Francisco Lorenzo: ‘Es imprescindible llegar a un pacto contra la pobreza en España’

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Por Agustina Sangüesa
En un decálogo político contra la pobreza y la desigualdad lanzado antes de las últimas elecciones generales, Cáritas reclamó a los partidos el máximo consenso para la defensa de los pobres y la lucha contra la desigualdad, la injusticia y la corrupción. Aunque a menudo predique en el desierto, esta organización continúa exigiendo medidas como la garantía de unos ingresos mínimos para hogares que viven en pobreza severa, el acceso universal a la salud, el derecho a una vivienda digna y que los trabajadores puedan tener un empleo remunerado con un salario justo. Cáritas mueve una red solidaria con más de 4.000 empleados y 84.000 voluntarios. Sus ayudas han beneficiado a dos millones de personas en España. Francisco Lorenzo, coordinador de estudios, subraya que en esta organización se entiende ‘el gasto social como una inversión, porque lo que dejas de gastarte aquí te salta a la cara en un futuro’.
SCD.- ¿Tiene buena salud el Estado de bienestar en España?
F.L.- La forma más gráfica de expresar lo que está ocurriendo hoy es utilizar la imagen de un terremoto, donde a pesar de que los temblores ya han terminado -los indicadores económicos dicen que la situación está mejorando- todavía hay muchas personas debajo de los escombros. Son muchas las personas que perdieron mucho durante la crisis y no podemos olvidarlos. Y, por tanto, dar por terminado el proceso es una asignatura pendiente. Además, hay cuestiones que no tienen que ver con la coyuntura y con la crisis, sino con el Estado de bienestar y con otras situaciones estructurales. ¿Por qué? Por nuestro sistema productivo, porque generamos riqueza en los sectores de la construcción o el turismo, que concentran más porcentaje de empleo precario, y que rápidamente acumulan riqueza en las rentas de capital y, en mucha menor medida, en las rentas del trabajo, de forma que tenemos mecanismos redistributivos poco eficaces y que contribuyen a la desigualdad. Estas cuestiones no son exclusivas de la crisis sino que vienen históricamente de las últimas décadas y destapan un problema estructural. Retomando la imagen del terremoto, nuestro país se encuentra encima de una falla y es probable que haya más terremotos, las crisis del 93 y el 2008 se repetirán, si no abordamos este problema de fondo.

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SCD.- Los poderes públicos y políticos no parecen acertar con la fórmula para salir de este círculo económico?
F.L.- Que toca la salud del Estado de bienestar, porque de estos últimos temblores hemos salido con los edificios más debilitados, porque la lógica de la austeridad ha tocado sus pilares fundamentales, de forma que la próxima sacudida va a pillarnos más desprotegidos. Al final, la gestión económica del Estado es razonablemente parecida a la de un hogar, cuando estoy excesivamente endeudado o tengo problema de entrada de ingresos, tengo que ajustar el gasto todo lo que pueda, pero nunca hasta privar a mi hijo de comer. Hay cosas que no se pueden tocar jamás porque nos convierte en un gestor malo y poco ético.
SCD.- ¿Esa debilidad del Estado de bienestar que usted menciona puede conducir a su desmantelamiento?
F.L.- Creo que el término ‘desmantelamiento’ es muy…
SCD.- ¿Drástico?
F.L.- Drástico, y además encierra toda una intencionalidad. Desde una visión mucho más amplia, lo que sí que creo que está ocurriendo tiene que ver con un debilitamiento de orden ideológico en la sociedad civil. Un ejemplo muy concreto, hay problemas demográficos y existe el riesgo de que las pensiones no estén garantizadas para las generaciones futuras. ¿Qué ocurre? Que los que no pueden, se quedan fuera. El contrato social que había nos permitía ‘proteger, entre todos, a las personas en una determinada edad para que no tuvieran que trabajar hasta su muerte’; ahora queda sustituido por un contrato puramente mercantil que establece que ‘el que pueda, se lo pague’, ¿y el que no? Esa lógica deja en una posición de debilidad a los que tienen mayores dificultades. Yo no quiero verlo con una lógica tan drástica como un ‘desmantelamiento’, pero, ¡ojo!, si aceptamos esa lógica como sociedad, tarde o temprano, contribuiremos a que se produzca ese desmantelamiento definitivo, cuando políticas fundamentales como educación, sanidad y servicios sociales han tenido una vocación generalista, seguramente mejorable, pero generalista. Sí, una gran parte de la sociedad acepta esa razonabilidad que deja desprotegidos a muchos otros. De ahí que sea una cuestión de política pero también de nuestra sociedad, que debe decidir lo que quiere y lo que no quiere. Y eso no es gratuito, por ejemplo, conlleva pagar impuestos.
SCD.- Los indicadores dicen que la economía mejora, pero no se puede olvidar que los recortes han hecho estragos
F.L.- Como estamos viendo en los últimos años, los recortes en educación y sanidad han incrementado la desigualdad. A lo largo de la crisis, el porcentaje de personas paradas que no tienen derecho a ningún tipo de prestación ni cobertura ha pasado del 65% a cerca del 80%. Y me refiero a los últimos asideros a los que se agarran muchas familias para cubrir necesidades muy básicas.

