La vocación de un estudiante de 18 años por servir a su país

Carlos García-Hirschfeld, estudiante

“No es fácil explicar qué es lo que mueve a uno a querer servir a su país. Supongo, que, en cierto modo es algo intrínseco y que algunos llevamos dentro y que tarde o temprano, debido a las circunstancias, acaba saliendo a la luz”. Así comienza su artículo un estudiante de 18 años que se llama Carlos García-Hirschfeld. Un chaval que, hace varios años, sorprendió a sus padres con la siguiente declaración de intenciones: “Quiero ser presidente del Gobierno”. Ahora, Carlos lo cuenta en la web de Sociedad Civil por el Debate. Y nosotros esperamos que sea el primero de los jóvenes que nos digan sus inquietudes sobre la sociedad, el país o el mundo en el que viven. Con Carlos empieza una serie que quizás demuestre que muchos chavales piensan, reflexionan y quieren contribuir a mejorar su pueblo, su ciudad, su barrio, su país. Personas que, con pocos años, ya sienten la necesidad ciudadana de contribuir a una transformación apasionante, que tal vez  empieza por hacer el esfuerzo de pensar uno mismo en qué cosas puede ser útil a los demás.

Un adolescente en la Presidencia del Gobierno

“Quiero ser presidente de mi país”. Carlos García-Hirschfeld hizo esta declaración de intenciones a sus padres con 14 años. Les pilló por sorpresa, lógicamente, pero al ver que el deseo no vencía y que el chaval sumaba argumentos, la pareja terminó por tomarse en serio la decisión del hijo que entonces estudiaba la ESO. Ahora, con 18 años y en primero de la carrera de Derecho y Administración y Dirección de Empresas, Carlos matiza su aspiración como una meta “no imposible”, aunque “si bastante más difícil de conseguir”.

Si llegara a cumplir su sueño de ser presidente, Carlos emprendería su tarea de Gobierno con un excelente nivel de inglés, conseguido durante los tres cursos de Secundaria que ha estudiado en un colegio americano de Suiza, país al que se trasladó la familia por motivos profesionales de la madre. El primer año tuvo que esforzarse bastante para alcanzar el nivel lingüístico que se le exigía en el colegio y que, de paso, le iba a servir después para hablar coloquialmente con los nuevos amigos.

Sin embargo, aquella enseñanza, pasado el primer impacto, no le parece mejor que la española, aunque ofrece “una preparación más madura, con asignaturas como historia que profundizan más en episodios nucleares como el Congreso de Viena o la Primera Guerra Mundial”. En su opinión, aquel sistema educativo es más exigente, aunque nada tienen que envidiar sus actuales compañeros de ICADE, “muy listos y con mejores notas que yo en Selectividad”.

Lo que sí aprendió en el colegio suizo, explica Carlos,es a entender conceptos e ideas que en España no se promueven, como el orgullo de país y el de patria.Y recuerda que “en el Día Internacional todo el mundo iba con su bandera, incluso pintada en la cara, y con cosas de su lugar de origen. Aquí todo eso a mucha gente le puede parecer una provocación. Yo he visto, en la universidad, como quince personas se echaban encima de una sola por llevar una bandera. Y eso no es lógico. La gente confunde los símbolos con otros conceptos del pasado”, explica.

“En España lo que hay que hacer es regenerar tanto la política como la idea de patriotismo. Lo que no puede ser es que mucha gente considere la bandera española una provocación, un símbolo fascista, cuando representa lo que es nuestro país, una Monarquía parlamentaria y constitucional. Es justo lo contrario, el fin de la dictadura”.

Para este joven, hay que generar en la mente de los españoles la idea de que la unión hace la fuerza y que estando unidos conseguiremos trabajar y avanzar hacia adelante. “Hay que hacer un clip en la mente de los españoles para que se abra como en la época de la Transición y conseguir que todos los españoles se unan. Que no llegue cada partido a tejer y destejer lo anterior, sino para buscar un bien común. Creo que en el fomento de la idea de patriotismo y de que todos tenemos una base igual está la clave para estar unidos y también, por ejemplo, para no evadir impuestos”.
En su opinión, “el problema que tenemos en este país es que mantenemos la picaresca del lazarillo. A la gente le encanta criticar a los políticos, proclamar que son unos corruptos, pero la misma persona que te lo dice no te cobra la factura, porque no paga el IVA. Al final, los dos defraudan en la misma medida. Creo que deberíamos preguntarnos: ¿Qué haría esa persona, si tuviera a su alcance los 40 millones del político y pudiera ponerlos en una cuenta B en Suiza?

El gusto por la historia llevó a Carlos a interesarse por la política, hasta que un día le dijo a su padre: “Quiero hacer algo por mi país y más en una situación de crisis como la de hace tres años. Yo sentía que mi deber era aportar buenas ideas”.

“La sociedad civil”, explica este estudiante universitario,“tiene que ser más activa, no puede ser que el único momento de unión sea cuando ganamos un Mundial; me parece deprimente que solo nos unamos cuando se hable de fútbol”.

Después de explicar que su idea fundamental de la política es “la regeneración del patriotismo en España”, Carlos proclama que este país debe“retomar el espíritu de la Transición, que todo el mundo quiera participar de forma activa en la vida social y política, que todos queramos estar informados para saber qué votar, que la gente se interese por las cosas del día a día que nos afectan a todos”.