Por Manuel Campo Vidal

Todo ha sido muy acelerado. Hace solo un año, tal día como hoy, la vida en España discurría plácidamente para los que estaban bien y tan apurada como siempre para los condenados a estar mal por la desigualdad. Mariano Rajoy celebraba con los suyos que, por fin, se habían aprobado los Presupuestos Generales del Estado y Albert Rivera se deleitaba leyendo encuestas que casi lo proclamaban presidente (demoscópico) de España.

 

«Si existiera un “crispómetro”, para medir el mal ambiente inducido desde la política a la vida cotidiana, ya hubiera estallado varias veces»

 

Pero en cinco días, solo cinco, todo cambió. Apareció la sentencia de la trama corrupta Gürtel, se presentó la moción de censura, el PP decidió precipitarla para liquidarla cuanto antes y Pedro Sánchez, contra pronóstico, ocupó la presidencia del Gobierno. Desde aquellas fechas esto ha sido un sin vivir. Acusaciones de “okupa”, “amigo de los golpistas”, “cómplice de los terroristas” y lindezas similares; mientras, el PP organizaba un Congreso para aupar a la presidencia del partido a Pablo Casado, que pronunció una frase indeleble: “Al ganar yo, hemos ganado todos”.

La escabechina posterior del marianismo, el sorayismo, e incluso el cospedalismo que lo apoyó, fue feroz. Solo se salvó Dolors Montserrat que, por suerte para ella, fue desplazada a Europa y ha protagonizado una campaña activa pero sin descalificaciones, como era marca de la casa.

Si existiera un “crispómetro”, para medir el mal ambiente inducido desde la política a la vida cotidiana, ya hubiera estallado varias veces. La intensidad y amargura de las descalificaciones han recordado aquella frase de Alfonso Guerra, que consta en el libro de sesiones del Congreso, dirigida a un ministro de la UCD: “¿Cómo se puede decir eso sin sufrir mucho inten.namente? Así, “inten.namente”. La campaña acabó el viernes pero, a cuenta de la suspensión de los políticos catalanes presos por la Mesa del Congreso, o las declaraciones del presidente del Senado, Manuel Cruz, abogando por una sentencia absolutoria (después rectificó), se apuró hasta el último minuto con armas dialécticas cortas y lanzallamas.

Pero ya se pusieron las urnas el domingo 26. Ya tenemos, o vamos a tener en días o semanas, porque faltan los pactos, la nueva estampa de la política española para los próximos cuatro años; si no hay sorpresas. Si en su día estas mismas elecciones nos presentaron la emergencia de Podemos y Ciudadanos, estos comicios han consolidado la presencia de una fuerza de extrema derecha, Vox, cuya candidata a la Comunidad de Madrid, Rocío Monasterio, dice, sin perder la sonrisa, barbaridades tales como que “en las escuelas a los niños se les enseña a ser niñas y se hacen talleres de zoofilia”. Con todo eso habrá que convivir. como con el sentimiento independentista de media Cataluña, porque expresa la voluntad popular. Pero no hay más elecciones a la vista, salvo las catalanas. Así que serenidad, por favor. Felicidades a los ganadores y resignación a los perdedores. No hay tercera vuelta. Por suerte.