Carmen Lázaro: “Necesitamos construir una ciudadanía que sea capaz de gestionar los conflictos”

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La directora de la Cátedra de Mediación Policial ‘Ciutat Vila-real’, creada en 2015 mediante un convenio entre la Universidad pública Jaume I y el Ayuntamiento, asegura que sus agentes cumplen una misión de “educadores para la paz”, afrontando sin violencia conflictos comunitarios, vecinales y familiares. Carmen Lázaro defiende la creación de una red de mediación que extienda también su actuación a la escuela y la administración de justicia. Esta Cátedra forma, investiga, transfiere conocimiento y divulga, además de promover una cultura de paz y respeto. La Mediación Policial tiene un carácter pedagógico y preventivo, en opinión de Lázaro, y está al servicio del “rearme moral” que necesita la sociedad española.

• En Vila-real la mediación escolar es una realidad exitosa en casi todos sus centros educativos, al igual que la figura del ‘Agente tutor’ del Ayuntamiento de Alcobendas, en Madrid.
Agustina Sangüesa.- ¿Qué trabajo desempeña la Cátedra de Mediación Policial?

Carmen Lázaro.- La Cátedra de Mediación Policial de la Universitat Jaume I (UJI) se creó en abril de 2015 a instancias del Ayuntamiento de Vila-real. Y ha permitido ofrecer a la sociedad un binomio necesario en la gestión del interés público: la colaboración entre la Policía local, que gestiona “a pie de obra” la convivencia ciudadana y quienes estamos “al otro lado de la barrera”, con una experiencia empírica que contribuye a sistematizar conocimientos para investigar y hacer acciones formativas. En esta Cátedra trabajan especialistas de Derecho y Psicología, además de miembros de la Unidad de Mediación de la Policía Local de Vila-real. Con la observación de otros profesionales sobre la Mediación Policial, como docentes o gestores de servicios universitarios, se ofrece una “mirada del otro” que alimenta un proyecto común de paz social y seguridad pública. Los resultados han sido buenos hasta el momento y esperamos crear un diploma de Experto en Mediación Policial, en colaboración con el Instituto Valenciano de Seguridad Pública y Emergencias.

AS.- ¿Qué situaciones de riesgo se observan desde ese observatorio universitario y policial?

CL.- La Mediación Policial actúa ya en muchos ámbitos y situaciones de riesgo, como los conflictos vecinales, comunitarios y familiares. Es más, desde hace algún tiempo, la Mediación Policial no se circunscribe sólo el entorno extrajudicial, porque los jueces –con la anuencia del Ministerio Fiscal- le derivan asuntos que ya se encuentran judicializados, una práctica que se está cumpliendo con éxito. Por tanto, la Mediación Policial se configura como una forma realmente efectiva y eficaz de “provención”, no sólo de prevención o resolución de conflictos. El autor J.Burton (*) designa como “provención del conflicto el proceso de intervención antes de la crisis que conduce a una explicación adecuada de los conflictos, el reconocimiento de los cambios estructurales necesarios para eliminar sus causas y al fomento de actitudes y relaciones de colaboración necesarios para manejarlo sin violencia”. En ese sentido, la Policía Local es la primera instancia, en lo público, a la que normalmente acude la ciudadanía para la gestión, transformación y resolución de conflictos. Por eso, la pedagogía de la Mediación Policial proporciona una herramienta muy útil y potente para evitar la escalada del conflicto, sin gestionar su represión sino como verdaderos educadores para la paz, al tiempo que trata las causas que generan los conflictos, tanto desde un punto de vista esencialmente privado como desde la perspectiva del interés general. No podemos olvidar que la base de muchos conflictos está en la falta de equidad social, la escasa provisión de las necesidades básicas de las personas y en escalas de valores éticos y morales mal interpretadas.

AS.- ¿Por qué una Cátedra de Mediación Policial y no de Mediación Ciudadana o de Mediación para la Convivencia, por ejemplo?

CL.- Una Cátedra de Mediación Policial y no con otra denominación porque en el modelo de Mediación Policial el mediador es un policía con todas sus atribuciones. Los agentes de la autoridad son los servidores públicos en los que la combinación de autoridad y de potestad se encuentra en perfecto equilibrio. La función de los agentes de la autoridad encuentra una de sus manifestaciones más preclaras en la Mediación Policial. Se trata, en definitiva, de que la Policía sea vista con perspectiva de conjunto, esto es, no sólo desde su función represora o punitiva, sino desde otras funciones que tienen mucho que ver con la seguridad (sin esta la libertad y la democracia no es posible) de que la gestión del conflicto se aborda desde posiciones antagónicas y asertivas pero educadas, democráticas, de reconocimiento del contrario, nunca despóticas, fanáticas e intransigentes.

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AS.- ¿Esta Cátedra es una apuesta por la cultura de paz y de respeto al otro?
CL.- Sin duda, la Cátedra de Mediación Policial cuenta entre los principios que guían sus acciones de formación, investigación, transferencia de conocimiento y divulgación, los de procurar una cultura de paz y de respeto mutuo. Nadie discute que son dos principios esenciales, esto es, nadie cuestiona que la paz y el respeto son o deben ser principios básicos que informan la conducta humana. Es necesario dotar a la pedagogía para la paz, al la convivencia y el respeto de un valor tan esencial que los haga reales, efectivos y eficaces e intentar que lleguen a formar parte de ese necesario “rearme moral” que nuestra sociedad necesita. La Mediación Policial está al servicio de ese “rearme moral”, es pedagógica, es preventiva, se apoya en la autoridad y en la vocación de servicio público para “servir y proteger” no sólo “persiguiendo a los malos” sino gestionando, transformando y, en su caso, resolviendo conflictos.

