Francisco Santolaya: ‘Es obligatorio y básico incluir psicólogos en Atención Primaria’

 

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El presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos de España, Francisco Santolaya, reclama un aumento del número de psicólogos en la escuela, tras advertir que ‘las actitudes frente al maltrato o la desigualdad de género se forman en el colegio’, donde no existe un psicólogo de la educación, pese a los graves problemas de acoso. Y pregunta cómo es posible que el número de psicólogos haya bajado en los servicios sociales en España y por qué los ayuntamientos no habilitan un servicio psicológico al ciudadano, cuando es su responsabilidad y la del Estado. En su opinión, el trabajo de este colectivo profesional ‘es ampliamente reconocido por los ciudadanos, pero no ocurre lo mismo en instancias políticas e institucionales’.

o ‘Es necesario desarrollar un registro nacional que dependa del Ministerio de Justicia, en el que los psicólogos forenses estén completamente registrados’.
o ‘No puede ser que haya personas que dicen que son psicólogos clínicos o médicos y no lo son porque no tienen una titulación’.
o ‘En los últimos 25 años estamos cambiando de modelo. Pero hay una dejación de la Administración y el sistema político español para que los partidos se pongan de acuerdo y creen leyes que permitan formar a los individuos para ser ciudadanos’.
o ‘La autoridad moral de los políticos se ha perdido por muchas razones’.

Por Agustina Sangüesa
SCD.- ¿Qué importancia tiene la presencia de psicólogos con experiencia en servicios de atención al ciudadano, como el teléfono del acoso escolar?
F.S.- Es muy importante que los psicólogos estén en primera línea en todos los temas de acoso, porque somos los únicos capaces de detectar el sufrimiento en el ser humano y de evaluar la situación desde el punto de vista psicológico y psicopatológico. Por eso, es tan importante nuestra intervención en casos de acoso escolar.
SCD.- ¿Sienten que los partidos le conceden poca importancia al papel que juegan ustedes en la sociedad?
F.S.- La psicología y los psicólogos estamos ampliamente reconocidos por la sociedad, los ciudadanos valoran nuestra aportación al bienestar. No ocurre lo mismo en instancias políticas e institucionales.
SCD.- ¿Por desconocimiento o por falta de sensibilidad?
F.S.- Creo que desconocen qué hace la Psicología. Si hiciéramos una encuesta entre políticos acerca de nuestro trabajo, se quedarían en el diván. No se dan cuenta que estamos en la educación, en la salud, en empresas, en servicios sociales, estamos en todas partes o, al menos, deberíamos estar. El problema es que, en el ámbito institucional, tienen psicólogos porque queda bien decir que están ahí, pero no se utilizan los recursos psicológicos.
SCD.- ¿Puede precisar más?
F.S.- Hablemos de salud mental. Los psicólogos estamos en atención especializada, pero no en Atención Primaria, que es donde se detectan los casos de violencia y maltrato, además de otros problemas, como depresión o ansiedad.
SCD.- ¿Qué le preocupa al Consejo General de los Psicólogos de España?
Es obligatorio y básico incluir psicólogos en Atención Primaria. Tiene que aumentar el número de psicólogos en la escuela, con un perfil específico que es el de psicólogo de la educación, con independencia de que haya equipos de orientación. El psicólogo de la educación tiene que poder hacer pruebas, analizar el entorno familiar, las situaciones conflictivas, detectar posibles casos de acoso, entre otros asuntos.
SCD.- Sería útil, incluso, un servicio de ‘psicólogo de barrio’ ¿no le parece?
F.S.- Ojalá, seguramente el psicólogo de Atención Primaria debería llamarse psicólogo de familia. Una figura que no existe.
SCD.- ¿Van a presentar alguna iniciativa?
