César Bona: “No puede hacer una Ley de Educación alguien que no pase tiempo en las aulas y no sepa sus necesidades”

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Tenemos que hacer escuelas en las que los niños se sientan escuchados y respetados, donde puedan participar, conocerse a sí mismos y a los otros, convivir con la diversidad. Esa es la escuela que puede cambiar el mundo, acabar con el abandono y el fracaso escolar. Este maestro, nominado en 2014 al Global Teacher Prize, reclama una educación que ponga a los niños en el centro, que se preste atención a los buenos proyectos que se hacen aquí, que se ayude a los docentes que quieren aprender y mejorar. Este es el discurso que siembra por escuelas, universidades y asociaciones, como Aldeas Infantiles. César Bona es un maestro de Primaria convencido de que “hay que educar a personas para la vida”.
Titulares
. “¿Cómo afrontar el fracaso escolar? Haciendo de la escuela un lugar al que los niños quieran ir, que les apetezca”
. “Se mira y admira a Finlandia y se nos olvida aprender de lo que tenemos muy cerca, en este país, proyectos que se centran en el factor humano, que tienen en cuenta que somos seres sociales”
. “La escuela debería invitar a reflexionar, más que a pasar exámenes”
. “Se olvida el proceso: investigar, participar. El verbo compartir y escuchar son básicos en educación”
. “La única manera de sacar a los niños adelante es trabajar en equipo. No hay más. Por eso la llave es el diálogo, una y otra vez”
. “En Aragón los políticos tienen en cuenta la voz de los maestros. Se ha conseguido que regrese la tutoría a Primaria”
. “Político, para mí, es alguien que debe dedicarse a servir y escuchar, a ver cómo puede hacer lo mejor para la sociedad, más allá de ideologías, que acortan la perspectiva, la visión”

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Por Agustina Sangüesa
AS.- Dices que la escuela ‘no es una burbuja, que es una microsociedad donde suceden cosas muy importantes, donde hay que escuchar y dialogar con los niños’. Ese planteamiento se contradice con la política de recortes, la falta de tiempo de los docentes, la ausencia de tutorías, la inercia a enseñar una asignatura ‘envasadas’ detrás de otra…
CB.- (Y advierte) Te voy a decir cosas muy básicas vistas por un adulto-niño. (Y empieza) Creo que se nos olvida que el centro de todo es el niño y la niña, no el maestro ni la escuela; y aunque parezca una obviedad, tenemos que empezar a crear a partir de ahí. Resulta paradójico que tengamos tanto interés en cambiar la educación y, sin embargo, lo miremos todo desde el punto de vista del adulto. Pensamos muchas veces en los niños, pero se nos olvida pensar como niños, algo necesario si se trabaja con ellos. Es verdad que no hay tiempo y tenemos que pensar hacia donde se dirige la educación. Por ejemplo, hay miles de maestros que están deseando formarse, que se lo pagan de su bolsillo; mucha gente con ganas de hacer cosas y hay proyectos maravillosos que siguen siendo anónimos. Creo que hay que tener en cuenta unos cuantos factores. Primero, que tenemos que aprender a valorar lo que ya se hace aquí; siempre se mira y admira a Finlandia, pero nadie trae nada y se nos olvida admirar y aprender de lo que tenemos muy cerca, proyectos que se centran en el factor humano, que tienen en cuenta que somos seres sociales. En algunos centros se dedica parte del tiempo a tutorías, aunque muchos las consideran una pérdida de tiempo que impide acabar el temario. Tenemos que educar personas para la vida.
AS.- ¿Qué traerías del modelo educativo de Finlandia?
CB.- Fundamentalmente, el hecho de que valoran lo que tienen, para que esta sociedad sea consciente de la importancia de la educación.
AS.- ¿Aún no lo somos?
CB.- Te pongo un ejemplo: en una escuela de Finlandia tiran un muro y desde aquí, como estamos lejos, aplaudimos y decimos: ¡Qué valientes, seguro que funciona! ¿Es así o no? Pero si pruebas a tirar un muro en tu escuela, dirán: ¡Dónde vas! O prueba a quitar los libros. ¡Qué dices! O prueba a juntar clases de diferentes edades. ¡Qué locura! Yo he llegado a la siguiente conclusión: La sociedad quiere un cambio pero no sé si realmente está preparada para ese cambio. Hay centros que están haciendo muchas cosas, funcionan académicamente y, sobre todo, tienen un compromiso social importante.