AS.- ¿Qué método de ‘de formación se emplea?
CL.- Más que de métodos de “entrenamiento”, mejor hablar de acciones de formación, en las que la intervención de la Cátedra y de la Universidad Jaume I, es fundamental. Hasta ahora se han puesto en marcha cursos de formación avalados por el Centro de Estudios de Postgrado y Formación Continua de la UJI, en los últimos meses, en colaboración con el Instituto Valenciano de Seguridad Pública y Emergencias (IVASPE), cursos intensivos en Mediación Policial que se han desarrollado íntegramente en la EFOPOL (Escuela de Formación de la Policía Local de Vila-real), simposios, cursos de verano, etc, así como participación en la formación organizada por otras ciudades y municipios a requerimiento de los ayuntamientos que tienen interés en crear servicios de Mediación Policial en la Comunidad Valenciana y en el resto del país. Además, la Unidad de Mediación Policial de la Policía Local de Vila-real mantiene excelentes relaciones internacionales, a través del contacto con la Policía Nacional de Colombia y de Brasil; y en Europa mediante cursos de doctorado en la Università degli Studi di Torino.

AS.- ¿Es necesario implantar la mediación en centros educativos?
CL.- Sin duda. La mediación escolar debe implantarse en los centros educativos, ser una realidad, porque es ahí donde su virtud preventiva despliega plenos efectos. La escuela, en sentido clásico, es el lugar en el que la persona “comienza a ser” y adquiere aptitudes, actitudes, competencias, habilidades que van a definir su manera de relacionarse y de comportarse a lo largo de la vida. Los centros educativos son un elemento esencial en la conformación de la personalidad, en la transformación del menor en ciudadano cuando alcanza su mayoría de edad. En definitiva, el centro educativo es el lugar en el que se adquieren las herramientas cognoscitivas y éticas que conforman y rigen la vida de la persona en sus distintas fases. Y la mediación, como forma de gestión y transformación de los conflictos a través del diálogo, del reconocimiento y el respeto a los compañeros, fuera de contextos violentos, vejatorios, carentes de moralidad y que priman lo superficial. En Vila-real, por ejemplo, la mediación escolar es una realidad exitosa en casi todos sus centros educativos, al igual que la figura de Agente Tutor en ayuntamientos como el de Alcobendas, en Madrid.

AS.- ¿Cómo explica el alto grado de violencia en nuestra sociedad y, en particular, entre nuestros adolescentes y jóvenes?
CL.- El grado de violencia en nuestra sociedad y, en particular, entre nuestros adolescentes y jóvenes es inexplicable. Y aclaro esta afirmación. Hemos caído en la autocomplacencia, en la común aclamación de valores como la educación, la ética, el buen comportamiento, la inteligencia, la innovación, la competitividad, entre otros, sin darnos cuenta de que al mismo tiempo hemos vaciado esas palabras de contenido. Pongo un ejemplo, que dejo exento de cualquier connotación religiosa: “Adoramos a Dios y al diablo” al mismo tiempo y esa incongruencia proporciona resultados funestos. Estamos educando -los centros educativos y las familias- a unos jóvenes que consideramos muy maduros para tener “perfiles” activados en las redes sociales, la diversión descontrolada e incívica, y para ser “fans” de programas en los que el comportamiento humano requerido es el de la eterna confrontación y el ataque gratuito. Y, sin embargo, los chavales están poco preparados para otros aspectos, como el amor por el conocimiento, el respeto a lo diferente, la responsabilidad o la adquisición de valores.

AS.- ¿Qué debemos hacer frente al creciente fenómeno de la violencia?
CL.- Hacer frente a este fenómeno de violencia creciente es uno de los retos con el que nos vamos a enfrentar tanto desde lo privado como desde lo público. No somos ni hemos sido capaces de abordar las situaciones de violencia desde una perspectiva realista. Necesitamos construir una ciudadanía que sea capaz de gestionar los conflictos -innatos al ser humano- desde la educación, el civismo, el respeto y el diálogo.

AS.- ¿Qué medidas legales, sociales e institucionales, en definitiva políticas, deberían adoptarse para atender de forma correcta esta situación de conflicto?
CL.- En cuanto a la adopción de esas medidas, de nuevo, déjeme que no sea del todo neutral. Aunque lo que voy a decir no parezca propio de una jurista, no hacen falta más leyes, vamos más que sobrados con las que tenemos; lo que sí que es necesario es aplicarlas en atención a los principios que las informan (expresados magníficamente en exposiciones de motivos que normalmente no se leen de manera concienzuda). Y si alguna queda desfasada o no es eficiente, que se derogue o se reforme. No debemos vaciar de contenido los términos que forman parte de los principios generales del Derecho, que conforman los pilares del ordenamiento jurídico, de esa forma estaríamos pervirtiendo el significado de las normas que regulan nuestra convivencia. Por eso, no debemos echar la culpa en exclusiva a las leyes, a las medidas sociales y a las políticas de las instituciones, ya que la responsabilidad privada, la familia (adopte la forma que adopte, sea monoparental, homoparental,…), es esencial en la conformación de lo público. La gestión y la responsabilidad de lo privado en lo público -la sociedad civil organizada- es otro pilar esencial y, en verdad, el motor de las políticas públicas. Una muy buena acción de política pública podría ser la activación de servicios de Mediación Policial, para lograr que la red creciera más de lo que ya lo está haciendo, de forma que esta Mediación se integrara en el sistema de Administración de Justicia, siempre con policías excelentemente formados y con vocación de servicio público. Así, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado llegarán a ser todavía más eficientes en su quehacer como protectores y servidores para la conformación de ciudades y comunidades en paz y seguras.

J. Burton, Conflict: Resolution and Provention, Virginia, Center for Conflict Analysis and Resolution (George Mason University, The Macmillan Press).

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