F.S.- El Consejo General de la Psicología, los colegios profesionales y distintos colectivos, tras mantener contacto con los partidos en algunas Comunidades Autónomas, han presentado en algunos lugares una proposición no de ley pidiendo que haya psicólogos en Atención Primaria. Muchas veces los políticos admiten que son necesarios, pero solo mueven a profesionales de un destino a otro, por ejemplo de Salud Mental a Atención Primaria, con lo cual desvestimos un santo para vestir a otro. Hay estudios en Estados Unidos y Gran Bretaña que acreditan la inclusión de los psicólogos en Atención Primaria. Reino Unido incorporó hace seis años, con buenos resultados, a 4.000 psicólogos en este primer nivel sanitario.
SCD.- Da la impresión que nos queda mucho para llegar a esa decisión política ¿no cree?
F.S.- Si la política sanitaria española consiste en intervenir cuando hay patología, obviamente se van a obtener menos resultados que si se previene esa patología. Debemos estar en la puerta de entra al sistema público de salud. Y se lo explico con un ejemplo: madres con niños pequeños que consultan reiteradamente al pediatra –‘hiperfrecuentadores’ en nuestra jerga- y, al final, lo único que hay detrás de esa insistencia en revisar al bebé es un cuadro de ansiedad de la madre. Esta situación, que no es psicopatológica, sí podría atenderse para eliminar la angustia.
SCD.- ¿Qué pasa en educación?
F.S.- Hay psicólogos de la educación, pero sin una figura específica. Muchas veces, se suple con el orientador escolar, que está bien, son pedagogos o psicopedagogos que cumplen su función. Pero somos los psicólogos quienes tenemos la capacidad de detectar casos que se deben derivar a salud mental, hablar con los padres porque se detecta un problema de base como ocurre en el bulliyng o atender a los profesores que sufren acoso.
SCD.- Ni políticos ni instituciones conceden valor estratégico a los psicólogos, cuando hay mucho trabajo por hacer
F.S.- Sí. Por ejemplo, en la escuela, donde se configuran las actitudes principales que van a regir a las personas durante su vida. Si ahí no hay un equipo de psicólogos que module, oriente y trabaje esas actitudes, tenemos un problema porque puede que los problemas no salgan en la escuela, pero aparecerán en los adolescentes. Las actitudes frente al maltrato o la desigualdad de género se forman en el colegio y habrá gente que sufra.
SCD.- Si hay tanto que cambiar y reformar, ¿por qué no meten más caña desde el Consejo?
F.S.- Yo creo que nosotros sí somos beligerantes en el sentido de decir, negociar, presionar, pedir y exigir en las instancias políticas, en los grupos parlamentarios. Y, de hecho, la evolución de la psicología demuestra que el Consejo y, en general, los colegios autonómicos luchamos por los psicólogos y por los ciudadanos, porque quienes sentimos mucho respeto. Pero sí que necesitamos altavoces, como Sociedad Civil por el Debate, porque estamos en una sociedad que diluye la importancia de determinados asuntos clave lanzando una avalancha de mensajes que no buscan el bien ciudadano. Por eso, es muy importante el papel que tienen asociaciones como SCD, que actúan como canalizadores de los mensajes importantes.

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SCD.- En junio celebran el III Congreso Nacional de Psicología ¿Qué desafíos llevan en cartera?
F.S.- El Congreso de Oviedo es el más importante porque aglutina los esfuerzos de todos los ámbitos de la Psicología, para hacer una reflexión de los logros y analizar hacia dónde vamos. Hay asuntos candentes como la regulación del Grado de Psicología.
SCD.- ¿Qué pasa ahí?
