del Instituto de Arquitectura Avanzada de Catalunya) y Antoni Trasobares (Director del Centre de Ciència i Tecnologia Forestal de Catalunya).

El artículo «Los incendios forestales se apagan desde las ciudades» se publicó, el 16 de julio de 2019, en La Vanguadia.