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AS.- ¿No estamos preparados o no queremos arriesgarnos a formar a personas activas, creativas, con espíritu crítico?
CB.- Queremos seguir educando a nuestros niños como nosotros fuimos educados. Hay mucha gente que se sorprende cuando hablo de las escuelas que he visitado (Las escuelas que cambian el mundo) donde los niños participan, se les escucha y se trabaja con ellos en grupo para que se conozcan a sí mismos y a los demás, respetando la diferencia. Esa gente tiene los miedos de los adultos, solo se plantean peros: ‘Sí, pero qué pasará en la Universidad; sí, pero qué pasará en la vida. ¿Qué pasará? Que estarán más preparados. Esta es una pregunta boomerang: ¿Qué pasa con los niños que estudian actualmente en nuestro sistema? Pues que hay un fracaso escolar altísimo.
AS.- El fracaso escolar deja ver el desencanto de muchos niños, una desmotivación brutal, la falta de autoestima que arrasa, maestros que no llegan, escuelas que solo cubren el expediente, una ciudadanía que no implica ¿Qué está pasando?
CB.- Si realmente queremos que se dignifique nuestra profesión, los primeros que tenemos que dar el paso hacia adelante para colocar la profesión donde se merece somos los maestros y maestras, dando cada día nuestra mejor versión, con una actitud positiva y siendo conscientes de todo lo que podemos aportar a la sociedad, porque todo empieza en la base, que son los niños. Cuando tu invitas a los niños a mirar por la ventana de la escuela para intentar mejorar el mundo en el que viven es la sociedad lo que ven por esa ventana. Un ejemplo. La palabra perro: canis lupus familiaris, de la familia de los cánidos, mamífero como el elefante, el gato o la ballena, vivíparo, vertebrado, tiene pelo y bebe leche. Eso nos lo sabemos todos porque le hemos repetido durante años. Bien, pues más de 200.000 perros son abandonados al año en España, ¿a qué voy? A que debemos levantar la cabeza de vez en cuando para saber hacia dónde dirigir nuestra educación. Debemos tener una mirada global. El conocimiento es muy importante –y lo subrayo con tres rayas- pero hay muchas otras cosas que deben entrar en la escuela ¡Ya!.
AS.- Pero lo que planteas es una revolución en toda regla. Quizás sería bueno crear una red de buenos maestros para movilizar, para cambiar, para transformar, para reclamar.
CB.- Una de mis conferencias se llama “Mira a tu alrededor”. Cada palabra que digas, cada gesto que hagas, cada acción va a influir en todo lo que tienes alrededor. Eso implica también mirar dentro y reflexionar. También la escuela debería invitar muchísimo a reflexionar más que a pasar exámenes. El otro día pregunté en una charla qué se espera de la empresa o de la pareja: trabajo en equipo, empatía , resolución de conflictos, ver retos antes que problemas, deseos de aprender, creatividad, ganas de ser feliz. Y todo el mundo levantó la mano. Por eso creo que lo que hace falta en la escuela es lo mismo que queremos para la sociedad. Como ves, lo que digo es básico.
AS.- Lo que pasa es que hablas de trabajar en la escuela con herramientas como conocimiento, empatía, sensibilidad, resiliencia, pese a que los adultos transmitimos a los niños conceptos más negativos que tienen que ver con políticas de recortes, falta de futuro. ¿Esa es la realidad que les espera?
CB.- Obviamente hay que hablar de recortes porque los ha habido.
AS.- Esa es la realidad ¿Es la única posible?
CB.- Miles y miles y miles de personas hemos sufrido los recortes. Desde fuera, el sistema y la Administración nos tienen que ayudar siempre, pero no podemos olvidar que tenemos que dar nuestra mejor versión ¿Por qué? Porque estamos con niños y nuestra actitud va a marcar la vida de los niños que nos tengan como maestros.
AS.- Imagina la cantidad de niños que se están quedando en la cuneta, a los que nadie les presta atención -salvo asociaciones de la sociedad civil que se ocupan de acompañarles y de guiarles hasta que terminan la enseñanza obligatoria-. Ese es un drama al que no hacemos caso, mientras el sistema educativo expulsa a un sinfín de chavales sin darles una oportunidad. ¿Denunciamos lo suficiente?