F.S.- Creo que el tema de la regulación va en la línea de asegurar que las personas van a recibir una atención adecuada. Nosotros pedimos que se cumpla lo dispuesto en la Ley desde hace cuatro o cinco años. Según las últimas negociaciones que hemos mantenido con el Ministerio, esa regulación se hará, de una u otra manera, para nosotros y para otras profesiones. Eso es necesario. Yo creo que la labor del Gobierno es hacer que el barco llega a buen puerto pero cuidando al ciudadano y, en ese sentido, hay que procurar que los profesionales que trabajan en determinados ámbitos tengan la formación adecuada, respondan a unas exigencias y estén protegidos por la Ley. No puede ser que haya personas que dicen que son psicólogos clínicos o médicos y no lo son porque no tienen una titulación. Lo mismo pasa en la Psicología Jurídica, es necesario desarrollar un Registro nacional que dependa del Ministerio de Justicia, que identifique a los psicólogos forenses. De todo ello estamos hablando con Justicia.
SCD.- Alguien tiene que certificar la formación de los psicólogos
F.S.- Igual que existe un Registro de Mediadores que se puede consultar, tiene que haber un Registro público, que se pueda consultar, de todos los psicólogos forenses que están trabajando, porque el ciudadano tiene derecho a saber quién es la persona que le trata o le va a hacer un informe. Y eso debe ser así en todos los ámbitos de especialidad de la Psicología y en todas las profesiones reguladas.
F.S.- Vivimos situaciones muy difíciles como desahucios, un paro elevado, delitos de odio y radicalización de ideologías. En general, hay pesimismo y falta de expectativas respecto al futuro, entre los mayores y jóvenes ¿Cómo está la salud mental de la sociedad española?
F.S.- Le voy a dar mi opinión personal. Creo que España, en concreto, y Europa, en general, han pasado de un modelo que defiende los intereses de grupo a otro sistema de funcionamiento que potencia mucho los derechos individuales. Es decir, hace 20 cuando pasaba algo había grupos que hacían presión para cambiar cosas. Hoy en día lo que se venden son derechos individuales: ‘Usted tiene derecho a decidir lo que quiere y hacerse responsable de lo que decida’. Pero para que las personas sean responsables de sus decisiones tienen que tener una formación muy elevada. Si las instancias políticas -me refiero a cualquiera de los grupos- no es capaz de preocuparse de que los ciudadanos tengan formación y capacidad crítica respecto a la realidad, podemos tomar decisiones que nos aboquen a tener problemas a posteriori. En los últimos 25 años estamos cambiando de modelo, pero hay una dejación por parte de la Administración y del sistema político español para que los partidos se pongan de acuerdo y creen leyes que permitan formar a los individuos para ser ciudadanos. Eso es un problema, porque si no se forma a la gente, vamos a dar un paso adelante y otro atrás.

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SCD.- ¿Qué ingredientes debería tener esa formación del ciudadano crítico?
F.S.- El primer elemento es lo que antes se denominaba autoritas, personas de referencia del ciudadano, que queramos o no son los políticos, tienen que tener autoridad, en el sentido de ser respetados por los demás por llevar una vida impoluta. El presidente del Gobierno o el jefe de un partido, al margen de meterse con la oposición o al revés, tienen que dar ejemplo de hacia dónde deben ir las cosas. Eso se ha perdido, la autoridad moral de los políticos se ha perdido por muchas razones, entre otras cosas, porque estamos en un mundo cada vez más individualizado, las personas piensan en sí mismas y no en el conjunto de la sociedad. Le pongo un ejemplo: ¿cómo es posible que hasta hace un año nunca se haya pensado que a las personas que están en la política y roban, no se les reclame el dinero? Si alguien roba en política, nos roba a todos.
SCD.- ¿Esa falta de formación tiene que ver algo con la aceptación de la corrupción de parte de la sociedad?
