Javier Jiménez: ’Es necesario una Ley de prevención del suicidio con dotación, para que no quede en papel mojado’

 

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La Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio (www.redaipis.org) reclama una Ley de Prevención para tratar con eficacia un fenómeno social que provoca 4.000 muertes al año, según datos oficiales, aunque estamos muy lejos de saber las cifras reales. Faltan estudios, investigación, formación y medios para abordar los 11 casos de suicidio que se producen cada día y que se disuelven en el silencio hasta hacerse invisibles. Esta asociación, que funciona con voluntarios y sin ninguna ayuda pública, imparte cursos de formación en colegios y ha elaborado una guía de prevención y ayuda para instituciones educativas, orientadores, psicopedagogos y profesionales de la salud, encargada por la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid. También han participado en una guía de Autoayuda y otra para dirigida a familiares. Pero está casi todo por hacer. Aunque el suicido es hoy la primera causa de muerte no natural en este país, por encima de los accidentes de tráfico.
o ‘Hay que hacer programas de prevención y mantenerlos unos cuantos años, sin que los tumbe el siguiente partido que llegue al poder, porque así no hacemos nada’.
o ‘Las estadísticas no son reales’, denuncia Carlos Soto, uno de los coordinadores en AIPIS de un Grupo de Familiares y Allegados en Duelo por Suicidio.

Por Agustina Sangüesa
‘Mi mujer y yo somos supervivientes de suicidio. Teníamos una relación excelente con nuestra única hija. Ella se suicidó el 24 de enero de 2015. Tenía 18 años’. Ahí arranca el trabajo sin descanso, casi una misión, de los padres de Ariadna por la prevención del suicidio, actualmente la primera causa de muerte por motivos no naturales en este país. Cada día, 11 personas se quitan la vida y por cada una que lo consigue, otras 20 lo han intentado y probablemente vuelvan a hacerlo. Los medios de comunicación empiezan a hablar de víctimas que solo tienen 10 años, como una de las últimas niñas atendida por los profesionales de esta Asociación que tiene 14 años y sufre acoso escolar desde los nueve.
Carlos Soto y Olga Ramos, miembros de la Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio (AIPIS), advierten que la situación es más grave de lo que parece, si se tiene en cuenta que ‘las estadísticas no son reales’ y que este fenómeno afecta sobre todo, y cada vez más, a chavales adolescentes.
‘La prueba la tenemos mi mujer y yo’, explica, ’porque en el certificado de defunción de nuestra hija se puso ‘parada cardiorrespiratoria’, cuando en realidad ella ‘se precipitó después de tomar de golpe todas las pastillas que le había recetado el médico de cabecera, sin siquiera derivarla a la consulta de Psiquiatría’.
El psicólogo clínico Javier Jiménez, estudioso de la conducta suicida desde hace más de veinte años, dice que no hay ‘ninguna mano negra’ que disfrace los auténticos datos sobre suicidio. Pero asegura que ‘muchos casos no se dictaminan’ y explica que ‘no se investigan’ las 8.000 muertes de precipitados, por ahogamiento o accidentes de tráfico, ni tampoco las 700 personas que, en 2014, falleció por sobreingesta accidental de medicamentos.
Jiménez, con una amplia experiencia profesional acerca de poblaciones de riesgo, explica que para ‘dictaminar un suicidio hay que demostrar claramente que la persona se ha querido quitar la vida’. Y en muchos casos quedan fuera de las estadísticas porque solo un 20% deja una nota de despedida y apenas un 5% se quita la vida delante de alguien, de forma que en un 75% de los casos no puede asegurarse a ciencia cierta que la causa del fallecimiento se deba a un suicido.
El presidente de AIPIS, asociación nacional que trabaja en prevención y formación actualmente, lamenta que muchas instituciones y responsables políticos-sanitarios utilicen esta falta de datos para ‘decir que en su comunidad no hay muchos suicidios y que tienen una mejor salud mental’. De este modo parece innecesario el invertir esfuerzos humanos y económicos para desarrollar programas de prevención, indica.

