La trama política se enreda al máximo

Puigdemont y Junqueras, Pleno del Parlament 7 de octubre de 2017.

Ni el mejor guionista enredaría una trama política tan intensa que atrapara a los espectadores con tanta pasión: peticiones de prisión a los políticos catalanes que diseñaron el golpe al Estado, desde lo duro (Abogacía del Estado) a lo durísimo (Fiscalía); respuesta agresiva contra el presidente Pedro Sánchez, desde el independentismo y desde la derecha española; ignorancia generalizada de que no estamos ante la sentencia definitiva porque queda el juicio oral y, a su inicio, la petición final de la Fiscalía; debate intenso de los penalistas sobre si hubo o no delito de rebelión -la mayoría se inclina por el no-, e incluso dudas sobre el de sedición, mientras los tertulianos claman como si todos fueran doctores en Derecho; exhibición del poso ultraderechista en las portadas de periódicos que se presentaban como templados, etc. No se podría pedir más a la imaginación de un guionista, pero la realidad la supera ampliamente.

 

Por Manuel Campo Vidal

Lo que importa es el final del siguiente capítulo, de duración estimada de siete meses: sin Presupuestos del Estado, porque Torra ya le ha dicho a Sánchez que no los apoyará y Ciudadanos no acepta la oferta de negociarlos, lo previsible es que las elecciones legislativas se celebren el 26 de mayo coincidiendo con municipales, europeas y autonómicas. Con los Presupuestos de Rajoy prorrogados, Sánchez podría llegar hasta noviembre pero su partido quizás estaría desactivado por exceso de elecciones. Si hubiera antes alguna catástrofe -lo que no es previsible, ya que desbarrar dialécticamente solo produce ruido- podría adelantarlas a marzo si quisiera. Así que tenemos Sánchez hasta mayo y, si le sale medio bien, por cuatro años más y con mayor estabilidad. La economía, por ahora, responde.

Como trama secundaria entrelazada y de gran interés aparece en el capítulo actual la posible salida de la política de la señora Cospedal y la exhumación del cadáver del general Franco del Valle de los Caídos. Puestos a desenterrar muertos -y un dictador no debe tener honores de Estado- conviene saber antes donde llevarlos porque, si termina en la catedral de la Almudena, el Gobierno habrá regalado un céntrico lugar de peregrinación a la ultraderecha. Más interesantes son las grabaciones a Cospedal y a su marido por el inefable comisario Villarejo, el tipo más peligroso de la última década, que desde prisión dispara misiles de audio contra todos, el rey Juan Carlos incluido. Cierto es que Cospedal ve en esas filtraciones la mano de Soraya Sáenz de Santamaría, a quien el exministro Margallo apodó como “la muñeca diabólica”, pero eso ya es una subtrama dentro de la trama secundaria, como en los culebrones brasileños. Nótese que La Zarzuela decretó una tregua y, con motivo del 80 aniversario de la reina Sofía, en la foto aparece hasta la infanta Cristina con sus hijos.

Volviendo a la trama principal, la abultada petición de cárcel confirma a Oriol Junqueras como referente del independentismo para dolor de Puigdemont que desde Bruselas inventa organismos para no caer en el ostracismo. El último ha sido el “Consell DE la República” que cuando los fieles acudieron a su presentación ya se llamaba “Consell PER la República”, que no es lo mismo sino bastante menos. Su fiel Quim Torra, con el expresidente fugado en la pantalla, lo presentó en la propia Generalitat, agravando el daño reputacional a la institución. Por ese motivo, el autor del interesante libro “Salvar Cataluña” le ha escrito a Torra pidiéndole el mismo salón oficial ya que ahora se dedica a “eventos de entidades privadas”. De todos los libros publicados sobre lo sucedido el último año, éste está vetado en las principales librerías catalanas, y solo se puede comprar en Amazon, porque desnuda al detalle los mecanismos de la conspiración; los libreros no quieren líos.

De agradecer el programa “Salvados”, de Jordi Evole, reconstruyendo la semana clave en la fugaz declaración de independencia. Pero lo que está sucediendo pide más episodios clarificadores.

 

Fotografía de Julio Carbo.