F.S.- Eso es muy grave. Nosotros estamos hablando de que en la sociedad hay distintos niveles. Está el nivel más bajo, el de las personas que sobreviven como pueden; un nivel un poco más alto que vive bastante mejor y la clase media. Tdos los niveles son permeables y lo que veo que hacen los que están por encima de mí, es un modelo de lo que debo hacer. Si hay políticos corruptos y no pasa nada, yo acabaré haciendo lo mismo porque pienso que no me pasará nada. En la década de los 60, el psicólogo Albert Bandura, de la Universidad de Stanford (EE UU), lanzó la teoría del ‘aprendizaje vicario’. Y de mostró cómo afecta a un grupo de niños que uno de sus compañeros cogiera un caramelo a pesar de estar prohibido; si lo hacía y nadie le decía nada, los demás imitaban su comportamiento. Pues en violencia ocurre lo mismo, si yo veo que alguien de mi familia maltrata a mi madre y no tiene consecuencias, estoy aprendiendo que ese maltrato no tiene consecuencias. Entonces, los políticos tienen la obligación de ser ejemplo para los demás. En oposición a eso, los ciudadanos tienen que reconocer cuando un político hace bien las cosas y no solamente con el voto. Creo que es una cuestión de madurez social, de madurez de los ciudadanos y de los políticos.
SCD.- ¿Hacen ustedes autocrítica por acción u omisión? Por citar un caso concreto, ustedes no reaccionaron muy rápido frente al sufrimiento de los desahucios; otros colectivos como el de los jueces se adelantaron
F.S.- No estoy de acuerdo. Nosotros nos hemos apoyado en Psicólogos Sin Fronteras (http://www.psicologossinfronteras.org/), que actúan y crean conciencia entre los afectados para que sientan que no están solos, porque esa persona no puede acudir a un psicólogo en Atención Primaria o en servicios sociales. ¿Cómo es posible que el número de psicólogos haya ido disminuyendo en los servicios sociales en España? Ese es otro problema. Los ayuntamientos tienen que tener servicio psicológico al ciudadano porque es su responsabilidad y la del Estado. A mí me parece muy bien que haya voluntarios, de hecho así funciona Psicólogos Sin Fronteras en la Comunidad Valenciana, pero creo que las asociaciones de voluntarios no pueden quitar a los gobiernos la responsabilidad de asumir sus obligaciones.
SCD.- ¿Qué está pasando?
F.S.- Está pasando que estamos en una sociedad muy compleja, con modelos muy diversos y sin normas claras de funcionamiento. Y tiene que haber normas y señalar claramente lo que es correcto y lo que no. Pienso ahora mismo en los chavales de 16 años a los que lanzamos mensajes como ‘para qué estudiar’, ‘no vas a encontrar trabajo’, que los desmotivan completamente. En un momento histórico tan complejo como el que vivimos, con influencias muy diversas, tiene que haber alguna entidad que sea un faro.
SCD.- ¿Cuál puede ser ese faro?
F.S.- Yo creo que esa función es del Gobierno y de los grupos. Me parece muy bien que se peleen y que negocien, pero hay cosas que no son negociables: la educación no es negociable; la salud no es negociable; la intervención psicológica en servicios básicos para los más necesitados no es negociable. Lo que no puede ser es que haya españoles que tiran la comida y españoles que pasan hambre, algo está fallando. Y creo que ahí parte de la solución, hoy en día, es la psicología.
SCD.- ¿Qué propuestas hacen para luchar contra la violencia de género?
F.S.- El Colegio tiene un grupo de trabajo de violencia de género compuesto por personas de todas las autonomías. Todos los años se hacen jornadas para concienciar a los poderes públicos y a los ciudadanos. Hay que empezar a cambiar el foco y empezar a hablar de lo importante que es el buen trato entre un hombre y una mujer, que forma parte de las normas de la igualdad, porque los psicólogos saben que lo que marca el funcionamiento es el refuerzo, la gratificación cuando se actúa bien; no tanto el castigo, que inhibe conductas pero no permite aprender.
SCD.- ¿Qué posición se mantiene frente al creciente aumento de suicidios?
F.S.- Eso es la conspiración del silencio. Nadie habla del aumento de los suicidios.
SCD.- ¿Cuál es su planteamiento frente a este silencio?