CB.- Así es. Al final ponemos una vara que todos tienen que saltar y si no, fuera. Muchas veces la sociedad presenta una serie de valores de escasa calidad, como esa competitividad brutal de metas inalcanzables. Los niños son la proyección de sus padres y sus padres son la proyección de la sociedad; un círculo que pagan son los pequeños. El otro día vi a una madre acalorada tirando de una niña de 4 años que a su vez tiraba de su mochila llena de libros, hasta que dijo: ‘¡Mamaaá, respira!’. Miramos a los niños con ojos de adulto, se nos olvida mirarlos con ojos de niños. Eso es una cosa grave para mí. Los niños tienen una cosa obligatoria, tienen que jugar y disfrutar de su infancia, pero los seguimos contemplando como recipientes que hay que llenar. Tu eres adulta, si yo te tomo ahora como un recipiente que tengo que llenar. Y tú vinieras cada día y estuvieras sentada 6 horas delante de mí, sin participar, sin sentirte escuchada, sin sentirte parte de un proyecto, solo escuchando y, en un momento, repitiendo la lección ante el profesor. Eso es lo que está sucediendo ahora mismo. Uno de los directores con los que ha hablado en este tiempo me ha enseñado que se olvida el proceso: investiga, participa, comparte. El verbo compartir y escuchar son básicos en educación. Cada día que estamos con niños deberíamos tener presentes que ellos, como los adultos, también quieren sentirse queridos, escuchados y útiles, participar de un proyecto y ser parte de algo. Y ahí entra también lo de sacar tiempo, aunque eso suponga que no se termine el temario. Hay conocimientos mucho más importantes en la vida.

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AS.- ¿La escuela echa de menos una relación más estrecha con los padres, con la familia, con la sociedad en general?
CB.- Para mí, la escuela, los padres, la familia, la sociedad, todo es un ente indivisible. Yo no me imagino la educación dejando fuera a los niños, la familia, los docentes o a la sociedad. Hace unos días hablé en La Masía, la cantera de fútbol del Barcelona, de lo importante que es la influencia de los grandes ídolos. Un mal gesto de Messi, de Ronaldo , un domingo, son miles de malos gestos en los recreos del día siguiente. Tenemos que pararnos todos a reflexionar: la única manera de sacar a los niños adelante es trabajar en equipo. No hay más. No busquemos. Por eso la llave es el diálogo, una y otra vez. Si hay padres con los cuales no es fácil hablar, más diálogo y más educación. Pero no podemos tomar a los niños como muñecos de goma y tirar cada uno de un brazo.
AS.- ¿Necesitamos una nueva Ley de Educación?
CB.- ¡Claro que es muy necesaria una nueva Ley de Educación! Una Ley en la que se tenga muy en cuenta la palabra y la participación de niñas y niños adolescentes. Y que tenga también en cuenta las voces de las familias y de los maestros. Es no es una utopía, para mí, es la única manera de ir hacia buen puerto en la educación. ¿Sabes por qué?
AS.- ¿Por qué?
CB.- Yo no soy experto, soy maestro, pero tengo la suerte de viajar por ahí y aprender de muchas personas. Un día estuve con Aldeas Infantiles, en Cuenca, y una madre me preguntó: ¿Cómo motivo a mi hija de cuatro años para que quiera ir a la escuela? Le pregunté si a ella le gustaba y si iban con frecuencia a hablar a la escuela. Si tu hija ve que tú no entras nunca en la escuela, tampoco ella querrá entrar. Son cosas muy básicas. Desde el punto de vista educativo, no hay nada que haga más feliz a un niño que ver a sus padres y a sus maestros trabajar juntos.
AS.- ¿En algún momento te han consultado algunos políticos sobre cosas que mejorar y qué hacer por la educación en este país? ¿Hablan nuestros representantes con los profesionales de la enseñanza?
CB.- Un día estuve con Méndez de Vigo, el ministro de Educación, el hombre se mostró afable… Hay una frase de los maestros que dice: ‘Nunca sabes adonde va a llegar tu influencia’, así que aunque solo le quedara una idea en el subconsciente. .. En Aragón, ahora mismo, tienen en cuenta la voz de los maestros. Se ha conseguido que regrese la tutoría a Primaria.
AS.- ¿Para repasar materias?
CB.- Algunos la veían como un tiempo para repasar inglés o matemáticas, pero en las escuelas de Primaria de Aragón la tutoría ha vuelto para dar espacio y voz a los niños y crear dinámicas de grupo, para que se conozcan. Para eso también tenemos que estar formados los maestros, si no faltará una pata.
