Cacería de Sánchez y bautizo de Valls

 

España es una cacería mediática despiadada contra Pedro Sanchez y sus ministros. El cinegético espectáculo debe ser bien medido por PP y Ciudadanos -y los medios implicados en la batida- porque la opinión pública, aunque a ratos se divierta con el martirio, puede decretar inesperadamente que ya es demasiado y volverse contra los acosadores. Una buena parte de la derecha considera que el poder le corresponde por naturaleza y no soporta que la izquierda lo ocupe por más legal que sea el relevo; tanto la derecha española como la nacionalista. Recuerden a la señora Marta Ferrusola, esposa de Jordi Pujol, clamar, ante la llegada del gobierno tripartito a la Generalitat, porque “han ocupado nuestra casa”, como si fueran los dueños de las instituciones. En la redes sociales ya crecen los chistes de este orden: “Descubierto que un ministro actual participó en un viaje de fin de curso en el que de la caja común desaparecieron doscientas pesetas (menos de un euro y medio)”. Atentos al pitorreo.

Por Manuel Campo Vidal

Estimula la persecución desde la cárcel de un policía corrupto, Villarejo, que dirigía una mafia en el corazón del Estado sin que nadie la controlara: uso ilegal de medios, abuso de recursos policiales y datos custodiados para extorsionar. “No marcará eso la agenda del Gobierno”, ha advertido Sánchez desde Naciones Unidas en un viaje que irrita a la derecha porque lo proyecta internacionalmente.

Desde allí ha lanzado un mensaje a los nacionalistas catalanes: “Convocaré elecciones si no hay Presupuestos”. Pero el independentismo está partido y repartido. De un lado, Esquerra Republicana con Oriol Junqueras, que encabezará la lista europea, o al menos llevará ese debate a Europa; de otro, el desconcertado PDeCAT con unos queriendo refundar la Convergencia tradicional y otros a las órdenes de Puigdemont que no logra arrancar su partido.

 

“En medio de esa cacería para enterrar a Sánchez y en la preparación al parto del Eje Mediterráneo, se bautizó esta semana Manuel Valls como aspirante a la alcaldía de su Barcelona natal”

Entretanto pasó por Barcelona la esperanzadora marea del Eje Mediterráneo: un impulso de desarrollo desde Algeciras a la frontera francesa con autovías y tren de ancho europeo que es una enmienda positiva a la España radial. En la orilla mediterránea se concentra la mitad de la población española y el 45 por ciento del PIB. En la magna reunión del jueves pasado en Barcelona estuvieron los principales líderes empresariales (desde Roig de Mercadona a Oliu del Banco Sabadell), todas las patronales (Garamendi de Cepyme que presidirá la CEOE) y políticos como los presidentes de Valencia y de Murcia.

Todos menos Quim Torra y Ada Colau, como si Barcelona no estuviera en el Eje Mediterráneo. Él visitaba esa mañana un instituto de enseñanza media para hablar de su asignatura única, lo identitario; y ella tenía otras ocupaciones en la ciudad, reiterando su tradicional aversión a lo económico que ya acreditó con su rechazo inicial al Mobile Congres.

En medio de esa cacería para enterrar a Sánchez y en la preparación al parto del Eje Mediterráneo, se bautizó esta semana Manuel Valls como aspirante a la alcaldía de su Barcelona natal. Brama el independentismo contra él porque dificulta su proyecto de controlar la capital para desmentir el argumento de Tabarnia que sostiene que solo la sobrerepresentación de Lleida, Girona y Tarragona permite la victoria secesionista en el Parlament.

Llaman “fracasado en Francia” a un inmigrante catalán como Valls que fue alcalde de su ciudad en las afueras de París, diputado, ministro y dos años primer ministro. Se hundió su Partido Socialista sí, pero habría que preguntarle a Holande y a otros. Inquieta Valls también a la izquierda podemita que le niega su condición de barcelonés olvidando que Barcelona, con Colau y su marido, la gobierna Pisarello, argentino de Tucumán, sin que nadie se inmute.
A la deriva de esta operación quedan el PP catalán, cada vez más residual, y el desnortado PSC, que fue invitado a apoyar la lista de Valls, pero anda a la búsqueda de un candidato que le evite el mal trago de ganarse a pulso la irrelevancia. Menudo curso político cargado de incógnitas nos espera.