Hoguera de las vanidades

Celia Ferrero, vicepresidenta ejecutiva de ATA

Dado que la ficción de las series está de moda para definir las estrategias de los partidos políticos que optan a conformar gobierno, me permitiré referirme a la ficción literaria de Tom Wolfe, llevada también magistralmente al cine por guionistas de gran talento, para definir mi opinión sobre la situación política actual.

El juego de apariencias y la vanidad, ejes centrales de esta historia, lo son hoy también de nuestros políticos. Inmersos en guerras personalistas y en demostrar quién lleva a cabo la estrategia más inteligente y la política de comunicación más eficaz, olvidan que el reto no está en su aceptación como líderes, sino en demostrar que pueden llevar a España a serlo.

BORGEN

La ficción fagocita así nuestro día a día ante las cámaras, y los magos del storytelling  y los trolls de las redes se alimentan del inmovilismo político para el único deleite de algunos periodistas y frikis de series políticas.

Piensan que ese circo nos hará olvidar lo que realmente está pasando. Y es que en esa “Guerra de tronos”, de gallineros y corruptelas, de “reinas magas” y “zascas” televisivos, los políticos se olvidan de los ciudadanos y sus problemas, confiados en la inercia de la aún vulnerable recuperación económica.

Concursos parados, contratos sin firmar, emprendedores sin emprender, autónomos sin contratar, despidos en el aire… La sociedad, la economía y el empleo quedan “en suspense”, bajo las promesas de un “cambio” que nadie sabe si será para mejor. Pues si su único logro fuere el de “acabar” con la corrupción, objetivo loable y necesario, es evidente que dejarán de comer muchos “indecentes”, pero no llenará las bocas de los que no lo son.

El único empleo creado y que esperan crear en estos momentos es el de ellos mismos. La única historia que se pretende recuperar, es la suya, con bastantes fallos “de libro” por cierto. Así los ciudadanos asistimos, algunos embelesados y otros asustados, al desprecio de los esfuerzos y sacrificios que tantos ciudadanos han tenido que realizar para la recuperación de la economía y el empleo, al desprecio de una historia común en convivencia democrática, logro de toda la sociedad civil y la tan denostada vieja política, que optó por el perdón y el bien común de todos los españoles independientemente de su ideología.

Sólo espero que recuerden, que en la famosa serie Borgen, hoy en boca de todos y referente de una “idílica” Dinamarca que expropia bienes a los refugiados, alcanzar un pacto, sólo llevaba un capítulo. Diálogo, estabilidad, responsabilidad y respeto a todos los que conformamos la sociedad civil española debe ser el único mandato de los españoles a unos gobernantes que esperemos no arrastren a su hoguera de las vanidades a los que sólo queremos hacer una España mejor para todos.