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Carlos Soto recuerda que Ariadna no avisó, solo dijo que se encontraba ‘de bajón’, agobiada por no poder estudiar ni dormir. Nadie se dio cuenta de la pesadilla que estaba viviendo, ni los profesores ni el médico, ni siquiera el psicólogo que la atendió a lo largo de ocho sesiones. ‘El psicólogo clínico, Javier Jiménez, fundador de AIPIS, con quien me puso en contacto un amigo en aquellos días terribles, nos hizo entender que no supimos ver muchas cosas, señales como la incapacidad para afrontar tareas habituales como ir al colegio y estudiar, un cambio de actitud o una nueva forma de vestir, que en el caso de Ariadna consistió en usar de repente colores muy alegres o en tomar un par de onzas de chocolate por las noches, como si buscara cosas que le hicieran sentir mejor, indicios que nosotros entendimos como cambios positivos’.
El psicólogo clínico Javier Jimenez fue el principal precursor de la puesta en marcha de una Asociación cuyo objetivo fundamental fuera básicamente el estudio de la conducta suicida y su prevención. Por ello, junto con Antonia Jiménez, psicóloga especializada en clínica, Montserrat Montés, psicóloga educativa y otros profesionales de la psicología, crearon en 2009 AIPIS (Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio).
Desde entonces han podido comprobar el aumento paulatino y significativo de suicidios y la devastación que este hecho genera a familiares y amigos, a quienes se denomina supervivientes. Para responder a su demanda de ayuda psicológica, los profesionales de AIPIS comienzan a hacer grupos de terapia para supervivientes y es, precisamente de esas personas de donde nace FAeDS (Familiares y Allegados en Duelo por Suicidio). Este grupo, que trabaja con autonomía aunque está bajo la tutela de AIPIS, desarrolla una labor muy importante porque ‘juntos, al oírnos, nos ayudamos para hacer un trabajo sobre el complejo duelo del suicidio, que se sale de todas las normas’.
La Asociación sabía que también era fundamental impartir formación, enseñar a detectar señales de alerta vinculadas a una posible ideación suicida, porque estar informado y saber cómo actuar es la garantía de poder salvar una vida. Con ese planteamiento, AIPIS se dirigió a profesionales de la salud y a otros colectivos clave como los docentes, los padres, los adolescentes y todas las personas interesadas en conocer qué es el suicidio y qué puede causar la ideación suicida en una persona.

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En este momento, uno de los principales objetivos de la Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio (AIPIS) es reclamar una ‘Ley de Prevención dotada de medios económicos y humanos para que no se quede en papel mojado’. La organización sin ánimo de lucro, integrada por voluntarios y sin ninguna ayuda pública, está a la espera de que la Comunidad de Madrid cumpla la promesa formulada hace varios meses de constituir una mesa de trabajo.
‘Pedimos una Ley de Prevención porque el suicidio se puede evitar, en no pocas ocasiones, si sabemos qué respuesta debe darse a alguien que tiene esta idea en la cabeza’, explica Carlos Soto. Pero ‘la realidad supera la ficción’, según Javier Jiménez, porque los servicios de salud mental están saturados y las citaciones para llegar al especialista se están dando a tres y cuatro meses vista. En su opinión, hay que convocar más plazas de psicólogos y psiquiatras y aumentar la formación de los profesionales, entre otros motivos, porque en ‘la carrera de Psicología no se estudia nada sobre conducta suicida y, mucho menos, una especialidad’.
‘Crisis multicausal
Ariadna estudiaba en el Fortuny, un instituto de Madrid que se considera ‘duro’ y que registra una de las calificaciones más altas. Los profesores lo llaman centro de ‘jubilación’, porque muchos quieren acabar allí su vida laboral. Todo esto explica, según Carlos Soto, que cuente con muy buenos profesores, en algunos casos, de mucha edad. Aún teniendo claro que el suicidio es un fenómeno multicausal, los padres de Ariadna apuntan que los ‘cambios de criterio’ de uno de las docentes más veteranos, de alguna manera, pudo haber sido uno de los desencadenantes de la crisis final de su hija.