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SCD.- ¿Cuántas familias necesitan ayuda ahora para salir adelante?
F.L.- La Encuesta de Población Activa, del Instituto Nacional de Estadística, registra unos 660.000 hogares sin ingresos. Además, la Encuesta de Condiciones de Vida plantea otros porcentajes de extrema dureza: el 35,2% de los hogares tienen dificultades para llegar a fin de mes; el 39,8% no tiene capacidad para afrontar un gasto imprevisto y existe una tasa de pobreza relativa del 22%.
SCD.- ¿Qué volumen de población atiende Cáritas?
F.L.- Dos millones de personas se han beneficiado en España de las ayudas que da Cáritas. Los proyectos de cooperación internacional son otras cifras.
SCD.- ¿Es decente que un país, que figura entre los más desarrollados de Europa, tenga índices de pobreza como los actuales?
F.L.- Creo que es inaceptable en términos democráticos. Pero q uiero aclarar que cuando el INE dice que hay 12 millones de personas en situación de pobreza, no dice que 12 millones de personas busquen comida en la basura, el abanico de personas en situación de pobreza es muy amplio. Hay distintos niveles, porque se puede tener 600 euros al mes y estar bajo el umbral de pobreza; creo que éticamente no nos podemos permitir que una sociedad asuma con naturalidad que haya personas que tienen dificultades importantes para garantizarse bienes básicos fundamentales y que democráticamente eso supone que tenemos un déficit porque no se trata solo de votar sino del ejercicio de hacernos cargo de la comunidad. Yo mantengo mi pequeña pelea con los adjetivos que se le ponen a la pobreza porque dan la sensación de presentar fenómenos nuevos, cuando son los de siempre, es decir, en los hogares con bajos ingresos hay niños y ahora lo llamamos ‘pobreza infantil’; mucha gente no puede pagar los recibos de la luz y ahora hablamos de ‘pobreza energética’. Sin desacreditar esas etiquetas, quiero decir que en el fondo estamos hablando de recursos escasos en las familias, un fenómeno de siempre. Es vedad que hay un matiz, las tasas de pobreza cambian considerablemente cuando hay menores en hogares encabezados por mujeres o en familias numerosas, un hecho que pone de manifiesto que no tenemos políticas concretas para proteger y defender a la familia y a la infancia.
SCD.- Es urgente atender problemas como la pobreza infantil y el paro juvenil
F.L.- La pobreza infantil y el paro juvenil demuestran un problema hoy y un riesgo futuro, sobre todo, cuando entendemos que 8 de cada 10 personas afectadas por la pobreza ya la han vivido en su infancia. Pareciera que se hereda, que no hay mecanismos eficaces para afrontar tendencias y se produce lo que llaman ‘transmisión intergeneracional de la pobreza’. Yo insisto en que la pobreza infantil es la de siempre y que en este país no se protege suficientemente a los niños.
SCD.- ¿Qué políticas deberían proteger a las familias y a los niños?
F.L.- En la mayoría de los países de Europa hay ayudas concretas para afrontar mejor la situación de estas familias, y no me refiero a desgravaciones fiscales o ayudas ‘simbólicas’ por el nacimiento de un hijo. En términos presupuestarios, conceder 100 euros mensuales por niño no es un desajuste brutal para este país, menos aún si se circunscribe a las familias con menor nivel de renta, y en cambio resulta muy eficaz.
SCD.- ¿Qué pasa en esos hogares? ¿Cuántas veces se come al día? ¿Cómo llegan los niños al cole?
F.L.- Es complicado dar una instantánea de esa situación, porque no es lo mismo tener cero ingresos que 600 euros al mes. Y luego hay una diferencia importantísima que es la de tener una familia que da apoyo. Eso te cambia la vida.
SCD.- ¿Qué situaciones os encontráis?
F.L.- En Cáritas nos estamos encontrando con hogares que no pueden hacer todas las comidas; hogares donde no pueden mantener una temperatura adecuada, que aparte de afectar a la salud, hace que baje el rendimiento escolar de los niños. Y también vemos otro aspecto más difícil de medir, que es cómo crecen unos niños en una casa donde los padres viven con la ansiedad constante de tener que elegir entre pagar la luz o llenar la nevera, porque no pueden atender las dos cosas. Eso también afecta al desarrollo emocional de los menores que tienen menos herramientas para enfrentarse a esas situaciones.