F.S.- El ciudadano se tiene que plantear por qué nadie habla del suicidio. Para poder cambiar una cosa, hay que tener una conciencia previa; si no se habla, no existe.
SCD.- ¿Ustedes qué piensan como colectivo profesional?
F.S.- Yo creo que la persona que hace un intento serio de suicidio avisa siempre antes, lo que pasa es que no se la escucha. Hay que hacer un estudio global. Nosotros pondremos en marcha en enero una unidad de estudio de cómo está la situación del ciudadano, en general. Vamos a estudiar las distintas problemáticas sociales para luego informar a los grupos parlamentarios y al Gobierno, sacar los problemas a la luz pública.
SCD.- ¿Quién atiende a los niños, a los jóvenes: violencia, adicciones, alcohol, sexo…?
F.S.- Cuando los niños tienen tres años, lo primero que hacen es mirar a los padres. Los padres, los profesores, los líderes de grupo tienen que estar ahí, pero no tienen tiempo. Hay que mirarlos.
SCD.- ¿Qué se puede hacer?
F.S.- Hay que hacer un estudio para detectar dónde están los principales problemas que llevan a esas conductas y proponer medidas. Por qué y dónde se dan situaciones de mobbing, abuso de alcohol, acoso. En los grupos de adolescentes tiene que haber recursos sociales para orientar a los jóvenes. Dónde pueden acudir los jóvenes. No hay nada. Nosotros vamos a crear el Observatorio Psicológico. No se puede malinformar a los adolescentes. Y eso hacen la televisión y los medios virtuales.
SCD.- ¿Para cuándo estará operativo ese Observatorio Psicológico?
F.S.- Empezará a funcionar, para toda España, a partir de enero o febrero.
SCD.- ¿Sería necesario promover una reflexión?
F.S.- Debe haber una reflexión de los medios de comunicación: ‘Señores, qué estamos haciendo’, porque un chaval de 14 años no tiene capacidad para discriminar las imágenes que se le sirven en los medios.

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SCD.- ¿Les preocupan los delitos de odio?
F.S.- Ahí tienen mucha influencia los patrones que dan los medios de comunicación.
SCD.- ¡Vamos a tener que juntar a psicólogos y periodistas para hablar!
F.S. No sería una mala idea. Sociedad Civil por el Debate podría proponer que se creara una mesa permanente a partir de un grupo de trabajo sobre ‘Ética y Profesión’, y me refiero a todas las profesiones. Muchas veces hay que decirle a los responsables de los medios que, además del nivel de ganancias económicas que pueda tener una cadena, hay que ser responsable de los efectos de lo que se hace. Por eso sería bueno una reunión de trabajo donde se hablara, por ejemplo, del ‘aprendizaje vicario’ para explicar lo que pasa en el adolescente cuando ve una imagen o un programa determinado, porque un adulto tiene criterio para decir ‘esto no lo voy a hacer’, pero no un adolescente.
SCD.- No tiene defensa
F.S.- Eso se tiene que hablar. En el 69 hubo en Estados Unidos una convención de psicólogos, sexólogos, médicos, periodistas para tratar el tema de violencia. Se hizo un estudio que demostró que la base de la violencia no es genética, es aprendida; y dieron soluciones. Ese estudio que me pidió el Congreso, 40 años después está guardado en un cajón, porque nadie le hizo caso.
SCD.- Podemos creer que las cosas pueden cambiar
F.S.- La primera piedra es dejar de pensar que las cosas no se pueden cambiar. Hay una atonía en la sociedad basada en pensamientos como ‘mientras yo esté bien…’. Ese es el principio del fin.

Ver Más…
• Consejo General de la Psicología de España:
http://www.cop.es/
• Iniciativas contra la crisis de Psicólogos Sin Fronteras de Valencia:
http://www.eldiario.es/economia/Psicologia-tiempos-crisis_0_58794589.html