No hubo antes en este país una elección tan incierta, ni la sospecha fundada de que tanto voto útil era sobre todo voto oculto. Nunca vimos tantas colas para votar en Correos, ni tanta frustración entre los expatriados por lo farrogoso del “voto rogado” que les dificultó su derecho democrático. No hay precedente de tantas noticias falsas y, como se ha detectado desde el Reino Unido, operaciones fraudulentas de bots, situados en Venezuela, generando odio en redes para excitar al electorado.

 

Por Manuel Campo Vidal

 

Sabíamos todos que esta no era una elección normal porque nunca en la alternancia PP-PSOE hubo una extrema derecha que supera dos diputados con Blas Piñar; o con Ruiz Mateos en las europeas. Haberla había, pero agazapada en el PP.

El asunto ahora es más grave: no solo por las dos docenas de diputados cosechados por Vox sino porque, para contener su crecimiento, el Partido Popular tuvo que hablar en la campaña como Vox; y Ciudadanos, a ratos también. Vox, en cierto modo, ganó antes de comenzar la votación.España, estremecida, comenzó el 28 de abril a cambiar su piel política. Fue solo la primera cirugía estética electoral. En un mes, el 26 de mayo, llegará la segunda vuelta: nos jugamos el Parlamento Europeo, que decide lo esencial para cada país; doce gobiernos autonómicos y ocho mil ayuntamientos. De este doble paso por el quirófano de las urnas, sin anestesia, España va a salir con un semblante bien distinto.

 

«El 26 de mayo, llegará la segunda vuelta: nos jugamos el Parlamento Europeo, que decide lo esencial para cada país; doce gobiernos autonómicos y ocho mil ayuntamientos»

 

 

La debacle del Partido Popular, que cae casi a la mitad en diputados y se desploma en voto, nos ofrece un país bien distinto en muchas provincias. Ciudadanos y Vox heredan ese espacio perdido. Vox consigue un nutrido grupo parlamentario, gran éxito, pero lejos de la euforia vivida en los últimos días de campaña cuando su aforo se desbordaba cada día. Retroceso anunciado, pero no menos doloroso, de Unidas Podemos que en la última elección confiaba en el sorpasso al PSOE y ahora le ha pasado delante Ciudadanos como tercer partido en España y consigue ser segundo Madrid. Rivera casi ha doblado sus 32 diputados de 2016. No alcanza el liderazgo en la derecha pero, con salto mortal de por medio, hasta podría entrar en un eventual gobierno con Sánchez. Tendrá muchas presiones del ámbito económico y acaso internas para olvidar su cordón sanitario. Por último, éxito innegable del Partido Socialista aunque su campaña resultó polémica con un slogan poco comprensible (Haz que pase) y una gestión mejorable de los debates. Con todo, objetivo cumplido.

 

Casado y Rivera «se veían en Moncloa. Ya llegarán, quizás, porque son jóvenes. La ansiedad mostrada no les ha beneficiado»

 

Para esa segunda vuelta, la del 26 de mayo, aunque se juegue en otros ámbitos electorales, hay que cambiar caras y sobre todo músicas. El disco rayado de “Usted, señor Sanchez, no tiene legitimidad porque dispone solo de 84 diputados” se vuelve contra los cantautores, Casado y Rivera, que se han desgañitado carretera adelante. Se veían en Moncloa. Ya llegarán, quizás, porque son jóvenes. La ansiedad mostrada no les ha beneficiado. El 26 de mayo vamos a otra verbena electoral. Hay que cambiar repertorio y partituras. De lo contrario la ciudadanía seguirá el consejo del genial Forges, en una vieja viñeta que ha arrasado en redes estos días: “¿Por qué tienes la tele apagada? Porque si la enciendo, salen”.

 

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