Ariadna quería hacer voluntariado, estudiar Relaciones Internacionales en una universidad extranjera y vivir en La Toscana (Italia). Estudiaba japonés en las vacaciones, le gustaba aprender, leer, ir a pintura, era inteligente y madura, por eso esperó a los 18 años. Después del episodio de la profesora, solo nos dijo que ‘estaba agobiada, que no podía dormir, que tenía un bajón y no podía estudiar.
Los padres explican que buscaron la ayuda de un psicólogo, que les recomendó suspender durante un tiempo la asistencia a clase de Ariadna, como medida para rebajar su nivel de presión y autoexigencia. ‘Suponemos que a partir de ahí nuestra hija estuvo masticando una depresión que nosotros no pudimos ver y de la que no contó nada más. Luego hemos sabido que la mayoría de los afectados no habla para no hacer daño a su entorno más próximo, prefieren ocultar el dolor inmenso que les causa la depresión. Por eso es tan importante decirle a los chicos que es fundamental contar lo que les pasa’, indica.
Carlos Soto subraya que ‘primero hay que hacer prevención y luego tratar el problema’, porque la mayoría de los niños avisa cuando ya es tarde, como ocurre en los casos de acoso escolar.
Falta información
Después de lo de Ariadna, supimos que ‘era el sexto caso de suicido en su instituto, en un periodo de seis años y tenemos indicios de que ni siquiera se había avisado a Inspección’. En su opinión, el centro de enseñanza debe dar información a los alumnos cuando sucede algo así, porque ‘la no información es lo que puede llevar a otros adolescentes vulnerables a tener una ideación suicida si se encuentran en una fase crítica o, incluso, a que animen a quienes ya han tenido ese pensamiento.
‘Los chicos tienen mucha información pero es segada, aunque la OMS hizo un documento de cómo los medios tienen que tocar el tema. Nosotros hemos comprobado que, en general, los periodistas siguen sin tener idea, sólo reciben la ‘orden’ de no hablar de ello porque es ‘muy complicado’, porque ‘se induce a’, lo que en su opinión son ‘mitos absolutamente falsos’, y que si no acabamos hablando de ello, va a más, como en otras muchas cosas el silencio es lo que mata.
Guía sin distribuir
La educación juega un papel clave en la vida de los jóvenes, en especial, de los que se encuentran en situación de riesgo por diversos factores. Por eso, Carlos Soto lamenta que la Comunidad de Madrid no haya distribuido aún la Guía preventiva para los docentes después de pedir a AIPIS su elaboración.
‘La guía da pautas ilustra a los profesores acerca de qué conductas deben detectar, como una excesiva introversión o un cambio radical de actitud’. Carlos Soto subraya algunas otras señales que se deben ver: no dormir, estar nerviosos, decir que están hartos de la vida o frases como ‘no quiero vivir’ y, en especial, que regalen las cosas que les gustan, porque todas esas acciones son ‘despedidas’. ‘Los responsables de AIPIS no quieren alarmar, pero insisten en que se debe estar atento a una posible depresión, que afecta a un alto porcentaje de adolescentes.
Ariadna padecía un dolor terrible que intentó explicar a través de las ocho líneas en las que el poeta ruso, Boris Pasternak (Premio Nobel de Literatura 1958) describió su sufrimiento a causa de una depresión y tras un intento suicida, cuenta Carlos Soto. ‘Nos queríamos tanto, que después de leer su carta nos quitó mucha culpabilidad al dejarnos muy claro que habíamos hecho todo lo que sabíamos hacer. Pero no podemos evitar una gran sensación de soledad e impotencia por no poder ayudar a estas personas, tan valiosas como nuestra hija, para que sigan estando aquí. Ariadna era nuestro motor y, afortunadamente, nos ha dejado una importante misión para seguir adelante’.