AS.- ¿Por qué se hace esto en Aragón y no en otros lugares? ¿Por qué unos territorios avanzan más que otros?
CB.- Desgraciada o afortunadamente, muchas organizaciones y administraciones dependen de las personas que estén arriba. Por eso, los políticos deberían tener muy claro que cuando abren la boca cada día o cuando hacen cualquier gesto, han de recordar que no se representan a sí mismos ni a su partido, sino que representan a todo el país. Político, para mí, es alguien que debería dedicarse a servir y a escuchar y a ver cómo puede hacer lo mejor para la sociedad en la que vivimos, más allá de ideologías. Las ideologías acortan la perspectiva, acortan la visión.
AS.- ¿Te sentirías feliz si se lograra un Pacto de Estado por la Educación, por una Ley estable a medio-largo plazo?
CB.- Creo que miles y miles de personas seriamos felices. Pero, sobre todo, si es una Ley que no solo hicieran los políticos. Lo ideal sería –y ahora sí que voy a ser utópico- que la decidieran niños, familias y docentes y que los políticos firmaran. Y es paradójico porque son quienes nos representan, en principio…
AS.- Bueno, ellos también tienen que aprender
CB.- ¡Acabas de decirlo ahora! Ellos también tienen que aprender. No puede hacer una Ley de Educación alguien que no pase tiempo en las aulas y que no sepa cuáles son las necesidades de las aulas. Por eso es necesario hablar con los principales implicados: niños, familias y docentes. Mira, hay una dinámica en la que yo invito a crear una escuela y divido a las personas en tres grupos: niños, familias y docentes. Entonces pregunto cómo les gustaría que fuera esa escuela. A los niños les gustaría que no hubiera tantos exámenes, ser escuchados y participar. Y las familias también quieren participar, ambos utilizan el mismo verbo. Y es así, la educación debe ir por ese camino.
AS.- ¿Le preocupa el abandono escolar y la soledad en la que se quedan esos niños; la segregación que está generando nuestro sistema educativo en los últimos años; la creciente violencia entre adolescentes. Da la impresión que no se está respondiendo a estos problemas.
CB.- No podemos educar entes individuales. Debemos prestar muchísima más atención al hecho de que somos seres sociales, que interaccionamos con los demás. Tenemos que educar para la vida. Y tener en cuenta el respeto a uno mismo, a los demás y al medio ambiente.
AS.- La conciencia mediambiental, en el fondo, nos permite abrazar una cultura de solidaridad intergeneracional, porque es el mundo que dejamos a los que vienen después ¿Por qué no lo vemos?
CB.- Dice un proverbio griego que “una sociedad crece bien cuando las personas plantan árboles cuya sombra saben que nunca disfrutarán (silencio). Hace años oí una frase: ‘No hay yo sin nosotros’. Tenemos que educar en esa dirección.
AS.- Antes hablamos de revolución. ¿Te parece que también debería hacerse en nuestra Universidad?
CB.- ¿Necesitan una revolución? Si, sí. Hay universidades que se están empezando a mover. Y esto es clave porque de ahí salen miles de maestros, con las mismas bondades y carencias con que salimos nosotros. Y temo que cuando les toque hablar del perro, también digan: ‘Animal vertebrado, vivíparo…’, sin recordar que tienen que salir del aula con ganas de cambiar el mundo y con el mensaje de que no se abandone ni un solo animal más’. Por ejemplo. Temo que no sean capaces de decirle a los niños: ‘Mirad, os voy a enseñar a hablar en público, porque hablar en público servirá para que expreséis vuestras emociones y pensamientos, para que defendáis vuestros argumentos, por ejemplo, frente a una injusticia’. Queremos que los niños y niñas sean educados, respetuosos, atentos, que trabajen en equipo, que sepan muchas cosas, que controlen las emociones. Pero solo podemos exigirles lo que nosotros podamos dar. Y para dárselo, tenemos que haber sido formados con muchas herramientas y no solo con conocimiento, que es muy importante pero no es lo único.
Pie de fotos:
César Bona, maestro de Primaria nominado al ‘Nobel’ de los docentes en 2014.
Alumnas del colegio de Alpartir (Zaragoza), destacado por su innovación educativa, asan castañas en un horno solar.

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