Los hijos de mujeres asesinadas piden apoyo a la Administración para “seguir adelante”, se sienten invisibles y abandonados a su suerte

 

 

“El asesino de mi madre usó bombonas de gas, gasolina, para matarla, para destrozar, quemar y volar por los aires nuestro hogar. Con 25 años me tocó ocuparme de mi hermano pequeño, un trabajo 24 horas siete días a la semana que se une a un laberinto de puertas a las que he tenido que llamar para solucionar cada trámite: un seguro de la casa a nombre de un asesino que no se hace cargo porque fue suicidio, impuesto de sucesiones, declaración de herederos; nadie tenía el testamento hecho; cancelación de deudas; la tutela; ocuparme de la casa. Mil y un trámites, con el desembolso económico que eso conlleva. ¡Que tengo 25 años! Me siento abandonado. Mi hermano, de 10 años, está abandonado. Mi familia está abandonada”.

La explosión (21/2/2017) que ha relatado Josua Alonso en el Senado (7/5/2018) se escuchó en buena parte de la parroquia de Chapela (Redondela), causando la muerte de una pareja que se encontraba en trámite de separación. Un año después del asesinato de su madre, Josua tomaba aire para contar su historia. De esta forma, los hijos y familiares de las mujeres víctimas de violencia de género han reclamado a la Administración un “apoyo específico para seguir adelante”, porque se sienten invisibles y abandonados a su suerte.

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