‘Cuando pasó lo de Ariadna, todos los chicos estaban muy asustados, montaron un homenaje y nosotros hicimos un texto para transmitirles cómo se sienten unos padres cuando pasa algo así, un desenlace que en ningún caso es una solución’. Con ayuda del AMPA del instituto, Carlos y Olga organizaron una charla de prevención para padres fuera del centro, tras la negativa de la dirección a permitir el encuentro en el instituto. ‘Vinieron muchos padres interesados en saber más y, al cabo de tres meses, supimos que esa charla destapó el caso de cinco chavales que ya lo habían intentado o lo estaban pensando en ese momento’. Soto asegura que los chicos ya están en tratamiento y algunos de ellos se encuentran fuera de peligro. “Y todo eso sucedió con una sola charla’, apunta.
Carlos Soto explica que asisten a charlas sobre terapia de duelo con psicólogos sociales, en un Centro de Atención Familiar del barrio madrileño de Chamberí. ‘Les formamos para que sepan tratar a una persona que dice pensar en el suicido, un mal que no se trata en los centros de salud’, a tenor de que las citaciones para ser atendido por un especialista se dan cuatro meses después de acudir a la primera consulta. ‘En Madrid hay dos centros de la Comunidad atendidos por dos psiquiatras muy preparadas y que funcionan muy bien, aunque solo cuenten con un equipo integrado por un médico y una enfermera. Esos medios son insuficientes cuando se dan más de 11 casos diarios de suicido efectivo en el país’, insiste Soto.
El presidente de la Asociación de Intervención, Prevención e Investigación del Suicidio subraya la urgencia de establecer en los centros de salud ‘una buena ratio de profesionales por habitantes’ y lamenta que los recortes hayan dejado al límite a los servicios sociales de Salud Mental, que se encuentran ‘saturados’ y apenas pueden atender a los pacientes con trastornos graves. También advierte sobre el peligro de ‘psiquiatrizar’ la actuación frente a la conducta suicida, entre otros motivos, porque sabemos que ‘los problemas emocionales no solo se curan con pastillas, que sí ayudan a subir el estado de ánimo pero no eliminan el sufrimiento’.

Curso de prevención en el ámbito escolar
La Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del suicidio (AIPIS) desarrollará el próximo día 28 de febrero un curso de iniciación, seguido de coloquio, dirigido a los docentes, donde también presentará una Guía para instituciones educativas, orientadores, psicopedagogos y todos aquellos profesionales de la salud interesados en la prevención de dicha conducta.
El principal objetivo del curso – dirigido a profesionales del ámbito educativo, a estudiantes de Magisterio y a profesionales de la salud, entre otros- es proporcionar información sobre la conducta suicida. Y pretende atender las continuas peticiones de los profesores de recibir indicaciones sobre cómo reconocer, de manera rápida y positiva, las señales de alerta que estén vinculadas a una posible ideación suicida, cómo actuar y a dónde dirigirse. Igualmente, se ofrecerán pautas para enfrentar el duelo en el aula ante el suicidio consumado de un alumno u otra persona del entorno escolar.
El curso se impartirá el 28 de febrero, desde las 16,00 a las 20 horas, en el colegio San Ramón y San Antonio (Rodríguez Marín, 57, Madrid). Los interesados pueden solicitar más información sobre la inscripción y otras actividades desarrolladas por AIPIS en la siguiente dirección: formacion@redaipis.org.
El programa incluye intervenciones sobre los siguientes asuntos: Estadísticas y nociones básicas; Mitos sobre la ideación suicida en los niños y adolescentes; Factores de riesgo y factores protectores, señales de alerta: ¿Cómo aprender a detectar la ideación suicida? y Estrategias de actuación en el ámbito escolar.
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