SCD.- Algunas personas se indignan porque les parece que organizaciones como Cáritas hacen el papel que debería cumplir un Estado bien organizado, responsable y justo ¿Qué les dirías?
F.L.- Yo no entraría en la discusión tramposa de lo uno o lo otro. Hace falta fortalecer lo público para fortalecer también la sociedad civil. Y además lo que se garantiza en ambos sitios es distinto. El Estado garantiza los derechos, algo que no puede hacer la sociedad civil, que sí puede garantizar la proximidad, la presencia cercana de comunidad que se hace cargo de los colectivos más débiles. Pero si los derechos fundamentales los ponemos en la sociedad civil podemos caer en la arbitrariedad, en el asistencialismo. Pero eso no significa que la sociedad no se implique con los ciudadanos que tiene justo al lado.
SCD.- ¿Qué le pedís a los partidos?
F.L.- En general, les pedimos visión a medio y largo plazo, algo que a muchos políticos les suena antinatural. Yo entiendo que el factor electoral mete una presión cortoplacista terrible. Pero tenemos que ir trabajando sobre cuestiones estructurales que requieren dar prioridad a los asuntos, mirando a medio y largo plazo, para que, de verdad, la pobreza se ponga en el centro de las agendas como una cuestión importante, más allá de lo que aporte electoralmente.
SCD.- ¿Medidas concretas?
F.L.- Muchas. Desde Cáritas se han hecho 10 propuestas, desde las que tienen que ver con garantizar unos ingresos mínimos para superar por lo menos el umbral de pobreza severa, hasta que deje de contemplarse la vivienda como una cuestión de mercado.
SCD.- ¿Hay diálogo con los partidos?
F.L.- Siempre mantenemos el diálogo con los partidos, lo que pasa es que tenemos la sensación de que nuestros informes y propuestas gustan más a la oposición que al Gobierno, da igual qué partido esté en un lado o en otro. Nuestra experiencia es que la oposición se agarra a las propuestas para lanzarlas a la cara al Gobierno y cuando llega al Gobierno es al revés.
SCD.- Arma arrojadiza, que se llama
F.L.- Efectivamente. ¡Un poquito de seriedad! Nuestros informes no son tan buenos como decís cuando estáis en la oposición ni tan malos como cuando estáis en el Gobierno. Esto lo hemos vivido con todos desde los años 60. Pedimos seriedad, pero sí que está habiendo diálogo. Y con las entidades sociales hay una gran red de trabajo y una intensa relación.
SCD.- ¿Con qué partido habéis hablado la última vez?
F.L.- Antes de las elecciones, nos hemos visto prácticamente con todos los partidos
SCD.- ¿Y qué os dicen?
F.L.- Hay partidos que tienen esto más asumido. Y desde el Gobierno siempre existe una visión más limitada, que se limita a: ‘De dónde sacamos el dinero para poner en marcha iniciativas’. Es como si llega un médico que ha descubierto la vacuna del Sida y el gobernante le dice: ‘Ya, pero esto es muy caro’. Resulta que es prioritario y que hay que hacer algunos esfuerzos, además de ser razonables, buenos gestores y austeros. Nosotros entendamos el gasto social como una inversión, porque lo que dejas de gastarte te salta a la cara en un futuro. Es cara una educación pública, pero es mucho más caro para un país ser ignorante. Evidentemente, hay que gestionar esta política, bien, sin corrupción, siendo transparentes, sin perder ni un solo céntimo de euro. Pero es que no hacerlo también sale muy caro a medio y largo plazo.
SCD.- ¿Es posible llegar a un pacto contra la pobreza?
F.L.- Creo que es imprescindible llegar a un pacto contra la pobreza en este país. En 2007, cuando estábamos en época de crecimiento teníamos una tasa de pobreza del 20%, algo inaceptable. No me extrañó que al llegar la crisis subiera dos puntos porcentuales. No sé si esta batalla es una de las prioridades políticas y tampoco sé si está en las prioridades de la sociedad, porque, al final, lo que está pasando en el ámbito político tiene que ser reflejo de lo que pasa en la vida social de este país. Si somos una sociedad comprometida, honesta, ética y democrática es más difícil que tengamos unos políticos que no sean ni éticos ni honestos ni democráticos. Yo creo mucho en la relación entre política y sociedad.

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Decálogo de Cáritas Española contra la pobreza:

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